La neuroeducación se ha convertido en una de las ramas más importantes de las neurociencias. Y dentro de la neuroeducación, uno de los temas más atractivos es la confirmación de la plasticidad del cerebro humano. A diferencia de quienes piensan que el cerebro tiene “superpoderes” naturales con los que ir modelando la cultura, cada vez hay más investigadores que conceden un papel importante al tipo de cultura en el que se moldea, modula y configura el cerebro humano. En este sentido, las nuevas tecnologías digitales no son simples herramientas o utensilios al servicio de un cerebro previamente configurado antes de la era digital.

Cuando hablamos de la era digital no sólo hablamos de un conjunto de herramientas relacionadas con la sociedad del conocimiento como son los Smartphone, las pantallas digitales, las redes, los satélites o cualquier otro artefacto tecnológico. Cuando hablamos de era digital también hablamos de un nuevo cerebro o, mejor dicho, de una nueva figura que adopta el cerebro humano cuando interactúa e interacciona con nuevos elementos.

Quienes sigan habitualmente las páginas de Tendencias 21 habrán descubierto algunas noticias relevantes relacionadas con la transformación cerebral que está generando la era digital. Hace algunas semanas se hacían eco de investigaciones experimentales que demostraban cómo el uso habitual de Smartphone y de las pantallas táctiles para navegar o enviar mensajes modificaba el cerebro humano. Estas investigaciones señalan que el desarrollo de la sensibilidad táctil y la capacidad para la multitarea que facilitan estos artefactos afecta directamente a nuestro cerebro.

Cuando nuestros hijos, e incluso alguno de nuestros colegas, muestran habilidades envidiables en el uso del pulgar, índice y resto de los dedos para enviar mensajes o gestionar pantallas, están conformando y configurando un tipo de cerebro nuevo. La electroencefalografía ha mostrado la estrecha relación entre nuevas actividades cerebrales y nuevas huellas digitales. La era digital está abriendo nuevas posibilidades al cerebro humano y, por tanto, el arte, la habilidad e incluso la genial destreza con la que alguno de nuestros hijos o amigos manejan estos artefactos tiene que ser considerada como una oportunidad cultural nueva. Las investigaciones muestran que existe una actividad eléctrica cerebral mejorada en los usuarios de estos artefactos que llaman Smartphone o teléfonos inteligentes. Incluso se habla de una nueva sensibilidad digital relacionada con la capacidad que tiene el dedo pulgar para el envío de los mensajes y el dedo índice para el uso de pantallas multitarea.

Un dato relevante de estas investigaciones está relacionado con la edad. Las nuevas generaciones que ya han crecido con Internet no sólo tienen mayor sensibilidad digital sino mayor capacidad para adaptarse a lo que llaman entornos de multitarea. Los voluntarios de 12 a 18 años que participaron en las investigaciones aparecen como personajes con superpoderes cerebrales para integrarse en la cultura digital, pueden navegar por más pantallas en menos tiempo, gestionar más programas o enviar más mensajes con mayor celeridad.

Sin embargo, las investigaciones también muestran que este cerebro superpoderoso que se está configurando es un cerebro con menor capacidad de concentración, con menor capacidad para la lectura y escritura sosegada de textos largos. Esto debe tener tres consideraciones éticas importantes para nuestra práctica pedagógica diaria. En primer lugar, la moderación de nuestro entusiasmo digital y la seducción que nos provocan los artefactos digitales para incrementar nuestra inteligencia superpoderosa. En segundo lugar, la prudencia para no tirar por la borda habilidades educativas relacionadas con la concentración, la atención, capacidad para escribir bien o incluso cuidar lo que mis amigos de Cuadernos Rubio llaman la buena caligrafía. El cálculo, la atención, la concentración, la admiración o simplemente la caligrafía no son rancios valores de tiempos antediluvianos sino capacidades cerebrales pendientes de incentivar y, a su vez, configuradoras de toda novedad cultural. En tercer lugar, cierto entusiasmo crítico para afrontar los procesos de educación innovadora que están emergiendo en la era digital. Solo así podremos pensar de nuevo unos superpoderes cerebrales con los que llegar hasta el Infinito…¡y más allá!

Más información:

Educación y Redes sociales. La autoridad de educar en la era digital. Encuentro, Madrid 2013.

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