Suicidios en la red

Suicidio
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“En resumen, así como el suicidio no procede de las dificultades que el hombre puede encontrar en la vida, el medio de detener sus progresos no consiste en hacer la lucha menos ruda y la existencia más fácil. Si la gente se mata hoy más que en otro tiempo, no es porque precisemos, para mantenernos, de esfuerzos más dolorosos ni porque nuestras sociedades legítimas estén menos satisfechas; pero es que no sabemos ya donde se detienen las necesidades legítimas y no percibimos el sentido de nuestros esfuerzos”.
Emile Durkheim, El suicidio.

En 1897, cuando Emile Durkheim publicó su célebre obra, “El suicidio. Estudio de sociología” obviamente, no existía internet y mucho menos las redes sociales. No obstante, hemos querido introducir con esta cita porque el autor, considerado uno de los padres de la sociología científica, nos aportó entre otros, dos conceptos básicos que queremos establecer como punto de partida: el suicidio es un hecho social y el suicidio no obedece a que hoy vivamos mejor o peor que antes.

Bien es cierto que, la psicología y la psiquiatría se ocupan de estudiar el suicidio y, han aportado mucho al conocimiento que tenemos del problema, pero es a partir de Durkheim que se deja de considerar al suicidio como una mera afección individual y comienza a estudiarse como un fenómeno social que encuentra en algunas personas a sus víctimas.

El suicidio no es un problema de salud mental (al menos exclusivamente) y tampoco es un problema de sociedades poco desarrolladas, tal que, en los países donde más se presenta no son ni los menos desarrollados ni los que tienen peor sistema sanitario.

Sentados estos supuestos, queremos echar un vistazo al papel que está jugando internet en el mundo del suicidio, concretamente: como escenario, como medio de comunicación y como herramienta de ayuda.

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La red como escenario

Tal vez, el primer suicidio vinculado a internet haya sido el de Carmen Hermosillo, una activista de comunidades virtuales que publicó en 1994 un manifiesto llamado “Pandora’s Vox: On Community in Cyberspace” en el que manifestó su gran decepción por el ciberespacio con afirmaciones premonitorias como esta: “La llamada comunidad electrónica puede ser vista como una suerte de micro-mercadeo de lo social a una élite selecta. Esto niega la posibilidad de las relaciones humanas, de las cuales proceden una comunidad auténtica” (traducción propia).

En 2008, Carmen Hermosillo, dio de baja sus múltiples identidades en la red y dejó de tomar la medicación que le mantenía con vida, por lo que ha sido señalado como un suicidio pasivo pese a que no se realizó autopsia.

La evolución tecnológica ha hecho posible que todos podamos emitir en directo, y esto ha hecho viable que tanto en Youtube como en Facebook Live decenas de personas hayan transmitido, bien sea unas palabras de despedida o incluso el acto suicida en sí.

Como un acto, para muchos incomprensible, algunas personas han decidido publicitar el momento en que se quitan la vida. Tal vez los casos más conocidos sean: el de una youtuber de 12 años que se ahorcó en directo, el de una niña que se quitó la vida mientras su madre la veía al otro lado de la red en Facebook Live y la insultaba pensando que fingía; y el de otro youtuber que delante de la cámara se dejó morder por una serpiente venenosa.

Para que esto haya sido posible tienen que haber concurrido dos circunstancias: que haya audiencia (público objetivo a convocar y disposición de éste a visionar) y, anuencia o imposibilidad del público y del medio que lo transmite a frustrarlo.

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Deja mucho que desear que plataformas como Facebook, capaz de ofrecernos dinámicamente tiendas y restaurantes  próximos, en la medida que nuestro autobús hace su recorrido; no pueda detectar y notificar a las autoridades emisiones que han durado hasta más de una hora.

La red como medio de comunicación

No solo se difunden suicidios en directo también se emiten en diferido. Posiblemente, el caso más escandaloso haya sido el del famoso youtuber Logan Paul, quien visitó el bosque de Aokigahara, particularmente conocido por la cantidad de suicidios que allí tienen lugar. Este célebre de Youtube con más de 15 millones de seguidores y similar cantidad de dólares en la cartera, grabó y difundió la imagen del cadáver de un joven de 21 años colgado de un árbol que se acaba de suicidar, mientras reía y hacía chistes ante las cámaras ataviado con un gorro de Pikachu.

Logan Paul
La Vanguardia

Tras el escándalo, en su defensa argumentó que había difuminado el rostro, que había desmonetarizado el vídeo y que estaba arrepentido.  Muchos fans, se sintieron decepcionados y dejaron de seguirle; y tras una leve caída, en la actualidad ostenta casi un millón más de seguidores que antes del incidente.

Algunos van más allá, y ven complicidad del medio difusor; así lo declaró a Wired, la profesora de la UCLA, Sarah T. Roberts: “Por supuesto, YouTube es absolutamente cómplice en este tipo de cosas, en el sentido de que todo su modelo económico, todo su modelo para la creación de ingresos se crea fundamentalmente en personas como Logan Paul“.

Como medio, también la red es el sitio de encuentro entre aquellos que buscan en el suicidio una salida, así como aquellos que organizan suicidios colectivos o juegos como La ballena azul.

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Surge entonces, el tradicional debate sobra la libertad de expresión ¿deberían los proveedores de internet y las redes sociales bloquear preventivamente todo lo que pueda difundir, promover o facilitar el suicidio? ¿Incluso, siendo una red global que trasciende a países en los que no está penado quitarse la vida? No tenemos la respuesta, pero sabemos un dato clave: lo que sí bloquearán, cortarán y retirarán es todo aquello que no mueva dinero; y el dinero lo generamos los espectadores con nuestros clics.

La red ayuda

También, la red tiene su cara noble, sirve de ayuda a miles de personas desesperadas que recurren a internet en el momento aciago. Entre otros, podemos señalar el caso de una chica que comunicó a un community manager de la Guardia Civil que tenía pensado suicidarse y éste logró mantenerla en línea y persuadirla hasta que recibiera ayuda local.

Además, provee infinidad de páginas, grupos de discusión, foros y teléfonos de asistencia para que aquellas personas que están considerando la idea del suicidio encuentren ayuda acorde a sus necesidades y preferencias.

Por último, el Big Data y el Machine Learning, tienen mucho más que aportar. Con todos los datos que los gigantes del GAFA tienen sobre nosotros, basta con ampliar el espectro de la investigación hacia fines distintos a los comerciales como para poder ofrecer un valioso servicio de prevención y detección de potenciales suicidas. Tal es el caso del proyecto Hikari, una herramienta al servicio de los médicos que tras analizar una ingente cantidad de datos contribuye a la identificación de posibles suicidas con 85% de éxito.

Teléfono de la esperanza (España): 717 003 717

Teléfono contra el suicidio (España): 910 380 600

Decide Vivir (México): 911

Centro de Asistencia al Suicida (Buenos Aires): 135 / (011) 5275-1135

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