Suicidios de empresa

Un fenómeno emergente: suicidios de empresa. Cada 32 horas alguien en Estados Unidos se suicida en su puesto de trabajo y el fenómeno no ha dejado de aumentar desde el pasado siglo. La Gran Desvinculación ha provocado una desconexión masiva entre corporaciones, empleados y consumidores; desconexión entre los mismos trabajadores y desconexiones también en el propio interior de cada profesional con el sentido de lo que hace.

Esa desconexión laboral y vital es resultado de un modelo de economía, de un patrón de organización empresarial y de políticas laborales específicas guiadas únicamente por la elevación de los beneficios. Su peor expresión se hace visible en el siglo XXI a través de los casos de suicidios de empresa.

Estudios en Estados Unidos, Australia, Francia, Japón, China, India o Taiwán muestran que hay un continuo aumento del número de suicidios en los lugares de trabajo, vinculado al deterioro de las condiciones laborales, la presión para trabajar más horas extraordinarias y el incremento de las posibilidades de perder el empleo.

Un informe de 2017 de la prestigiosa ONG Samaritans -especializada en  escucha y asesoramiento a personas en riesgo- se dedicó a esta cuestión del suicidio laboral y fue titulado con un expresivo mensaje: “Muriendo de desigualdad”.  Basado en una amplia experiencia de escuchas a trabajadores en dificultades, “Dying from Inequality” señala que las causas que más inciden en el suicidio laboral son la inseguridad en el empleo, las políticas de reducción de plantilla y los trabajos en los que se exige disponibilidad ilimitada de tiempo. Los profesores Sarah Waters y Jenny Chan, en un estudio de 2016, vinculan el aumento de los suicidios laborales a la precarización global del trabajo.

Es factible que el acoso institucional produzca esas decisiones extremas. Una encuesta del Workplace Bullying Institute realizada en 2012 muestra que el acoso en el puesto de trabajo produce graves riesgos de suicidio. El 29% de quienes sufren acoso sistemático en su empleo piensan en el suicidio y el 16% incluso idean el modo de llevarlo a cabo. El 80% de ellos sufren ansiedad, el 52% padecen ataques de pánico, el 77% desórdenes del sueño, el 59% hipertensión y el 49% distintos niveles de depresión.

Según el US Bureau of Labor Statistics (BLS), desde 1992 ha habido un significativo aumento de los suicidios cometidos en los lugares de trabajo. Dejan fuera otros suicidios provocados por la presión laboral pero que no hayan sido cometidos en el puesto de trabajo. En 1992 hubo en Estados Unidos 205 casos y en 2013 ya había subido a 282. El año de menor incidencia fue 2005, cuando hubo 180 suicidios.

La Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP) critica que el fenómeno haya permanecido escondido y solamente de forma reciente se le esté prestando atención. Las estadísticas al respecto en Estados Unidos comenzaron en fecha tan tardía como 1992.

Aunque los autónomos y obreros sufren un mayor riesgo de suicidio laboral, pero, paradójicamente, el impacto del suicidio de empresa se sextuplica entre los ejecutivos que diseñan esas políticas de personal y los asesores financieros.

Algunos casos han tenido tal repercusión mediática que han visibilizado el fenómeno y han concienciado a la opinión pública de que la neoliberalización laboral causa suicidios. El episodio más conocido es el que afectó a France Télécom –reconvertida en 2013 en Orange-pero hay otros. En 2012 fueron procesados los primeros acusados y en 2014 los jueces extendieron la acusación a un grupo más amplio.

Según la larga investigación de la Fiscalía, “la empresa implantó un sistema para desestabilizar a sus empleados” y crear “un clima de ansiedad profesional”. Para la Fiscalía ha quedado documentada una política agresiva de hostigamiento laboral. Se puede comprobar en declaraciones del expresidente que afirmaban, “haré los despidos de una forma u otra: saldrán por la ventana o por la puerta”. Lamentablemente esa referencia a puertas o ventanas resultó ser literal cuando empleados decidieron cometer suicidio arrojándose al vacío desde las ventanas.

Pero hay situaciones que tienen todavía amayor impacto en número de suicidios. Un caso se encuentra en China, en la empresa Foxconn, que es, con 1,3 millones de empleados, la tercera compañía con más empleados del mundo (tras Wallmart y McDonald’s) y la mayor proveedora de multinacionales emblemáticas como Apple, Dell o Nintendo. Registró en 2010 y 2011 una serie de 18 intentos de suicidios de trabajadores y 14 muertes confirmadas, todos menores de 30 años. Casi todos se arrojaron al vacío desde lo alto de los edificios.

En el libro de 2017 The One Device: The secret history of the iPhone, Brian Merchant, apunta que las notas de suicidio y los testimonios de los supervivientes señalaban como causas el inmenso estrés, las largas jornadas de trabajo y la humillación a que eran sometidos por sus jefes. La respuesta de Foxconn fue instalar grandes redes en las fachadas de los edificios para impedir las muertes y se obligó a los trabajadores a firmar documentos en los que se comprometían a no suicidarse.

Otro caso se refiere a Dentsu, la mayor empresa japonesa de la publicidad. Su CEO, Tadashi Ishii, dimitió después de que las autoridades vincularan el suicidio de una joven empleada a su política de personal. La joven  Matsuri Takahashi se quitó la vida el día de Navidad de 2015. El mes anterior a su muerte había sido coaccionada para trabajar 80 horas semanales y había añadido un total de 105 horas extraordinarias. El Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar nipón dictaminó que el suicidio había sido resultado de la presión laboral que la empresa había ejercido sobre Matsuri. Puesto en manos de los tribunales, el CEO de la multinacional decidió renunciar a su cargo.

El suicidio laboral expresa el extremo contrario al compromiso en el trabajo. El compromiso en el trabajo se define por la entrega a una labor, la conexión con la empresa, la profesión, el servicio y los demás. Cuando se corrompe la conexión por aislamiento o por el utilitarismo cínico, entonces se produce un desacoplamiento que desconecta al trabajador de la empresa, de los demás y hasta de sí mismo. Un sistema que está reformateando las relaciones con un paradigma utilitarista hace entrar en riesgo a todos sus trabajadores y sus familias.

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