¿Sueños o Propósitos? Preguntas

DEMASIADAS PREGUNTAS Dibujo: Jorge Álvaro González @lineograma

Preguntarnos para que los propósitos no sean meros sueños

“Eran las nueve de la mañana y Juan seguía completamente dormido. El sol estaba en todo lo alto, los pájaros gorjeaban en las ramas y el desayuno de Juan se estaba enfriando. De manera que su mujer le despertó. Juan se espabiló furiosamente: «

-¿Por qué me despiertas precisamente ahora? –gritó-. ¿No podías haber aguardado un poco más?

-El sol está en todo lo alto –replicó su mujer-. Los pájaros gorjean en las ramas y tu desayuno se está enfriando.

-¡Qué mujer más estúpida! –dijo Juan-. ¡El desayuno es una bagatela, comparado con el contrato por un millón de euros que estaba a punto de firmar!

De modo que se dio la vuelta y se arrebujó entre las sábanas durante un largo rato, intentando recobrar el sueño y el contrato que su mujer había hecho añicos. Ahora bien, sucedía que Juan pretendía realizar una estafa en aquel contrato, y la otra parte contratante era un corrupto político. Si, al recobrar el sueño, Juan renuncia a su estafa, será un ciudadano ejemplar. Si se esfuerza denodadamente por liberar a la gente de la corrupción, será un reformador. Si, en medio de su sueño, de pronto cae en la cuenta de que está soñando, se convertirá en un hombre despierto.” (El canto del Pájaro, Anthony de Mello)

¿De qué nos vale ser héroes o tener montones de propósitos, si estamos dormidos?

Son días estos de buenos, nuevos y renovados propósitos, nuevas aspiraciones para este año que ahora comienza. Días de ilusiones alimentadas por un exceso de calorías al calor de la familia y los seres queridos. Pero, ¿qué hacer para que esos propósitos no se queden en meros sueños? Lo primero, preguntarnos: ¿qué puedo hacer?

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Cuenta la autobiografía de San Ignacio que, regresando de su peregrinación a Palestina, su equipaje consistía en un sola pregunta esencial: “¿quid agendum?”, ¿qué hacer?. En esta realidad que vivimos de ideas preconcebidas y soluciones predeterminadas, necesitamos más preguntas y seguramente menos respuestas. Necesitamos preguntas que nos ayuden, que me ayuden a entender qué es lo que creo ver, qué es lo que quiero hacer y cómo catar lo soñado, no solo adormecerme y seguir soñando.

¿Qué hacer? Llevo años, muchos, preparándome para poder responder mejor, creo que no tantos para poder preguntar mejor. A veces, el ansia en responder es tanta, que ni escucho la pregunta. Muchas veces respondo, incluso cuando no la hay. Necesito dar espacio a la pregunta.

Una buena pregunta no se detiene en una respuesta, sino que lleva a otra pregunta y produce una cadena que nos permite nutrir nuestra curiosidad y exigencia.

Si el mundo cartesiano conoce la duda como método, la pregunta suele ser el barco en un mar de dudas. Para ello, tenemos que comenzar buscando preguntas relacionadas con nuestro entorno pero valientes con nuestras limitaciones. Y “cultivarlas” para que nos acerquen a nuestros propósitos y al mundo que los define de manera eficiente.

Hace unos días escribía sobre la importancia de utilizar preguntas reiteradas para entender los problemas y trabajar en posibles soluciones. De igual forma, nuestra pregunta debe ser reiterada, constante y diaria: ¿qué más puedo hacer?

A San Ignacio de Loyola le gustaba usar la palabra “magis”, significa más en latín. Un más que no es un simple más, sino un “ir a más”. Supone no acomodarse en lo ya conocido o conseguido y no limitarse por las frustraciones pasadas, sino buscar vivir con intensidad y dar el máximo de uno mismo.

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El autor Chris Lowney identifica el “magis” como la cualidad necesaria en nuestro desarrollo, “liderazgo”, personal para progresar y mejorar. Es el instinto de buscar algo más en cada oportunidad y la confianza en poder encontrarlo.

En estos días de listas renovadas de retos, el “magis” es necesario porque cualquier cambio nos cuesta, ya sea por miedo, pereza o comodidad. Pero no son imposibles. Podemos empezar por preguntarnos humildemente y con actitud positiva que podemos hacer para contribuir a nuestros propósitos. Unas veces será lo mismo, pero diferente en la forma. En otras ocasiones, será algo nuevo. No tengamos miedo en intentarlo. Y no tengamos miedo en buscar ayuda para que nos ayuden a intentarlo.

No siempre lo haremos bien. Más bien al contrario. El éxito en nuestros propósitos depende de demasiadas cosas, pero la actitud para conseguirlo depende de un corazón valiente y una dieta de preguntas constante y equilibrada: ¿qué más puedo hacer?

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