Suelo de cristal, meritocracia y mis polainas

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Me contaba un amigo que su nuevo compañero de trabajo lo trae por la calle de la amargura. El nuevo fichaje había suspendido todas las asignaturas de la carrera que estaba cursando. Sus padres, desesperados, lo habían colocado en la empresa de uno de sus amigos, en un puesto de trabajo que hasta hacía poco había ocupado una persona con la licenciatura ya acabada. Para que espabilara. Mi amigo ha tenido que asumir, además de su trabajo, parte importante del de su nuevo compañero, que no sabe muy bien ni como ha llegado ahí. Me decía que si él hubiera suspendido todo, no habría acabado de año sabático en un copetudo despacho. Después de un castigo de proporciones bíblicas y con algo de suerte, lo habrían colocado como aprendiz sin sueldo en el taller mecánico de su barrio.

Esta diferencia es lo que llamamos suelo de cristal, un bonito concepto sociológico que describe una serie de mecanismos que impiden que los descendientes de las clases altas caigan por el barranco, aunque se empeñen en resbalar. Las consecuencias de sus errores son amortizadas por los recursos económicos y sociales de sus padres –y sus abuelos-, y evitan que acaben en la parte baja de la escala económica.

¿Qué consecuencias tiene esto? Pues según este estudio –o este, o este– los hijos e hijas de familias de altos ingresos que muestran signos de baja capacidad académica a la edad de 5 años, tienen un 35% más de probabilidades de tener altos ingresos cuando sean adultos que los niños de familias más pobres, que muestran signos tempranos de alta capacidad. Aunque creamos que los logros que obtenemos en la vida se deben a nuestro esfuerzo y talento, lo que la evidencia viene a mostrar es que el nivel de ingresos depende, en un alto porcentaje, del lugar geográfico, y al origen social de la familia donde nacemos. Las oportunidades que tienen los niños que ahora están en las escuelas depende más de quienes sean sus progenitores que de lo mucho o poco que se esfuercen en aprender. Como dice Borja Barragué, para predecir los ingresos de alguien en la vida adulta es más efectivo mirar la agenda de teléfonos de sus padres que su libreta de calificaciones ¿Meritocracia? ¡Mis polainas!

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Para algunos el problema del suelo de cristal es que en la parte de arriba de nuestra escala económica están instaladas algunas personas sin suficiente talento, ocupando el lugar de otros más talentosos, pero más pobres. A mí esto no me quita el sueño, la verdad. Ojalá todos contáramos con los recursos adecuados para apoyar a nuestros hijos en los peores momentos de su vida. Lo que sí me preocupa es el suelo pegajoso con el que tienen que pelear las personas con bajos niveles de ingresos, para quienes una dificultad se puede convertir en un obstáculo insalvable que va a afectar su calidad de vida de manera irresoluble. La misma dificultad, para alguien con recursos, puede ser sólo una mala etapa, una factura que puede pagar. Para alguien pobre, significa hipotecar su vida.

Los ejemplos que hemos visto se relacionan con la educación y los ingresos, pero el suelo de cristal opera también en otros ámbitos de la vida. Las consecuencias con las que tendrá que lidiar una persona en situación de pobreza que se enfrenta a una depresión son innumerables, y sus recursos, escasos. Esa misma situación para alguien de clase alta, si bien dura y difícil, puede manejarse mejor: podrá buscar y elegir un terapeuta con el que se pueda conectar, acudir a un psiquiatra las veces que haga falta para ajustar la medicación, seguir el tratamiento durante el tiempo que sea necesario. Una persona con recursos económicos suficientes se enfrenta a una depresión. Una persona pobre se enfrenta a la depresión y a todo lo demás: falta de acceso a una atención médica adecuada, falta de recursos de ayuda para sumir tareas domésticas, etc. Esto lo explicaron con descarnada claridad los participantes del último –y excelente- programa Salvados, #1decada5, el que recomiendo encarecidamente ver.

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Entonces ¿Si no tenemos padres ricos estamos condenados? Pues se supone que el Estado de bienestar debería desactivar esa diferencia de oportunidades para quienes vienen de un hogar pobre, debería ser el suelo de cristal para todos. Para eso, sin embargo, nos queda mucho por avanzar en políticas de salud y en especial de salud mental, en atención de la infancia, en atención a la dependencia, en equidad de la educación y el desarrollo de un sistema de becas y ayudas orientadas a estudiantes desfavorecidos, en una política fuerte de garantía de rentas, en prestaciones por hijo a cargo. Son éstas políticas que redistribuyen rentas y oportunidades, independientemente del origen social de los padres, y que aseguran un suelo de cristal compartido, que no deje a nadie atrás.

4 Comentarios

  1. Emilio, muchas gracias por tu comentario… es inquietante, ciertamente.

  2. Hola Roberto! Muchas gracias por tu comentario. En uno de los links que hay en el post hablan del problema del suelo de cristal: personas sin talento, o con menos talento, acaban en posiciones de poder, en las que pueden tomar decisiones de enorme trascendencia, sin tener la suficiente capacidad para comprender su verdadero alcance o para asumir las consecuencias… ¿suena familiar, verdad? En la crisis de Lehmann Brothers se hablo mucho de este tema. De hecho, aunque estas personas salgan de unversidades públicas, podrán tener recursos para superar las dificultades académicas -profesores particulares, o simplemente tardar todo lo que haga falta para aprobar todas las asignaturas- y van a escalar posiciones de poder con mucha mayor velocidad gracias a contactos. Empiezan en un lugar mejor, y suben con mucha ayuda…

    Aunque insisto, a mi me preocupan más los que tienen una posición de tal fragilidad, que cualquier desnivel en el terreno les significa una caída difícil de remontar…

  3. Excelente artículo.
    Muchas veces he pensado que algunas universidades privadas sirven para “facilitar” el título universitario, a todo aquel que tenga dinero para pagarlo, aunque no tenga talento para conseguirlo.
    Lo que me preocupa es cuando esas personas mediocres, con su título universitario “facilitado” y acostumbradas a unos ingresos económico altos desde la cuna, se meten a “trabajar” en un partido político

  4. Fantástico post, Gaby. Me parece que la reflexión que planteas es muy interesante/inquietante

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