Stefan Zweig: Adiós a Europa

La película Stefan Zweig: adiós a Europa, indaga en la memoria reciente de Europa. Coincide con otras ficciones que nos permiten, gracias  al equilibrio entre historia y biografía, conocer y desenterrar el pasado.

Parece que es un género muy actual. Pero no todos lo consiguen. En la cartelera se puede ver Cezanne y yo, por ejemplo, que cuenta la amistad entre dos importantes autores: Cezanne y Zola, que se conocen en la infancia y coinciden más tarde en momentos importantes de sus vidas. Pero no consigue indicar datos de una época muy importante para Europa: la caída del imperio, la república; los movimientos en el arte quedan esbozados sin descubrir algo nuevo. O la de hace unos años: Hannah Arendt, una película biográfica, sobre un periodo de la vida de la filósofa y su relación con Israel, que es mas bien una obra de tesis en la que se pretende explicar, denunciar, exponer elementos de la obra de la filósofa sin que, en mi opinión, se consiga. En todo momento tenía la sensación de ser espectadora de una especie de docudrama bien elaborado pero demasiado dirigido.

Frente a estas recientes obras, la de Stefan Zweig, uno de los autores más  importantes del siglo XX, que como judío se vio obligado a huir de su país debido al régimen nazi y que en su huida se refugió en París primero y, más tarde, en Londres, es una obra de arte.  Zweig acabó huyendo de Europa junto a su esposa a Sudamérica, instalándose finalmente en Brasil, donde acabará suicidándose en 1942.

La construcción dramática permite respirar la opresión que vive el personaje, son evocadores los silencios, la elección de las escenas (se construye mediante fragmentos del viaje), nos va conduciendo por el paisaje interior que vemos reflejado en su rostro. El magnifico trabajo del actor protagonista permite entrar en la terrible soledad existencial a la que se ven de repente conducidos los europeos que huían del nazismo, primero la imposibilidad de comprender, la necesidad de hacerlo, de encontrar justificaciones; luego la evidencia, el dolor, finalmente el descubrimiento de lo que les sucedió a quienes se quedaron. Se señala el problema de los refugiados que necesitan ayuda, la obligación de darla, la imposibilidad de cumplir con el gran número de exiliados en busca de socorro. Se perfila su historia amorosa, sin frivolizar, señalando lo simbólico; si bien para el gran critico dw El País Carlos Boyero:

“Están notables y creíbles los intérpretes (…) muy bien captados los ambientes (…) pero me resulta difícil implicarme hasta el tuétano en una historia que habla de la deprimida cotidianeidad de este hombre ejemplar” 

En mi caso si me implico hasta el tuétano, empatizo con esta historia que es la historia de un judío que por serlo debe huir de su país como si nunca lo hubiera sido. Entiendo su muerte como el suicido no de un hombre sino el de toda Europa, porque esa que él conoció y de la que nos creemos herederos, tal vez sea ahora sólo un fantasmal reflejo. Aún no se ha podido comprender lo que supuso esa irrupción de la mayor crueldad cometida por el hombre. Aún no hemos aprendido aunque nos estemos enfrentando a nuevas y terribles formas de violencia. Tal vez desde la reflexión estaríamos mejor preparados para dar respuestas a los acontecimientos que se nos presentan.

La escena final, un movimiento pendular del espejo de la habitación que refleja los suicidas y a quienes los descubren, es todo un símbolo de ese reflejo que es finalmente el escritor de su tiempo.

Guión

Maria Schrader, Jan Schomburg

Reparto

Tómas Lemarquis, Barbara Sukowa, Nicolau Breyner, Charly Hübner, Lenn Kudrjawizki, Ivan Shvedoff, Josef Hader, Harvey Friedman, Nahuel Pérez Biscayart, André Szymanski, Matthias Brandt, Nathalie Lucia Hahnen, Oscar Ortega Sánchez, Vincent Nemeth, João Cabral, Márcia Breia

Compartir

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here