La sororidad será global o no será

La sororidad entre mujeres, entre feminismos y feministas debe ser global. Ese es el quid de la revolución digital y de su generación conectada. Si tocan a cualquier mujer del mundo, nos tocan a todas. Han tocado a las feministas chinas y debemos reaccionar todas.

Como ya he dicho hace tiempo en este blog, no es fácil ser feminista en la era digital, especialmente por el hostigamiento cargado de amenazas y violencias que sufrimos las activistas feministas. Pero, como siempre en la vida, todo puede ser más complicado que lo que una vive, y si no que se lo digan a nuestras compañeras feministas chinas, que tienen que lidiar además con una censura institucional que bloquea en las calles y en las redes la expansión del movimiento feminista y de los derechos de las mujeres en el país asiático.

Si bien es cierto que las autoridades chinas empiezan a reconocer tímidamente que las violencias sexuales son un problema en el país, en la práctica cualquier protesta ciudadana se percibe como un desafío a la autoridad que hay que perseguir. Y el movimiento feminista no es inmune a esta actitud dictatorial. En 2015, en el marco del día de la mujer, 10 feministas fueron arrestadas en Beijing por intentar entregar unas pegatinas para denunciar el acoso sexual. 5 de ellas fueron liberadas en poco tiempo, pero otras cinco estuvieron encarceladas 5 semanas e incluso se las llegó a acusar de ser espías.

Pero si hay un lugar donde la censura china campa a sus anchas, es en el mundo digital. El pasado 8 de marzo, cuando el Día Internacional de la Mujer estaba llegando a su fin, el twitter chino Sina Weibo cerraba la cuenta de ‘Feminist Voices’ (Voces feministas). Sus 180.000 seguidorxs se quedaban sin la información y el activismo de uno de los perfiles más influyentes en el Social Media chino. Horas más tarde era WeChat, el whatsapp chino que cuenta con más de 1.000 millones de usuarixs, el que cerraba la cuenta pública que tenía el grupo en la aplicación.

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Oficialmente, las razones detrás de los cierres se basaban en la existencia de “irregularidades”. Pero todas sabemos que las autoridades chinas estaban intentando silenciar las voces de un movimiento feminista que no para de crecer en China gracias a la explosión del Social Media, fundamentalmente en las áreas urbanas y en el ámbito universitario.

Esta no era la primera vez que se cerraba la cuenta de ‘Feminist Voices’ en Weibo. El año pasado estuvo 30 días bloqueada por haber hablado de las acciones programadas para el paro de mujeres en Estados Unidos.

La censura digital también llevó a Weibo a bloquear el hashtag #MeToo para poner freno al movimiento contra las violencias sexuales en China. Pero las feministas chinas encontraron una forma de evitarlo. Comenzaron a usar el hashtag #RiceBunny junto con los emoticonos de un tazón de arroz y una cara de conejo; palabras que fonéticamente suenan “mi tu”.

Ser activista feminista en China se considera algo subversivo y solo apto para mujeres muy valientes. Pero como dice la socióloga Leta Hong-Fincher, autora de ‘Betraying Big Brother: The Rise of China’s Feminist Resistance’ (Traicionando a Gran Hermano: El surgimiento de la resistencia feminista de China), El gobierno chino no puede aniquilar el movimiento de mujeres en esta era de conectividad global. Más allá de porque es imparable, porque las feministas de todo el mundo somos sororas y estamos conectadas. Porque la sororidad será global o no será.

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