“Somos rohingyas de Birmania”. (Una historia en cuatro viñetas)

“Queremos ir a Malasia”, gritó uno de los inmigrantes, rodeado de decenas de mujeres y niños. Famélicos y en llanto, cientos de inmigrantes suplicaban ayuda desde un barco a la deriva entre la isla malasia de Langkawi y el parque nacional Tarutao, en Tailandia : Los inmigrantes colgaron del barco que los llevaba una bandera negra en la que escribieron “Somos rohingyas de Birmania”. Una cubierta de lona le protegía del sol en un barco pesquero con cientos de hombres, mujeres y niños escapando de la pobreza o la persecución en Bangladesh y Birmania (Myanmar). Esta noticia de mayo de 2015 me impulsó  a escribir por esas fechas el articulo “Naúfragos”. 

Muchos de ellos terminaron  en la isla papuana de Manus, convertida en un centro de internamiento que Australia estableció para tramitar solicitudes de asilo cuya petición de cierre ya se ha realizado tras el montón de críticas recibidas por las “inhumanas” condiciones de vida de los internos y una orden judicial de clausura. Este y otros parecidos fueron creados por Australia en 2001 con la llamada “Solución del Pacífico”, que buscaba desviar a terceros países de la región el creciente flujo de solicitantes de asilo. A eso se le llama “externalización de fronteras”. Y es que muchas de las personas que quieren llegar a Australia huyen de conflictos como los de Afganistán, Darfur, Pakistán, Somalia y Siria, y otros que escapan de la discriminación, como las minorías rohinyá de Birmania (Myanmar) de la que os hablo y la bidún de la región del Golfo Pérsico.

A comienzos del año pasado, en el entorno regional Asia y Pacífico se hablaba de  3,8 millones de refugiados. Vienen de Afganistán con  2,6 millones de agfanos , continúan siendo la población más grande y con estancia más prolongada. O de la citada Myanmar que ha pasado por considerables y serios cambios políticos desde 2011.

A ellos hay que añadir 2,9 millones de desplazados internos;  y aproximadamente 1,5 millones de apátridas que suponen que un 43% de las personas consideradas apátridas estén concentrados en Asia y Pacífico.

Según el International Migration Report 2015, el 43% de todos los migrantes internacionales proviene de Asia, es decir que de 244 millones de personas, 104 millones nació en la región asiática. Fijaos:  Europa  con  62 millones es la segunda región con mayor cantidad de migrantes, y les siguen América Latina y el Caribe con 37 millones, y África, con 34 millones.

Lo cual demuestra, una vez más que aunque se lo crea, Europa no es el centro del mundo. Ni siquiera el que soporta la mayor crisis humanitaria de Refugiados aunque la falta de visión global que padecemos nos lleve a considerar lo contrario.

Hay que abrir el foco de nuestra atención y de nuestra mirada. También en el ámbito de las migraciones. Porque si no terminaremos desvirtuando el fenómeno de la movilidad humana de tanto estrecharlo a nuestros propios confines. No solo Melilla y Ceuta, no solo Lampedusa, no solo las rutas centroamericanas hacia el norte, no solo Trump, no sólo Aylan… El Sur existe, y existe Africa… y existe Asia

Los recientes sucesos sobre los royingas nos lo recuerdan

Aquella noticia sobre ellos, que dio fruto al primer artículo que escribí sobre el tema, me impactó sobremanera. Incluso porque me parecía en una de las descarnadas fotografías de su cautiverio, que los descartados en los buques destartalados en unos mares sin riberas (no les dejaban parar en ningún puerto) se alimentaban incluso del caucho de los salvavidas ante el hambre atroz que pasaban solo matizada por el envío de víveres ¡ por aire ! desde helicópteros  en medio del mar. No es extraño pues que esta etnia sea definida por una portavoz de la ONU como “probablemente el pueblo con menos amigos del mundo”.

Pero una nueva oleada de violencia contra ellos me ha vuelto a urgir sobre la necesidad  de abrir el foco del objetivo. Y volver a divisar un permanente conflicto en el que los grandes perdedores son los miembros de esta etnia, y a pesar de su magnitud sin apenas atención internacional.

El pasado 24 de agosto, ante un ataque de los royingas, el ejercito y las autoridades de Myammar reaccionaron arrasando con asesinatos, violaciones, etc, las aldeas en donde habitaban. Por lo que nos afecta (porque causa de las migraciones no es solo el hambre sino la violencia que los convierte en refugiados legalmente) y como su consecuencia, Bangladesh se ha convertido en un inmenso campo de refugiados para la mitad de la población rohingyá. Y junto con los  desplazados de huidas anteriores, acogen ya a alrededor de 500.000 personas, según Medicos Sin Fronteras, en los campos de Kutupalong y Balukhali, al sur del país y en la frontera con Myanmar, que han terminado por fusionarse. Estos apenas reciben comida y beben agua contaminada.

Vienen huyendo del desprecio y el deseo de los fuertes para exterminarlos. Esta vez porque son musulmanes los vencidos: “El pueblo de Orin está poblado solo con gente puramente budista”; “A los Kalars (palabra despectiva en birmano para los musulmanes) no se les permite la entrada en el pueblo de Kone Thar”; “Zona prohibida a musulmanes” y otros eslóganes parecidos pueden verse al menos en 21 localidades en Myanmar. Stop a los musulmanes o limitación de sus movimientos y derechos, según denuncia un informe publicado por la Red de Derechos Humanos de Birmania.

Y una ambigüedad, dolorosa atraviesa todo este terror. La proporcionada por Aung San Suu Kyi, la líder de facto de Myanmar que ha evitado durante años referirse a los abusos del ejército birmano contra la minoría rohingyá. 

Colocada de perfil y de manera contradictoria con su anterior trayectoria. Activista por la democracia. Defensora de los Derechos Humanos y ni más ni menos que Premio Nobel de la Paz. Quien  pudiendo colaborar a poner fin al ‘apartheid’ o a lo que muchos ven como auténtica limpieza étnica sufrida por la citada minoría rohingyá, solo ha sido el  silencio o la ambigüedad de su discurso lo que ha aportado como respuesta

En las viñetas que aporto al artículo he  querido plasmar no sólo la terrible situación de los musulmanes rohingyás del sudeste asiático sino también el silencio de la propia Suu Kyi.

Quiero con ello aportar mi denuncia de otra manera en el generoso espacio que entreParéntesis me concede. Esta vez con viñetas, en vez de fotografías, focalizando así  la crítica  a partir del dibujo, como si fuera un tuit icónico que reflejara  de manera atractiva y resumida las poco más de 1.300 palabras del texto. Hay en ellas una evaluación moral y una denuncia clara de la crisis de valores, trascendiendo así la noticia y el comentario que he redactado con la temática específica del articulo. Independientemente del tema, tan doloroso en este caso de la migración desde una perspectiva lejana a nuestras fronteras, la forma manifestada en la viñeta, te ofrece la posibilidad de fijar la  atención también en lo que el dibujo sintetiza, sugiere y desmonta. En este caso unas viñetas orientadas hacia la denuncia de comportamientos que provocan descartes de la humanidad realizados por personas bien vistas, pero que son tan incorrectos y provocadores como los de  políticos mal vistos. Ya lo dice Miriam Suárez Romero : ”Una noticia cuenta qué ha pasado, en un artículo se dan opiniones sobre lo que ha pasado, y en las viñetas analizadas se critica la actitud de quien tiene la responsabilidad de lo que ha pasado, alejándose del plano político y acercándose al moral, llamando a través de la sonrisa irónica a que nos percatemos de que es mucho más lo que hay detrás que el simple hecho en sí.”

Pues eso.

Nota : El peridodico El Confidencial” de quien hemos tomados las viñetas de este articulo dice que “En todo el mundo han respondido a este genocidio, desde Naciones Unidas, hasta diferentes premios Nobel de la Paz, que se preguntan cómo una política que antes de llegar al Gobierno disponía de una altura ética considerable ha pasado a permitir una situación como la que viven los rohingyás de Birmania. A estos se han sumado decenas, cientos de artistas, que han querido plasmar no sólo la terrible situación de los musulmanes rohingyás del sudeste asiático, que se cuentan por miles, sino también el silencio genocida de la propia Suu Kyi”.

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