Sólo el pacifismo vencerá al Dáesh

La paz que necesitamos no puede ser sólo buena sino, más que nunca, necesita ser imaginativa. Porque al Dáesh sólo se le podrá vencer desde el interior del Dáesh: la verdadera batalla global es de conciencia y valores. El Dáesh no hace propaganda de guerra sino que la propia guerra es su propaganda. Sólo la movilización pacifista del Islam en Europa logrará herirle. El Dáesh sólo ha buscado una cosa: otra intervención bélica occidental. La guerra le daría el liderazgo mundial del Islam. Sólo el pacifismo vencerá al Dáesh.

El Dáesh –el autoproclamado ISIS- usa el conocido manual titulado “La Administración del Salvajismo”. En él se sostiene que hay que ejercer una violencia extrema y cruel, más allá de todo lo conocido hasta ahora. No es barbarie irracional sino una gestión minuciosa de la crueldad para manipular a la opinión internacional. Así, calculadamente, el Dáesh ha cruzado los límites con ceremonias brutales que han estremecido a un mundo que desgraciadamente ha visto casi de todo. El primer objetivo del Salvajismo es que los medios lleven el mensaje a todos los rincones del mundo para movilizar y reclutar radicales. El segundo objetivo es provocar la intervención militar, lo cual polarizaría más al mundo islámico y daría al Dáesh un liderazgo mucho más global. Los objetivos son de antivalores y reputación. El capital crucial del Dáesh es cultural.

Europa conoce con dolor la amenaza que supone el Dáesh. Los atentados de Al-Qaeda y todas sus franquicias han cambiado la idea de seguridad en el continente. Pero los líderes europeos también recuerdan las multitudinarias reacciones ciudadanas del “No a la Guerra” contra la intervención bélica en Irak. Así pues, la intervención militar ha evitado declaraciones o medidas que despierten el antibelicismo europeo. Se han suministrado masivamente armas, se ha asesorado militarmente a las fuerzas rebeldes, se usan drones para asesinatos selectivos y se han realizado bombardeos, todo financiado con los impuestos de los ciudadanos europeos. Europa hace su propia “Administración del Salvajismo de la Guerra”: tecnológica, “razonable”, proporcionada, autodefensiva, lejana, desemocionalizada, profesionalizada, “limpia”, limitada a hechos aparentemente aislados. Lejos de la barbarie del Dáesh pero haciendo la guerra. Parece que la guerra lejana y selectiva sí es permitida por la ciudadanía europea. La Guerra de los Drones, pilotados como un videojuego, representa bien el tipo de violencia bélica que la conciencia europea es capaz de soportar: sólo en las pantallas como si fuese una película ajena. Como mucho, la ciudadanía ha pedido al Gobierno británico que publique una lista oficial de asesinatos cometidos con sus drones. ¿Es una contradicción? Europa permite la guerra que no sea militarista.

¿Es el pacifismo europeo pacifista? La mayoría de los europeos creen que el Daesh ha cometido suficientes crímenes para merecer la derrota militar pero no con cualquier tipo de guerra. Por otra parte, el Dáesh ya se ha convertido en un peligro global que posee una amplia franja del planeta que va desde la frontera con India hasta Nigeria. El Salvajismo de Daesh ha hecho algo que provoca todavía más a Europa: en vez de degollar a europeos envía a refugiados a sus casas. El genocidio de cristianos en Medio Oriente no fue suficiente: sólo la ola de refugiados nos ha movilizado definitivamente.

Pero ¿no hay una oportunidad para la paz? Las operaciones bélicas no van a ser suficientes. Ni siquiera la guerra con tropas terrestres, “mancharse las botas”, sería suficiente, como ha demostrado la retirada estadounidense de Afganistán y la imparable guerra terrorista en Irak. Los europeos toleramos guerras de pantalla y ¿también practicamos un pacifismo de pantalla? Respecto a los refugiados sirios, se ha retuiteado muchísimo más de lo que se ha salido a la calle en las manifestaciones de septiembre.

El pacifismo puro parece haber muerto. La paz siempre parece débil, tonta, ingenua y vencida cuando hay cualquier conflicto. La paz siempre es el no-poder, parece que no puede nada: pero lo es todo. Actualmente, sus organizaciones y revistas están más fragilizadas que nunca, parece algo de los hippies de los años 1960s. La paz se ha convertido en un asunto táctico cuando en realidad es el más alto principio que se puede alcanzar. La paz es el corazón del desarrollo, de la justicia, de la felicidad. Nada es justo ni sostenible salvo lo que alcanza la paz por ella misma.

El pacifismo se encuentra desafiado en todo el planeta. Parece imposible vencer al Daesh por vía diplomática, asfixiarle con bloqueos o llegar a un acuerdo de ningún tipo. La única vía para Occidente parece ser seguir lo que ya estaba escrito en La Administración del Salvajismo y que el Dáesh estaba buscando desde su primer degollamiento: meterse en la guerra.

Al Dáesh sólo se le podrá vencer desde el interior del Dáesh. Sólo una decidida y activa movilización pacifista del Islam en Europa logrará herirle y eso significa la conciliación entre suníes y chiíes. El ecumenismo islámico en torno a la paz es la vía más corta para acabar con el Dáesh. La batalla por los valores no es una respuesta a largo plazo, una especie de invocación al buenismo y el idealismo. Por el contrario, el pacifismo interviene allí donde está puesta toda la intención del Dáesh: en la propaganda. Nunca fue tan necesario el pacifismo como hoy contra el Dáesh porque en el Dáesh no hay propaganda de guerra sino que la guerra es la propaganda. En vez de una cumbre entre Rusia y OTAN, hace falta una gran cumbre musulmana. Pese a todos los esfuerzos por perseguir a los reclutadores del Dáesh, en los últimos 12 meses 30.000 extranjeros han entrado en Siria para unirse a sus milicias. ¿La batalla no es de valores? Aunque la población musulmana en Europa condena el Salvajismo del Dáesh, en la calle mantiene la equidistancia entre Occidente y Yihadistas. No hay suficiente pacifismo islámico en la calle y sin él el problema permanecerá y seguirá mutando una y otra vez.

Sin duda es imprescindible la transparencia del comercio de armas – en estos momentos el Dáesh muestra a las cámaras cómo está usando armas estadounidenses compradas en los mercados secundarios- y luchar contra los tráficos ilegales. El Dáesh y sus franquicias se financian con la venta de esclavos, de prostitutas, de piezas arqueológicas y de droga –recordemos que el Valle del Helmand en Afganistán, dominado por el Dáesh, produce el 42% del opio que se vende en el mundo-. Y eso es posible por la red de paraísos financieros que permite y usa Occidente. En ambos casos dependerá de la prioridad y fuerza que los ciudadanos occidentales sean capaces de activar en las calles y en los despachos.

El ecumenismo musulmán en Europa, la transparencia en el comercio de armas o cortar los flujos de tráfico ilegal parecen imposibles de alcanzar: efectivamente, sólo un masivo movimiento pacifista puede lograrlos. Lamentablemente, en algunos casos el pacifismo no evita el uso de la guerra pero la previene, reduce y cura. A veces sin guerra no hay paz pero sin paz la guerra está siempre.

El pacifismo occidental parece víctima de la pasividad y la confusión, le falta la imaginación capaz de hallar alternativas. Pero para la Paz no hace falta sólo la bondad sino la imaginación del corazón. La paz que necesitamos no puede ser sólo buena sino, más que nunca, necesita ser imaginativa. Tenemos que redescubrir que, como decía Vicente de Paúl, “el amor es inventivo hasta el infinito”.

Escribir un comentario

Please enter your comment!
Please enter your name here