Solidaridad con las consecuencias, altruismo en las causas

Siempre he tenido la sensación de que nuestra sociedad es notablemente solidaria con quienes padecen una emergencia social de cualquier tipo, ya sea ésta provocada por una catástrofe natural, o como estamos asistiendo estas semanas, por motivos menos naturales, como la guerra que empuja fuera de su hogar y lejos de sus raíces a miles y miles de personas. Somos solidarios con estas personas, intentando paliar las penosas consecuencias que sufren.

También lo somos con otro tipo de situaciones más cercanas (aunque aquí, ya no sé si el adverbio “notablemente” es el adecuado). Nos solidarizamos con asociaciones de todo tipo que se dedican a apoyar a personas con discapacidad, o que padecen cáncer, o que viven en la calle. Y también con entidades que se dedican a los menores. Hacemos campañas para ello y apelamos a la solidaridad de cada uno de nosotros.

Posiblemente, solidaridad sea la palabra, o una de las palabras que ostenta mejor posición en el ranking de las más apreciadas. La Real Academia de la Lengua Española la define como “adhesión circunstancial a la causa o la empresa de otros”. Sin embargo, goza de menos fama, o se usa menos el término altruismo: “Diligencia en procurar el bien ajeno, aun a costa del propio”.

Cuando me ha tocado hablar ante diversos colectivos, con intención de sensibilizar hacia la realidad de la infancia (y la juventud), excluida, o marginada, ya fueran estos asociaciones de padres, grupos de empresarios, o jóvenes alumnos de un colegio, lo que les decía –un poco provocativamente, lo reconozco- es que con que no marginaran más, me conformaba; que de “arreglar” la marginación existente ya se ocupaban las instituciones públicas y quienes con ellas colaboramos formalmente.

¿Qué quería decir? Evidentemente, no pretendía disuadirles de hacer un voluntariado, o prohibirles aportar su granito de arena (léase su granito de euro) a estos proyectos. Se trataba de hacer comprender que todos y cada uno de nosotros, en nuestro día a día, tomamos decisiones que, directa, o indirectamente pueden aumentar o disminuir la exclusión de estos niños, de estos chavales. En calidad de miembro de nuestra comunidad de vecinos, en la pandilla de amigos, como pequeño o gran empresario. Podemos decidir, por ejemplo, en contra o a favor de tomar medidas contra la familia que vive en el 5º B, que no ha pagado los recibos de los últimos meses, desde que el marido está en paro; ante la bajada de las ventas podemos hacer esos despidos, o afrontarlo de otra manera, etc.

En el fondo, les intentaba decir que está bien ser solidario con las consecuencias, pero que es “casi” más importante ser altruista con las causas de la marginación.

Porque no hay que olvidar que si hay marginados, es porque existen marginantes.

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