Sofia Gandarias siempre puso su mano en el pecho

Sofia Gandarias siempre puso su mano en el pecho, así la veía yo, delicada, espiritual, angelical. Sorprendía la oscuridad de sus cuadros, pero en seguida tras lo oscuro aparecía una iluminación tenue de esperanza y denuncia. Paseábamos entre lienzos y se detenía en  Los caballeros y caballeras de la mano en el pecho  que expresan  no sólo su admiración por el cuadro del Greco: “un cuadro de tonos grises, pintura en  estado puro” según la autora quien inicia su particular conversación en el año 2013, sino que se aproxima sin desvelarlo a su misterioso secreto.

La elección no es casual. “En el Greco paradójicamente, es su misma ausencia lo que proclama la renuncia del caballero a las vanidades, su valía moral (…) Ni se relaja ni se pavonea (…) En lugar de eso, este hombre está impasible y distante. No dialoga. Sus gestos son rituales, (…) Al pintar este retrato, El Greco no solo ha seguido las fórmulas del decoro caballeresco, sino que también ha revelado la esencia de su ritual a través de su manejo de la pintura.” (David Davies) Finalmente Davies señala que: “El Greco ha dado forma elocuente a la quintaesencia del hidalgo español.”

Sofia, inspirándose por el Greco, próxima a su elegante intensidad  y ética sobriedad, empeñada en el símbolo y en el detalle, analiza el Caballero de la mano en el pecho a través de sus propios personajes: Yehudi Menuhin, Maria Callas, Luchino Visconti, Steven Spielberg, Frida Kahlo, Salma Hajek, Robert de Niro, Penélope Cruz, Javier Bardem, Rilke, Albert Einstein, entre otros. Hay que señalar que el primero, el principio es Rilke, a partir del poema “La Esperada” de su trilogía española, me recuerda la colección a uno de sus versos: Pienso que soy un ser  tras otro, pues soy/ lo que el rumor de los manantiales ha dejado/ en mi oído….

El último es Al Pacino como Shylock  del Mercader de Venecia, donde la artista expresa su lucha constante contra el antisemitismo. Pero es una colección incompleta ya que la autora tenía el propósito de continuar. La solicitud de un texto para un catálogo sobre esta colección me trae a la memoria el impacto de ver el juego con los rostros, la trasgresión que sutil aparece para cuestionarnos. He querido recordar a una artista que siempre puso su mano en el pecho como ofrenda a una humanidad dormida.

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