Hacia una sociedad ágrafa

sociedad ágrafa
Hacia una sociedad ágrafa

Los avances tecnológicos provocan que todo lo hagamos a golpe de dedo, provocando que nos olvidemos de escribir y nos convirtamos en una sociedad ágrafa.

Si realizamos en Google.es la búsqueda ‘cómo escribir para la web’, el buscador nos devuelve 3.310.000 resultados.

Todos aquellos que quieren trabajar en el mundo digital o pretenden vivir de Internet, se preocupan cada vez más por encontrar la manera más óptima de redactar de modo que sean capaces de captar la atención de los usuarios. Si nos damos una vuelta por algunos de los artículos que tratan de ofrecer respuesta a dicha consulta podremos sacar algunos consejos comunes, como por ejemplo:

  • Utilizar frases cortas
  • Estructurar el texto en párrafos pequeños
  • Dividir el contenido con subencabezados que ayuden a diferenciar y entender las distintas secciones
  • Hacer un uso inteligente de las negritas y cursivas
  • Enlazar a recursos externos útiles y de reconocido prestigio o confianza
  • Apoyar lo que se dice con recursos audiovisuales como imágenes o vídeos
  • etc.

Y sin embargo, ninguno de ellos plantea la cuestión más importante de todas: cómo escribir (así, sin más).

Miramos mucho, vemos demasiado, pero…

La sociedad de la información en la que actualmente vivimos ofrece muchísimas cosas buenas, especialmente la facilidad de acceso a dicha información. El mundo digital pone al alcance de nuestra mano cualquier cosa que queramos saber, de forma que ante una duda podemos encontrar fácilmente una respuesta.

Sin embargo, la actual sociedad del conocimiento, en conjunción con el vertiginoso avance tecnológico que experimentamos, está creando unos ciudadanos digitales donde precisamente lo digital tiene más peso y más enjundia que el sustantivo.

Y es que lo digital se vuelve omnipresente, todo es táctil, todo se resuelve con un sencillo movimiento de dedo: pagamos nuestras cuentas, elegimos qué programa queremos ver, en algunos lugares incluso votamos y, en lo que concierne a este artículo, incluso escribimos con los dedos en lugar de con las manos. Nos comunicamos a golpe dactilar.

Hacia una sociedad ágrafa de ciudadanos digitales

El hecho de que ya solo escribamos mediante teclados es realmente preocupante: nos estamos olvidando de escribir. Y lo digo por experiencia propia.

Al trabajar en el mundo digital y estar prácticamente todo el día ante un ordenador, puedo llevarme días e incluso semanas sin coger un bolígrafo (y no digo ya un lápiz). Esa vuelta a la escritura clásica se convierte entonces en un calvario, una especie de vuelta atrás, un tener que volver a aprender lo aprendido hace ya tanto tiempo: la letra ya no es la que era, la fluidez tampoco, y ni qué decir tiene la flexibilidad de la mano, sobre todo si nos enfrentamos ante un texto de cierta extensión o debemos escribir al dictado de alguien.

En definitiva, lo que vengo a exponer es que, entre todos, nos estamos dirigiendo hacia una sociedad ágrafa, plenamente incapaz de escribir con nuestras manos (no con nuestros dedos).

Recuerdo que cuando empezaba en el colegio, tras adquirir la habilidad de escribir gracias a los famosos cuadernillos de caligrafía, una de las cosas que primero nos enseñaban en los cursos posteriores era cumplimentar formularios, como por ejemplo los de envío de paquetes certificados o urgentes. Era una forma de hacernos ver que escribir era necesario para poder desenvolvernos en la vida real que comenzábamos a afrontar.

Pero esto ya no es necesario. Si bien seguimos teniendo que rellenar ciertos documentos para algunas gestiones cotidianas, la mayoría de estas las realizamos ya a golpe de dedo. Puede llegar entonces quien diga que si escribir ya no es tan necesario como antes, tampoco es tan importante poseer dicha competencia, y creo que es aquí donde nos equivocamos garrafalmente.

En defensa de la escritura

La escritura es indispensable para el ser humano. Si leer nos hace libres, la escritura es condición (y necesidad) sine qua non para esa libertad.

Si el habla nos permitió comunicarnos como nunca antes, la escritura actuó a modo de notario para dejar constancia de dicho acto comunicativo.

Pero es que además, escribir, cuando se realiza para expresarnos, constituye un acto de entrega y de apertura total a los demás, una auténtica experiencia de transformar en signos todo cuanto pensamos, todo cuanto sentimos, todo cuanto somos.

No podemos perder a golpe de dedo toda una herencia de siglos. Como seres humanos, pero también como sociedad, necesitamos seguir sabiendo cómo escribir.

Aunque este texto pueda parecer un panfleto contra el mundo digital -nada más alejado de mi objetivo-, en verdad, tan solo pretendo poner sobre la mesa un problema que es real, que existe y que cada vez es más preocupante.

Nuestra sociedad impone un ritmo de asimilación de información tal, que una de sus consecuencias es el uso de tecnologías que permitan rapidez en nuestras gestiones intelectuales, en detrimento de otros medios clásicos, los cuales nos han servido siempre, y de manera efectiva, para comunicarnos.

Coda final

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española ofrece dos acepciones para ágrafa:

  1. adj. Que es incapaz de escribir o no sabe hacerlo.
  2. adj. Dicho de una persona: Poco dada a escribir.

En el mundo digital en el que nos desenvolvemos diariamente, donde el teclado táctil es el rey de los dispositivos, escribir con lápiz en mano no es ya tan necesario (ni lamentablemente útil) como hace apenas 10 o 15 años. Y todo apunta a que lo va a ser aún menos, ya que cada vez hay más dispositivos y aplicaciones que funcionan dándoles directamente órdenes de voz (tan solo tenemos que fijarnos en los cada vez más presentes asistentes de voz como Siri, Cortana, etc.).

Esta realidad corre el peligro de provocar un auténtico problema cultural, ya que el resultado va a ser una sociedad ágrafa, incapaz de escribir (a mano, claro, no a dedo) o, por lo menos, poco dada a ello.

Viendo cómo la escritura, junto con la lectura, es clave en proyectos educativos que se desarrollan en países del Tercer Mundo como vía para empoderar a las personas con escasos recursos, la pregunta se hace obligatoria:

¿Realmente nos podemos permitir olvidar cómo se escribe?

 

Compartir
Onubense afincado en Marbella, la vida hizo que mi carrera profesional virase hacia el marketing online, especializándome en SEO y marketing en buscadores, trabajando actualmente -y realizándome profesionalmente- en la agencia SEO Señor Muñoz. Suelo definirme como músico y escritor frustrado, aunque en Internet he encontrado un medio donde poder dar rienda suelta a mis inquietudes. Creo en un mundo mejor, sin duda, pero necesitamos de la colaboración de todos. Intento poner mi granito de arena en mi día a día para que ese mundo sea posible. Mi mayor regalo, mi familia.

Escribir un comentario

Please enter your comment!
Please enter your name here