En una conferencia de un provincial jesuita de algún lugar de América Latina, nos contó la anécdota de que, en Japón, hablando sobre situaciones de pobreza, narcotráfico y violencia, una joven del público levantó la mano y preguntó: “Padre, usted viene de un país en donde más del 90% de la población es católica, aquí en Japón somos menos del 10% y no tenemos esos niveles de violencia y de deshumanización. ¿Qué les pasó?”.
Lo anterior se puede decir de México. Somos un pueblo alegre y pachanguero, mayoritariamente católico, pero de un tiempo para acá hemos padecido el miedo, la impotencia y el terror de la narcoviolencia. En mi país, contrastan imágenes dantescas de colgados en los puentes con la siempre impresionante danza de los voladores de Papantla. En diferentes zonas, el crimen organizado en ocasiones supera en táctica, artillería y determinación a gobiernos locales y nacionales. Es verdad que se ha atrapado a grandes capos, pero eso no ha disminuido el flujo de drogas y sus respectivas ganancias y corruptelas. No hay la sensación de que ya pasó la tormenta.
Un amplio margen de la población vive sumida en la pobreza y con bajos niveles educativos. En las ciudades, en colonias populares, los cárteles reclutan adolescentes como vigilantes (halcones), secuestradores, extorsionadores y sicarios. Para convertirse en bestia desalmada no hacen falta estudios o estar bien alimentado (véase al ISIS). En el campo, el narco recluta a campesinos pobres (a través de buena paga o con amenazas), para que cultive, coseche, empaque y lleve la droga al mercado que más la consume, EUA.
La lucha entre cárteles y la guerra del Estado contra el narcotráfico ha hecho que, en medio, mueran inocentes y la población sea víctima. En menos de 10 años se calculan más de 80000 muertos y 27000 desaparecidos, entre ellos los 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa, crimen que no cesa de repetirse, por ejemplo, recientemente con la desaparición de jóvenes en Veracruz. Este es el México con el que se encontrará el Papa Francisco.
En la Ciudad de México, el Santo Padre podrá ver zonas tan elegantes como el barrio de Salamanca o la Moraleja, en Madrid, y no muy lejos hallarse una favela que compite en hacinamiento y miseria a barrios marginales de Haití.
El Papa también irá a Chiapas. Parece que visitará la tumba de Don Samuel Ruiz, en la Catedral de San Cristóbal de las Casas. Este obispo hizo grandes esfuerzos por apoyar la dignidad de las comunidades indígenas (los más pobres entre los pobres de México), incluso en medio de fuertes presiones gubernamentales y eclesiales, especialmente en tiempos del alzamiento zapatista.
Su Santidad estará en Morelia, Michoacán. Este Estado ha sufrido la violencia del narcotráfico. También visitará Ciudad Juárez, tristemente famosa por el asesinato de cientos de mujeres y donde al tráfico de drogas se le suma el drama de la migración de nacionales y centroamericanos que intentan llegar a EUA.
Mi país es como una pintura de Frida Kalho donde se conjuga el color y el dolor. Dice Joaquín Sabina que en Latinoamérica tenemos hambre de cultura, de conocer canciones y cantarlas, y que somos cálidos en recibir al que viene de fuera. Esto sorprendió y encantó a Juan Pablo II, quien en 5 visitas nos piropeó diciendo: “¡México, siempre fiel!”.
En México queremos a los Papas. De esto se aprovecharán las cadenas televisivas, que intentarán presentar a Francisco como si fuera una estrella más de su canal, y los comentaristas hablarán con tono cursi, ñoño y lacrimógeno.
El Papa es alguien que sabe salirse del guión y seguramente hablará de temas que algunos preferirían evitara o fuera muy discreto, por ejemplo, en lo que respecta a pobreza extrema, violencia y corrupción. Por lo que simboliza y significa, esperemos pueda reunirse con los familiares de los 43 estudiantes desaparecidos y con las víctimas de famoso pederasta. De darse estos encuentros, ojalá sean cubiertos y comentados en televisión.
En lo personal, me encanta el Papa Francisco y no sólo porque proceda de las filas de la Compañía de Jesús, lo mismo me daría que fuera oblato, dominico o carmelita, me gusta su estilo. A alguien que lo entrevistó le llamó la atención que Francisco mira a los ojos. Creo que este Papa avispado y despierto, de respuesta ágil y que habla el mismo idioma podrá vernos a los ojos para consolarnos y, también, para confrontarnos. Que esta próxima visita del Papa Francisco a México nos ayude a aumentar la esperanza y nos anime para que nuestra fe camine al mismo paso -y en la misma dirección- que la ética, la solidaridad y la justicia.


Imagen: https://www.aciprensa.com/noticias/el-papa-francisco-viajara-a-mexico-en-febrero-afirma-cardenal-rivera-44483/
@elmayo