Sobre blasfemias y tristezas

Al-Barr o el “Todo Bondadoso” es el nombre 79º que el Islam otorga a Dios. Donde hay bondad está Dios. Me lo ha recordado hoy Latifa, una amiga musulmana que reside desde hace cuatro años en el sur de Francia y cuya tristeza esta mañana por el acto terrorista de París era incontenible. “Terrorismo no es Islam. Terrorismo es asesinato. Islam no es violencia, Islam es paz. Allah es Al-Wadud, ‘El que ama’. No son musulmanes, son criminales”, repetía nerviosa a través de la entrecortada llamada telefónica que hemos mantenido.

También mi barrio, pese al aparente bullicio de las terrazas en una mañana soleada de domingo, amanecía triste y preocupado. Muchos de mis vecinos han vivido en Francia o tienen familiares allá. Junto al dolor por las muertes sienten también la preocupación por los vivos, las consecuencias que tendrá el atentado terrorista del 13-N para los miles de musulmanes que llevan años conviviendo pacíficamente en este país y en toda Europa. “¿A quién beneficia el terrorismo? El terrorismo sólo hace mal y ese mal es también mal al Islam”, me conversaba esta mañana Aliouk, un amigo vendedor callejero de artesanía al que alguien ha insultado en un bar mientras hacía su trabajo de supervivencia cotidiana.

También Asmae y Fátima, dos mujeres marroquíes de mediana edad, me compartían hoy su tristeza solidaria con las madres francesas que han perdido a sus hijos y también su propio dolor por los suyos, residentes en el barrio de Saint Denis, a las afueras de París. La sombra de la islamofobia recorre barrios como éste desde hace años en Europa. Sus hijos Yaser y Reduan llevan días evitando salir a la calle por el ambiente de sospecha generalizada, las identificaciones masivas y los registros indiscriminados de locales y domicilios musulmanes que está llevándose a cabo en el barrio desde que sucedió el atentado.

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“El terrorismo no va dirigido sólo contra Occidente, sino también contra los musulmanes”, afirman convencidas Asmae y Fátima. “Es el dinero y la política lo que está detrás de estas muertes, no la religión. La religión es un pretexto. No se puede matar en nombre de Dios en ninguna religión”. Ellas, que vivían ya en Lavapiés cuando sucedió el 11-M, recuerdan hoy nuevamente con horror  aquellos días oscuros en los que encarando la vergüenza y la rabia un grupo de madres marroquíes se organizaron para mostrar su solidaridad con las familias de las víctimas del atentado de Atocha, personándose en el Pabellón de la Casa de Campo donde estaban reunidas las familias afectadas.

También esta mañana Hassana, una amiga tunecina que ha colaborado como intérprete con la red ciudadana Bienvenidas refugiadas, se pregunta preocupada qué va a pasar ahora con los sirios, que cruzan la frontera Sur y están llegando a España, camino de Francia y Alemania, con el cierre de fronteras y qué repercusiones cotidianas tendrán en la vida cotidiana de muchos musulmanes las declaraciones del presidente Hollande por la tele: “La lucha será despiadada y se emplearán todos los medios que hagan falta”. 

El espesor de lo escuchado me invade mientras me siento en un banco y leo una noticia en el periódico que lo aminora un poco: El Ministerio de Asuntos Islámicos de Marruecos pidió hoy a los predicadores e imanes del país que se movilicen y legitimen los verdaderos valores del Islam tras los últimos atentados perpetrados por el Estado Islámico. Los autores de estos ataques pretenden pertenecer al Islam y mienten cuando argumentan que cometen sus crímenes en nombre de esta religión, e incluso aseguran que los perpetran por la gloria del Islam (…). Frente a ello los imanes deben de demostrar e insistir que las formas de violencia no provienen de la religión. Han de intentar por todos los medios que la imagen del Islam no sea desnaturalizada por aquellos que la perjudican con los actos violentos. El terrorismo no representa ni al Islam, ni a los musulmanes (…)  El mensaje del Islam es el del bien y el amor. Los actos cometidos por estos extremistas socavan el mensaje”.

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Leo también que el Consejo Superior de Ulemas anunció que ha emitido una fatua para clarificar lo que significa realmente la yihad en el Islam, y que no tiene nada que ver con el “terrorismo, la agresión o el terror”. La “yihad legítima” se realiza a través del pensamiento para servir a los intereses de la humanidad o mediante la escritura o la publicación de obras y artículos contra las falsas acusaciones del islam y de los musulmanes. [Pueden ayudar también dos artículos sobre la yihad publicados en este mismo blog, aquí y aquí]

Por fin llego a casa, pongo la radio y escucho que el papa Francisco esta mañana en su predicación en el rezo del Ángelus en el rezo del Ángelus ha declarado que “utilizar el nombre de Dios para justificar la violencia y el terrorismo es una blasfemia” y que “el camino de la violencia y del odio no resuelve los problemas de la humanidad”…

Es lo que tiene este Papa, que casi siempre coincide con lo que piensan mis vecinos o con quienes otros consideran nuestros enemigos.

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