Snapchat gana terreno a las grandes redes sociales, como Facebook, Twitter e Instagram. Desde su salida generalizada en 2011 no para de crecer, especialmente entre los más jóvenes, que se sirven de esta nueva red para cultivar sus relaciones más personales, para transmitir de forma divertida y lúdica lo que están haciendo. El número de interacciones está por encima de 8.000 millones de reproducciones diarias, en una comunidad sólida que cada vez pasa más tiempo usando la aplicación.

(1) Características de la comunidad. Comprender bien esta red es entenderla como una relación tú-a-tú, muy personal, centrada en lo privado, en lo propio, en la comunicación directa. La mayor parte de sus usuarios son adolescentes y jóvenes. El 83% está entre 16 y 25 años. Lo cual significa un enorme potencial y demuestra la segmentación digital por generaciones. Además, como característica particularmente relevante, las relaciones que se establecen a través de la red provienen generalmente de otros ámbitos. No es posible buscar y empezar a seguir, como en Twitter, tampoco se pueden compartir publicaciones de otros, como en Facebook o el RT de Twitter. Son grupos cerrados. Cada cual construye su propia comunidad sin conocimiento -en la aplicación- de terceros. Nadie sabe qué ves y sólo tus contactos tienen (salvo que se participe de eventos patrocinados) acceso a las propias publicaciones. Priva el anonimato total, la privacidad absoluta. Aunque en la red nada es ni tan seguro ni tan privado como parece.

(2) Características de la aplicación. La filosofía básica de Snapchat es compartir fotos y vídeos (con posibilidad de edición y tuneo) con una duración temporal limitada. Estas publicaciones se van acumulando en “Mi historia”, y están disponibles sólo durante las siguientes 24 horas. Mis contactos podrán verlas y en caso de que se descarguen la imagen con un “pantallazo”, la aplicación me avisará con un icono en la lista de aquellos que han visto la imagen o el vídeo. Dicho esto, las publicaciones son claramente efímeras. Si la aplicación lo primero que muestra es la cámara, moviendo la pantalla podemos acceder por otro lado a las publicaciones de otros (eventos patrocinados, y las personas a las que sigo) o al chat privado. Además de esto, hay trucos para convertir las imágenes y vídeos en fotos divertidas. No deja de publicarse sobre este tema. (Lo demás se descubre usándolo e investigando).

Dicho lo básico, me parece interesante plantearse algunas reflexiones sobre la cultura que promueve, que está detrás de esta red.

(1) Segmentación. Una nueva forma de brecha digital, que divide a usuarios por generaciones con espacios propios y características propias. En principio, nada diferente de lo que sucede fuera de la red. Pero pensado de forma más detenida, personalmente percibo un aislamiento de los jóvenes en sus propios grupos, desde los que luego evolucionan de modo diverso al resto de la sociedad. Son un grupo con características propias, que usa también de forma personal la tecnología y se relaciona con el mundo de forma particular.

(2) Directamente en el móvil. Esto implica que está pensada para la movilidad de forma clara. De hecho hay una opción (poco conocida por otro lado) que optimiza datos para que no te quedes al margen cuando estás fuera de casa. De nuevo comprobamos que el móvil, el Smatphone en las manos de una persona significa un nuevo modo de estar en el mundo con implicaciones cada vez mayores en cuanto al tiempo, las relaciones, el contacto, la comunicación, la valoración…

(3) Cultura de lo efímero. Si bien es cierto que nuestra vida cotidiana y natural se establece en relaciones, con palabras e imágenes que no se quedan fijas, que por tanto también se pierden y son efímeras, lo que se encuentra en Snapchat es un uso de lo efímero para cuestiones particulares. Creo que este es el punto esencial de esta nueva cultura: su relación con el olvido, quizá también con la sensación de irrelevancia e irresponsabilidad. Además, la necesidad de captar el instante perfecto para transmitirlo (el postureo no es propiedad de Instagram), convive igualmente con la necesidad de permanente conexión y comunicación con los otros. La necesidad de estar “en el momento” tampoco es tan cierta como se vende; junto al postureo, a la foto preparada y editada, ya existen aplicaciones que te permiten subir imágenes almacenadas en el carrete del móvil y no depender del aquí y ahora.

(4) Pérdida de espacio digital público. Frente a las redes sociales anteriores a Snapchat, en esta no es posible buscar y empezar a seguir a otros usuarios por intereses comunes. Al menos no directamente en la aplicación. Cuando Instagram se dio cuenta de que se usaba su red para publicitar el perfil de Snapchat, la decisión que tomó fue el control total de las imágenes que se publican de esta manera, de modo que los #hashtag están controlados. Esta privacidad radical (no tan cierta como parece) conlleva la pérdida de relaciones más amplias, por intereses, de apertura o de marca personal. O estas relaciones se dan fuera de esta red, y se trasladan a ella, o no hay posibilidad de construir ese espacio común que ha hecho tan potentes y relevantes a otras redes. Su pérdida tiene consecuencias claramente políticas. ¿Por qué no se abre la posibilidad de generar eventos, por qué estos quedan en manos de marcas y empresas? ¿Por qué lo único ajeno que se puede visitar en la red son marcas de moda, música…?

(5) Sobre la privacidad. Los jóvenes cierran sus círculos. Se supone que terceros no pueden descargarse tus imágenes, porque si lo hacen directamente en la aplicación, te avisan. Si lo haces fuera, usando otras aplicaciones o sacando foto a la pantalla, todo lo que se anuncia queda en nada. Esto, que no siempre es sabido, como que otra persona puede subir imágenes de otros y fingir de este modo, supone una combinación tremenda. En diversos lugares de la red se almacenan (y se muestran públicamente) vídeos e imágenes de personas, especialmente jóvenes, que no saben que perdieron el control de su imagen e identidad. La privacidad en la red no vendrá de aplicaciones como ésta, sino de un serio trabajo de seguridad.

(6) Redes de la imagen. Nunca compartí, de forma general, que una imagen pueda valer más que mil palabras. De hecho, toda imagen necesita ser interpretada de un modo u otro, y hay imágenes que costaría entender más de mil palabras, con largas conversaciones y diálogos. Instragram y Snapchat se contruyen principalmente a partir de imágenes (que pueden contener mensajes) y vídeos (en los que cabe palabra), pero lo principal es lo visual. Los medios de los que disponemos actualmente, y en crecimiento imparable, han abaratado enormemente el consumo de vídeos. En Snapchat son mensajes cortos, breves, que pueden ir sucediéndose uno tras otros, mezclando todo tipo de situaciones en un continuo temporal. Al final del día puedes tener una publicación de un minuto escaso grabado en diversos lugares, que el receptor verá del tirón. Así un día y otro día. Pero la imagen actualmente sigue siendo lo primordial, la comunicación que permite al otro interpretar, fijarse, hacer suyo el momento. La palabra, a mi entender, tiene un potencial distinto que tienden más puentes de comunicación, que espera de algún modo una respuesta que en el caso de la imagen sería sólo una reacción.

(7) El emoticono eres tú. Todas las redes tienen la emoción como algo fundamental, pero muy particularmente la red de los más jóvenes. Así, usando Snapchat te puedes convertir en tu propio emoticono “tuneando” tu imagen de forma sencilla y divertida. Si te haces un selfie y pulsas unos segundo sobre la cara, verás que surgen distintas posibilidades. Esto vale tanto para imagen como para vídeos, y se pone de moda especialmente en algunos momentos del año. Este curso fue llamativa su relación con Halloween, cuando los jóvenes se convertían por momentos en zombies. De la misma manera, la expresión de emociones llamativas y exageradas es una constante en esta red.

Sin duda alguna, es una red en evolución constante. Seguiremos viendo sus pasos y su relación con el resto de plataformas digitales, hasta el momento muy limitadas.

Si te animas, en Snapchat soy @joseferjuan

Recomendaciones generales para su buen uso. Creo que Snapchat, más allá de las cuestiones que he planteado, tiene también puntos fuertes. Recomiendo de hecho que se comience a usar, para comprender mejor este fenómeno y sus implicaciones.  

(1) Cuida tus relaciones. Más que en ninguna otra red social, con mucha diferencia además, aquí priman las relaciones bien establecidas dentro y fuera de esta comunidad. Cuidar significa reaccionar a lo que ves, entablar conversación. El chat privado de Snapchat es uno de los más usados en la red.

(2) Todo se borra, luego ejercita tu memoria. Verás que incluso los mensajes que envías desaparecen en cuanto se ven. Luego la conversación no se puede repasar. Debes estar atento (siempre, por supuesto, pero esta red te obliga a ello) para que el diálogo sea fluido. Si te interesa la persona con la que estás hablando estará claro.

(3) Autenticidad. No me canso de decirlo, en general. El postureo muere, es enfermizo, tiene algo que termina por agotar a la persona que lo practica, redunda en incomodidad general con uno mismo. Frente a esto, cultivar una cultura espontánea, cercana, diría que tan imperfecta como nosotros somos imperfectos. No tiene más valor la foto excelente, sino la foto que es capaz de decir algo de ti a quien tienes digitalmente en frente. Piensa en ti con autenticidad y libertad.

(4) Cultura de la imagen y más allá de la imagen. Una sociedad tecnológica se encamina, con las ampliaciones que vemos en los dispositivos, a un trato directo. Hoy se refleja en la importancia de los vídeos. Y así será aún más en el futuro. Lo que ahora tenemos es la oportunidad de realizar un aprendizaje básico de cara a un futuro inmediato.

(5) Disfruta. Creo que muchas de estas redes tienen un elemento lúdico y divertido esencial. Snapchat tiene mucho de juego y este juego es divertido, sin dejar de ser por ello sincero y auténtico. Las caras son divertidas; esa especie de emoticonos sirve para mucho.

(6) Prudencia y cautela, como siempre. Que en las redes sociales tiene una versión muy clara: cuídate a ti mismo, quiérete bien, no permitas cualquier cosa, no aceptes todo. No hemos aprendido suficientemente en “barba ajena”, pero nada hay en la red que no sea susceptible de un modo u otro de salir a la luz. Un buen uso previene siempre de excesos y piensa prudentemente. No sabes quién está viendo el móvil de otra persona, por mucho que confíes en ella, ni tampoco qué puede suceder en un futuro con lo que hoy estás creando sobre ti en internet. Pero insisto, lo más importante es quererse bien.

(7) Lee bien lo que otras personas viven. Ser cercano, aprender a estar sin invadir, respetando, y a la vez siendo próximo. Leer en la red es sinónimo de acoger y empatizar, de responder adecuadamente a lo que otros necesitan y están viviendo. Los jóvenes muy especialmente son transparentes, incluso en su postureo y juego.

(8) Convivir aquí es aceptar y acoger. Twitter y Facebook, Instagram incluso, son redes masivas, verdaderamente de masas entrelazadas entre sí. Aquí el planteamiento es más “una casa” y saber a quién dejas entrar en ella, con un cierto grado de intimidad y cotidianedidad, y quién te ha permitido (y es un valor que hay que reconocer) entrar en la suya, en sus cosas, en sus ocupaciones y preocupaciones. Esta red no se expande al modo de las “masas” sino por cercanía previa; no se unen las comunidades en función de intereses o contenidos, sino de personas. Y esto es de un valor incuestionable.

(9) Están los más jóvenes. Las grandes empresas y proyectos saben lo que eso significa, la cantera que supone. Sus intereses son claramente económicos y comerciales, muy vinculados al consumo de productos, a la imagen y las modas, a las noticias de famosos y a esa cultura del entretenimiento y la diversión (no pocas veces alienante). Me pregunto entonces si hay posibilidad de respuesta, desde otra perspectiva, y de acompañamiento para que no se vean encerrados en un mundo donde sólo hay “lo mismo una y otra vez”, que es la mejor forma de adoctrinamiento posible. Comprender bien que “ahí” (en esa región, en esa especie de país digital) están viviendo los más jóvenes a muchos debería plantearles la necesidad de salir a su encuentro.