Sistematizando el existencialismo

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“La realidad vivida desborda siempre, sin embargo, el sentido de nuestros signos expresivos, que nunca pueden denotarla exhaustivamente… siempre quedará un resto de silencio, un algo sentido, inexpresable o inexpresado, quizá connotado pero no denotado.”
José Ramírez

 

Realizaré una caracterización del existencialismo como inicio de una serie de entregas que pretenden actualizar la discusión existencialista en el marco de lo que he venido denominando reflexión encarnada con el fin de arribar a un existencialismo hoy que pueda dar cuenta de las dimensiones fundamentales de la existencia humana con mayores grados de cercanía, empatía y solidaridad.

Se trata de lograr el encuentro fraterno, el abrazo solidario con el otro desde un compromiso existencial que parta del conocimiento cercano de sí como requisito previo para conocer y encontrarnos fraternalmente con el otro.

Debe quedar claro desde el comienzo mismo que esta caracterización sólo destacará los aspectos más gruesos del existencialismo. En ningún momento se propone desarrollar los múltiples y complejos giros que la corriente efectuó desde Kierkegaard hasta finales de los años cincuenta.

Existencialismo y existencialismos

Tal como lo comenta Sartre a través de su obra, la palabra existencialismo ha adquirido tal amplitud que ha terminado por no significar casi nada dentro de la investigación filosófica. Se ha denominado existencialismo tanto una actitud pesimista y dolorosa en torno a la vida, como también, una  moda o una reunión de coctel. De tal suerte, es comprensible la preocupación filosófica por delimitar el marco sobre el cual una propuesta reflexiva se hace llamar existencialismo. Para ello “hay que limitar la aplicación del vocablo a cierta época y, dentro de ello, a ciertas corrientes o actitudes filosófica”.(1)

El existencialismo es una filosofía que realiza un análisis de la existencia humana en vistas a otorgar un sentido “racionalizado” a las actitudes concretas del sujeto en el mundo. Se comprenderá por “racionalizado” una manera de enfocar el análisis filosófico sólo a partir de la existencia humana, sin separar radicalmente el ámbito de la razón a la experiencia: las razones esgrimidas siempre se harán con la complicidad de estados anímicos frente a vivencias particulares.

Dicho sentido “racionalizado” está desarrollado en los grandes temas tratados por el existencialismo, a saber, el sujeto y la libertad, la muerte, la situación y la contingencia, la angustia y la desesperación, la responsabilidad y el compromiso. Así, el existencialismo: “No busca la verdad, una verdad impersonal e indiferente para todos, sino, con una promesa de universalización sin duda viviente, su verdad, una verdad que responda a sus aspiraciones, colme sus esperanzas y resuelva sus problemas. Este carácter apropiado -pero no apropiativo de la verdad-.” (2)

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A su vez, cabe diferenciar el pensamiento filosófico existencial de una actitud existencial:El existencialismo es, o debe ser, una filosofía. Ciertos autores niegan que tal filosofía sea posible. Manifiestan que desde el momento en que se adopta una actitud existencial se excluye toda posible “racionalización” de la existencia, y que sin tal “racionalización” no es posible, o no es legítimo, hablar de filosofía”. (3) A partir de nuestro recorrido, este es el primer problema al cual se enfrenta el existencialismo, puesto que se tacha de irracional o de vulgar los temas existencialistas. Dicha valoración está justificada por diversos autores al considerar débil la concepción de la razón en el existencialismo.

De modo tal que en una primera aproximación de nuestra sistematización del existencialismo, entenderemos por existencialismo a un pensar racionalizado sobre la existencia humana y, es precisamente allí, en donde vemos la necesidad de volver más cercano y empático al existencialismo hoy y lo haremos, en sucesivas entregas, desde lo que hemos denominado reflexión encarnada.

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Pensar desde la existencia concreta

Por lo pronto, un pensamiento existencial es aquel que se erige como un intento filosófico de comprender la existencia humana sin cosificarla. De esta manera, el existencialismo en la historia de la filosofía surge teóricamente como respuesta o protesta a los sistemas acabados que hacen del hombre una entidad, una cosa acabada. El rescate de la realidad acontece para el existencialismo desde el hombre concreto con sus vivencias particulares y no a partir de la abstracción del individuo:

“Desde este punto de vista el origen del existencialismo se remonta solamente a Kierkegaard, el cual lanzó por vez primera el grito de combate: “contra la filosofía especulativa [principalmente la de Hegel], la filosofía existencial”. Con ello abogó por un “pensar existencial” en el cual el sujeto que piensa -este hombre concreto y, como diría Unamuno “de carne y hueso”- se incluye a sí mismo en el pensar en vez de reflejar, objetivamente la realidad.” (4)

Kierkegaard es el punto de partida historiográfico para desarrollar las caracterizaciones del existencialismo. El autor danés en tanto exige el pensar existencialista con la pretensión de alcanzar la “comprensión” de lo humano sólo alcanzando la comunión con la divinidad, se entenderá como un existencialismo cristiano. A raíz del camino tomado por la investigación existencialista cristiana sea en Kierkegaard, Jasper, Marcel o Lavelle, las consecuencias o la manera en como se desarrollan los análisis de los temas será disímil del denominado, en este gran bloque, existencialismo ateo o el marxista: Se ha intentado asimismo a menudo clasificar las corrientes existencialistas. Se ha hablado en este sentido de existencialismo teológico, existencialismo cristiano, existencialismo ateo y hasta existencialismo marxista. (5)

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A los efectos de esta clasificación que estamos realizando de manera introductoria para continuar nuestras reflexiones en torno a la reflexión encarnada, en el existencialismo ateo cabe incluir a Sartre y con ciertas dificultades a Heidegger. Éste es existencialista sólo en el sentido de una preparación para una ontología, por ello, el mismo autor rechazó la designación de existencialista a su obra, en tanto que su estudio de la existencia humana sólo es una aproximación para hallar respuesta a la pregunta por el ser, no por el ser del hombre como en Kierkegaard o Sartre. A su vez, al existencialismo marxista correspondería, igualmente, al Sartre de finales de los años cincuenta luego de “El ser y la nada”.

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Por otra parte, dada la divulgación del vocablo existencialismo y su estrecha relación con la literatura, el teatro y hasta ciertas conductas esnobistas sociales, se ha abordado su clasificación según la seriedad o no con la cual se discuten los temas del pensar existencial. De esta manera, Jacques Maritain clasificó “por un lado un existencialismo propiamente existencial y un existencialismo meramente académico. El primero es ‘el existencialismo en acto vivido o ejercido’. El segundo es ‘el existencialismo en acto significado’ como máquina de ideas y aparato para confeccionar tesis.” (6).

Y, finalmente, para los positivistas lógicos, desde sus bases y teorías, tomando en cuenta la concepción de la realidad y el método utilizado en el estudio de la misma, es una “barbarie” los temas tratados por el existencialismo y la metodología empleada en su estudio. De esta manera, cada corriente intenta explicar el existencialismo dependiendo de su posición filosófica: Así el existencialismo es interpretado por los marxistas como la filosofía de la burguesía en su estado de degeneración y descomposición; por muchos “tradicionalistas” (en el sentido de “partidarios de la tradición filosófica” y en particular de una philosophia perennis), como una de las más peligrosas manifestaciones del ateísmo moderno; por los racionalistas, como una explosión antirracionalista (…). (7) Estas posiciones justifican su intolerancia al existencialismo en la carencia de funcionalidad que posee este pensamiento filosófico dominado por los “callejones sin salida”, pero, a su vez, no existe ningún aporte que cubra o pretenda cubrir dichos problemas.

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Hacia un existencialismo encarnado

Revitalizar al existencialismo con una reflexión encarnada, que sienta, piense y actúe sus convicciones humanas que construyen Humanidad es mi pretensión en estas sucesivas entregas.  Se trata de un trayecto de vida conceptualizado filosóficamente en donde el itinerar, el ir de una orilla a otra, el trabajar los afectos, las experiencias y los dolores se ha traducido en mayor apertura hacia el prójimo, en mayor ternura, disponibilidad y generosidad para con el otro y para con nosotros mismos, en una búsqueda sin tregua para lograr que esa razón al racionalizar la experiencia humana no diseque, no cosifique, no deshumanice nuestro ser y nuestras relaciones.

Sólo así considero que vale la pena pensar, que al edificar pensamientos lo hagamos siempre con miras a arribar con mayor cercanía y autenticidad al prójimo y a nosotros mismos. Esto es así  porque pienso que toda postura de pensamiento y acción debe partir del individuo concreto, de su estar en el mundo con el otro, lidiando con problemas mundanos en franco diálogo con su interioridad y con la interioridad del otro, con sus afectos, sueños y frustraciones, con sus esperanzas y caminos a transitar.

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Se trata de implicarnos y comprometernos mutuamente al momento de pensar, de sentir y experimentar la dicha de ser humanos y de construir desde allí la Humanidad que anhelamos. Es por ello que el existencialismo revitalizado con la reflexión encarnada , el “existencialismo encarnado”, nos permitirá transitar el camino del abrazo fraterno que nos enriquece como seres humanos,  como personas, aquel que nos dignifica y nos hace vislumbrar un futuro con esperanzas, de  sueños e ilusiones, que son, sin duda alguna, el punto de partida y de llegada para alcanzar a construir un mundo inclusivo de afectos compartidos.

Seguiremos reflexionando en esta dirección. Muchas gracias por su gentil lectura y hasta la próxima entrega.

Referencias bibliográficas:

 (1) VV: Diccionario de filosofía José Ferrater Mora, Tomo 2, Madrid: Alianza Editorial, p. 1088.

(2) Emmanuel MOUNIER: Introducción a los existencialismos, Madrid: Editorial Guadarrama, 1973, p. 24.

(3) VV: Diccionario de filosofía José Ferrater Mora, Idem p. 1090.

(4) Idem 1088.

(5) Idem 1089.

(6) Ibidem.

(7) Ibidem.

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