#SinFiltros: 10 verbos para 50 fotografías

La exposición #SinFiltros es una muestra de fotografía en la que una veintena de artistas gráficos y fotoperiodistas nos acercan a la realidad de las personas refugiadas. Muy especialmente, a la dramática realidad de la gran crisis humanitaria y de refugio que vivimos a las puertas de Europa. Puede visitarse en el Matadero de Madrid hasta el 8 de enero de 2017.

En este breve comentario queremos, sencillamente, invitar a adentrarse en ella. Lo hacemos a través de diez verbos, que son otros tantos flashes, otras tantas invitaciones.

  • Mirar

Ya el subtítulo de la exposición lo dice con claridad: estamos ante una serie de “miradas al éxodo que Europa no quiere ver”. La serie de Sergi Cámara lo plasma de una manera directa, con sus retratos familiares en primer plano, con el mar de fondo. También destaca en este sentido la obra de Ignacio Gil, en Idomeni.

  • Llorar
(c) Alberto di Lolli. En la frontera de Hungría (2015)
(c) Alberto di Lolli. En la frontera de Hungría (2015)

Es algo muy básico en la vida. La tensión se agolpa y, por cualquier nimiedad, explota el llanto. Lo que no es menor es todo el sufrimiento acumulado. No dejéis de visitar la proyección en vídeo de Jaime Alekos, que se muestra al fondo de la exposición; y saborear, si podéis, el llanto absurdo de los niños (tan normal, ¡tan anormal!).

  • Caminar

Kilómetros y kilómetros. A pie. Salir de la propia tierra. Con lo imprescindible. Uno pensaba que esto ocurría solo en África, digamos cuando el genocidio de Ruanda y Burundi. Pero, ¿riadas a las puertas de Europa? Es una experiencia básica: salir de casa buscando refugio. Por eso son refugiadas, pero ¿encontrarán refugio? Podemos quedarnos con la foto de un anciano, realizada por Alberto Di Lolli, o con alguna de las de Czuko Williams en Macedonia.

  • Sostener
(c) Santi Palacios. LEsbos, 2015
(c) Santi Palacios. Lesbos, 2015

Lo más evidente es cómo un adulto sostiene a un bebé por encima de una alambrada o sobre el agua, como muestra la foto de Santi Palacios. Pero la cuestión va más allá. ¿Qué sostiene la esperanza de estas personas en medio de tantas calamidades? Y, en definitiva, ¿qué nos sostiene en la vida? ¿en qué nos apoyamos, quiénes son nuestros apoyos? Y, claro, ¿a quién sostengo, cómo lo hago?

  • Dormir

Podemos imaginar el agotamiento que lleva a dormirse en medio de la nada, en las vías del tren o en un campo de refugiados. Lo que no es tan claro es si podremos imaginar los sueños y las pesadillas que anidan en  lo que parece un plácido sueño, fruto del agotamiento y de la humanidad aún no del todo machacada. Impactante resulta alguna imagen de Nacho Guadaño o la serie del sueco Magnus Wennman, aunque no está en esta exposición.

  • Correr
(c) Juan Medina. Calais, 2015
(c) Reuters/Juan Medina. Calais, 2015

Caminar y caminar y caminar. Y cuando parece que ya no puedes más, otra valla o un ultimátum. Y una carrera. Es la única manera de poder entrar y huir (¿definitivamente?) del horror. La instantánea (ay, paradojas de las palabras) captada por Juan Medina en “la Jungla” de  Calais es muy relevante.

  • Pisar

Hay una delicada y espeluznante fotografía de Óscar Vífer en la que un señor reposa su pie en tierra europea, en la isla de Lesbos. Pie desnudo, en el agua, sobre una roca. Tan firme, tan frágil: la esperanza.

  • Jugar
(c) Ignacio Gil. Dos niñas en Idomeni, 2016
(c) Ignacio Gil. Dos niñas en Idomeni, 2016

Ni la muerte ni el horror nunca tienen la última palabra. Los niños se encargan de recordar y revivir esta verdad. Basta una maleta. Símbolo del éxodo forzoso. Símbolo del hogar que se traslada y se anhela. Símbolo de lo cerrado… y de lo que se puede abrir. Espacio para los juegos.

  • Tirar

Una de las fotos más conocidas e impactantes es ésta de Gabriel Tizón en Lesbos: el cementerio de chalecos salvavidas. El dramático color naranja contrasta con el sombrío negro, el azul oscuro y la polvorienta tierra. La pregunta es si también nosotros tiraremos nuestra humanidad y nuestra memoria, como los chalecos.

  • Gasear
(c) Olmo Calvo. En las fronteras de Europa, 2015
(c) Olmo Calvo. En las fronteras de Europa, 2015

Sin duda, la historia de esta crisis incluye la apatía, la pasividad, la connivencia… y la represión.  Los gases lacrimógenos provocan lágrimas, claro. Lágrimas físicas en las personas que los reciben. Lágrimas morales en quienes los lanzan y en quienes, impasibles, miramos. Olmo Calvo lo ha captado bien.

Hay más verbos, por supuesto. Por ejemplo: estudiar, esperar, besar, respirar, nacer, gritar, bañar… Y hay también más fotógrafos en esta exposición; otros seis, además de los doce mencionados en el texto: Iker Pastor, Pablo Tosco, Juan Carlos Lucas, Mikel Konate, Alejando Martínez Vélez y Bernardo Pérez. Pero este post es solo una invitación a descubrir la exposición y dejarse impactar por la realidad que transmiten las fotografías.

“Sin filtros” alude, en primer lugar, a los filtros empleados en la fotografía. Como dicen los propios autores de la exposición, “no queremos atenuar nada, ni cambiarle la luz. Tampoco modificar el brillo o ajustar el color”. Pero este sentido inmediato se amplía, por supuesto, para referirse a los filtros con los que nos acercamos o nos alejamos de la realidad de las personas refugiadas. Se trata de una exposición que busca interpelar directamente al visitante, tocar su fibra humana, crear vínculos con las personas que tienen que huir de sus casas. Y lo hacen así, sin filtros. Pero, al mismo tiempo, esto mismo desenmascara los filtros que las autoridades políticas ponen para impedir el paso de las personas: vallas, alambradas, cargas policiales, acuerdos políticos de repatriación, incapacidad para crear pasillos humanitarios. Y, si somos honestos con nosotros mismos, quizá podemos descubrir nuestros propios filtros: comodidad, prejuicio, indiferencia, apatía, superficialidad…

Para quien quiera profundizar, recomendamos la excelente crónica de Macarena Moralejo, recién publicada en la revista Razón y fe y que puede descargarse, completa y de modo gratuito, en este enlace.


La fotografía de portada es de Ángel Colina.

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