Sin Norte

Foto tomada de: http://imagenes.4ever.eu/tecnologia/brujula-169157

Tengo la sensación que se dan palos de ciego. Que nuestros políticos giran la cabeza para todas partes, sin centro gravitatorio alguno, y  sin que encuentren un horizonte hacia dónde dirigirse o al menos mirar.

Resulta alentador oír y, en ocasiones ver, que la cota de diálogo va en aumento, o así al menos lo parece, en esta nueva legislatura. Y que ese “sentarse a hablar” da algunos frutos que nos vuelven algo más optimistas.

Este cambio de rumbo puede ayudar a reconducir aquellas decisiones políticas tomadas a golpe de decretazo y por pura mayoría, sin contar con el resto de representantes parlamentarios.

Como rectificar es de sabio, aunque sólo sea porque no tengo la mayoría absoluta, quiero pensar que el camino emprendido podrá recomponer los recortados derechos que los presupuestos han dejado.

Intento ver el vaso medio lleno, pero reconozco que me cuesta. Sobre todo porque esas modificaciones a leyes decididas unilateralmente, parecen más un parche que una respuesta sólida a los verdaderos problemas que la ciudadanía vive en estos momentos.

Porque no entiendo que sea más central hablar del liderazgo del partido, ya sea por las ideas o por si presenta o no a las primarias, que del aumento de la pobreza en nuestro país.

Me cuesta mucho asimilar que se quiera crear un pacto para establecer la jornada laboral hasta las 18:00, pero que no se haga para acabar con la precariedad laboral. O que la respuesta a la situación que viven los desempleados y desempleadas de larga duración y los jóvenes, se la de “seguiremos trabajando para que ambos colectivos encuentren una oportunidad”.

Está claro que cuando el objetivo es permanecer en el poder, cuando el objetivo es llegar al poder, se pierde la perspectiva y se yerra el tiro. Se dan bandazos, se cambia aquello que no implique una alteración del orden establecido, pero que públicamente sea visto como el sensato fruto del diálogo. Así hacemos ver nuestro buen talante, sin tocar para nada las reglas del juego.

Mantener las apariencias políticas tiene un coste ciudadano: se parchea la realidad, sin ir al fondo de las causas que provocan la pobreza, el desempleo, los desahucios, los sin hogar, el fracaso escolar, la desestructuración familiar… y convierte el noble oficio de la política, del servicio al bien común, en la mayor de las traiciones.

La irresponsabilidad de, aun habiendo sido elegido por todos y todas, representarme a mí mismo o a mi partido supone olvidar lo esencial: contribuir al desarrollo armónico de la convivencia humana, haciendo prevalecer la justicia y poniendo en el centro de cualquier decisión la dignidad de la persona.

Para que sea posible, debemos, como comunidad política y como ciudadanía, revertir el sistema: pensar primero en los pobres, devolverles lo que se les ha arrebatado y eliminar para siempre lo que ha provocado su miseria.

Y recordemos, como dice el papa Francisco, que: “El futuro de la humanidad no está únicamente en manos de los grandes dirigentes, las grandes potencias y las elites. Está fundamentalmente en manos de los pueblos, en su capacidad de organizarse y también en sus manos que riegan con humildad y convicción este proceso de cambio”.


Foto tomada de: http://imagenes.4ever.eu/tecnologia/brujula-169157

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