Simplemente humano

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Nuestro mundo, dominado por la ciencia y la técnica, no ha podido eliminar las grandes preguntas, todo lo contrario. La atmósfera postmoderna y nihilista con su escenario de los simulacros e interpretaciones, no ha conseguido eliminar el sentido y las grandes preguntas por nuestra humanidad y dignidad. Hoy más que nunca se habla sobre el hombre y su humanidad, más que nunca sigue siendo una pregunta abierta, en una realidad siempre en cambio y transformación.

Desde la tecnología y la neurociendia, la palabra clave es el posthumanismo. Una  corriente de pensamiento que promete al hombre una nueva era, donde la relación del cuerpo, mente y la máquina nos hará más inteligentes, más longevos, más perfectos y más felices. Como una profecía del libro de la ciencia, nos anuncian que dentro de poco no habrá ciegos, ni sordos, ni cojos, conectado nuestro celebro a una serie de periféricos, aumentando nuestra interacción con el entorno.

Se atreven a vaticinar que no solo se eliminará la enfermedad y el sufrimiento, también el envejecimiento, incluso la condición mortal. Una especie de hombre-máquina, sometido a los intereses sociales, políticos y económicos. En estas afirmaciones están implicados importantes científicos y pensadores como el ingeniero de Google Ray Kurzweil, o el filósofo Peter Sloterdijk.

Lo cierto es que las máquinas ya nos superan en muchos ámbitos, el último prodigio de la inteligencia artificial es un algoritmo que aprende a reconocer la escritura en 50 alfabetos, generando conceptos nuevos que hasta ahora estaban reservados sólo al hombre. Hoy tenemos teléfonos inteligentes, ordenadores inteligentes, tabletas inteligentes, mañana puede que otras cosas.

Artilugios tecnológicos impensables, puede que en el futuro hagan la vida más fácil, no estaría mal. Prótesis para nuestros órganos, o bien conexiones para nuestro celebro que nos harán interactuar con el entorno de forma más efectiva.  La pregunta es si todo esto nos hará más humanos, menos centrados en nosotros mismos, más éticos, más preocupados por los grandes problemas del hombre o de nuestro propio planeta.

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El filósofo Peter Sloterdijk, entiende el humanismo como un periodo de domesticación racional del hombre y la expansión de su poder sobre todo los objetos, colocando al ser humano en el centro del mundo, comprendiéndolo todo desde sí mismo. Propone una realidad post-humanista que parte de la fascinación por todo lo que nos rodea y un despojamiento de toda singularidad subjetiva. Un mundo donde no es fácil distinguir entre lo natural y lo artificial, un mundo ecológico más amplio dónde se incorpore la tecnología y la máquina.

La filósofa Rosi Braidotti, afirma que se están borrando las fronteras entre lo real y lo virtual, con lo que es necesario construir un futuro más humano transcendiendo la negatividad y aprovechando las ventajas de las nuevas tecnologías. No estamos en final de lo humano sino en otro nivel superior de consciencia, en un nuevo salto evolutivo.

Albert Cortina y Miquel-Àngel Serra, ante la pregunta ¿Humanos o posthumanos?, afirman que estamos ante un gran debate sobre el futuro de la condición humana y la organización social. Para ello se necesitará un humanismo fundado en la conciencia universal, abierto a la trascendencia, centrado en la libertad y la dignidad de la persona.

Hannah Arendt afirma que el sufrimiento y el esfuerzo forman parte de la condición humana, no son meros síntomas; son los modos en que la vida, junto con la necesidad a la que se encuentra ligada, se dejan sentir. Para el hombre la vida fácil, sería una vida sin vida. Fue la propia H. Arendt la que afirmó que fue San Agustín el primero en suscitar la cuestión antropológica en la filosófica, con las preguntas ¿quién soy? y ¿qué soy?, la primera se dirige al hombre, la segunda a Dios. Insiste la pensadora que la condición humana no es menos teológica que la cuestión de Dios.

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El hombre en cada momento histórico está en constante búsqueda de su humanidad, ya que es realidad existencial que ayuda a vislumbrar el sentido de su vida. En esta búsqueda descubre que el mismo es también un enigma, hay algo en él sin límites, sin comprensión posible. Esta parte enigmática e incomprensible de nuestro ser no podrá ser abolida ni por la racionalidad, la ciencia, la tecnología, ni por la fe.

El hombre debe aprender a convivir con lo “insoportable”, con lo indecible que hay en él, que no puede llenar ni la ciencia, ni la técnica que son simples medios a su servicio. Aun contrayéndose con la racionalidad, con el sentido, con la afectividad, con Dios, se construye también con esa parte indecible e  indescifrable de su persona. Si no está preparado para esta realidad, perderá su posibilidad de ser. Es esa realidad espiritual, es la parte más esencial de lo humano, es lo hace que la persona se supere a sí misma, salga de sí y sienta el deseo de sentido.

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