El Siguiente Paso Posible

CLASES PRÁCTICAS: LIQUIDACIÓN TEÓRICA DE LA HUMANIDAD Dibujo: Jorge Álvaro González @ lineograma

¿Ideas o realidad?

Escribía Tony de Mello que: “El hombre no es cruel por naturaleza. Se hace cruel cuando es infeliz o cuando se entrega a una ideología”. Y añado: nos hacemos crueles cuando nos entregamos a un conjunto de ideas que nos desconectan de la realidad posible y mejor para todos, y nos conectan a un ideal imposible a costa de los otros. Seguro que hombres que cometieron grandes barbaridades en guerras pasadas y actuales eran tiernos maridos y padres cariñosos, pero a los que su afán por mantener un sistema autoritario o una ideología excluyente les hizo capaces de grandes crueldades.

Nos gustan las ideas, nos distraemos con ellas continuamente. A veces nos gusta tener las propias, otras veces nos gustan entregarnos a un conjunto de ellas que pretendemos nos definan. Las ideas no son buenas o malas en sí mismas. Son buenas cuando nos sirven de guía para una realidad mejor y no tanto cuando nos alejan de ella.

¿Qué pasa, entonces, cuando las ideas nos distancian de nuestra cotidianidad real?

Dice el Papa francisco en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium (EG) que cuando “desconectamos la idea de la realidad se originan idealismos que no convocan. Es como suplantar la cosmética por la gimnasia.”

Las ideas se desarrollan en función de nuestra percepción y comprensión de la realidad. Desde esa concepción elaboramos pensamientos y conceptos que tratan de imaginar nuestra siguiente realidad deseable. Pero la percepción depende del observador y sus medios técnicos, que inevitablemente deforman la realidad. Por lo tanto, los modelos que “idealizan” los procesos de esta realidad tan compleja y llena de incertidumbre, nunca pueden ser completos.

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He leído un excelente artículo de David Blázquez sobre las “fakes news” donde argumentaba que la mentira y la propaganda ya no están reservadas a los estados o personalidades. La revolución tecnológica y social ha favorecido el acceso a la información y la masificación de ideas y mensajes. Y esto, siendo bueno, también ha favorecido que la mentira y las ideas falsas se instalen dentro de nuestros imaginarios como realidades paralelas.

En muchas ocasiones, demasiadas, las ideas teóricas que tenemos o apoyamos no tienen los resultados prácticos esperados. A veces, tienen efectos totalmente contrarios. Esto nos obliga vincularnos más a la realidad que vivimos y a la que queremos contribuir. Nos lleva a buscar más la realidad que la idea, a sentirla y, si es posible, a medirla con nuestras mociones o nuestro números.

¿Cómo conseguir que las ideas nos acerquen a nuestro mejor futuro posible?

El Papa Francisco continúa, en EG, animándonos a fomentar acciones que generen dinamismos nuevos en nuestra sociedad que contribuyan a una mejor realidad. No busquemos idealismos, ni ideologías, sino simples y sencillas ideas accionables que nos permitan evaluar su impacto en nuestra realidad.

Tenemos que enfocarnos en procesos que nos permitan dar, como dice mi buen amigo Elías Lopez sj., el siguiente paso posible. Las nuevas teorías de innovación y liderazgo basan el aprendizaje y la mejora continua en la experimentación controlada de ideas y prototipos. Otto Scharmer, a través de su teoría U, nos insta a liderar desde el futuro mientras este emerge a través del prototipado continuo de ideas. Esto requiere un proceso interior personal y colectivo de conciencia, amplitud y libertad para que emerjan respuestas nuevas y mejores en un mundo complejo y cambiante. Otros autores, como Woolcock y Andews, se alejan de “soluciones o ideas universales” para trabajar experimentando desde las diferentes realidades de cada contexto.

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Y esto, que nos afecta en nuestra realidad particular, también aplica a nuestra realidad compartida y común, la que gestionamos a través de la política. Y con mayor importancia, si cabe, porque las ideas afectan a una mayor realidad. Esto nos lleva a ser más consciente de las mismas y su posible impacto en la realidad. Debemos ser más audaces en la prudencia, pero sobre todo, más abiertos para experimentar con ideas conocidas y desconocidas en ámbitos acotados que podamos evaluar y de los que podamos aprender.

¿Qué idea me lleva a nuestro mejor siguiente paso posible?

No habrá una idea única, pero si hay una realidad común que vivimos y sentimos. Una realidad que nos emociona, que satisface nuestra necesidad básica y la de los otros y nos permite sacar lo mejor de nosotros mismos. Debemos instaurar un diálogo constante entre la idea teórica y la realidad práctica, evitando que la idea termine separándose de la realidad y limitando, en consecuencia, nuestra libertad. Tenemos que ser más conscientes y adquirir tanto conocimientos teóricos como prácticos para poder distinguir los siguientes pasos posibles y evitar el próximo resbalón. Así, aprenderemos sobre qué nos lleva a un mejor futuro para todos.

Acabo con una petición del papa Francisco: “¡Pido a Dios que crezca el número de políticos (y ciudadanos) capaces de entrar en un auténtico diálogo con la realidad que se oriente eficazmente a sanar las raíces profundas y no la apariencia de los males de nuestro mundo!

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