Por Ulf Jonsson SJ. Director de la revista Signum. Uppsala (Suecia)

El lunes 31 de octubre, el papa Francisco visitará la ciudad universitaria de Lund, en el sur de Suecia, para tomar parte en la conmemoración del 500 aniversario de la Reforma Luterana. Este evento ecuménico ha sido organizado conjuntamente entre la Federación Luterana Mundial y el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. El hecho de que la reunión tenga lugar en Lund se debe, concretamente, a que fue en esa ciudad donde se fundó la Federación Luterana Mundial, en 1947. Entre otros eventos, habrá una celebración ecuménica en la catedral medieval de Lund por la mañana, otro gran evento ecuménico por la tarde en el Estadio de Malmö y, ya en la mañana del martes 1 de noviembre, el Papa celebrará la eucaristía en Malmö, antes de regresar a Roma.

Ciertamente, el Papa puede esperar un recibimiento lleno de buena voluntad, no solo por parte católica sino también por los medios de comunicación. Ningún otro Papa ha sido tan apreciado en la esfera pública sueca como Francisco. Para muchos, es visto como uno de los líderes mundiales más reconocidos e influyentes, incluyendo a muchas personas alejadas de los círculos creyentes.

El autor del post, Ulf Jonsson SJ, con el papa Francisco

El autor del post, Ulf Jonsson SJ, con el papa Francisco

Hay que recordar que, en Suecia, un fin de semana normal, pueden asistir a servicios religiosos en torno a medio millón de personas (el 5,5% de la población): unos 220.000 a la iglesia luterana y otros 2800.000 divididos entre denominaciones evangélicas (pentecostales y baptistas, sobre todo) y otras denominaciones con un fuerte componente migratorio (cristianos católicos y ortodoxos, así como musulmanes).

En cuanto a las relaciones ecuménicas, parece que no habrá visita papal a Alemania, tierra natal de Lutero en este año de conmemoración de la Reforma. Por ello, la visita a Lund cobra mayor relevancia. Habrá que ver el peso que tiene para el diálogo luterano-católico internacional. En el plano local sueco, este encuentro puede contribuir a renovar e impulsar las relaciones ecuménicas. Y es que, aunque el clima ecuménico no es tan favorable como pudo ser a finales de los años 80, y a pesar de que desde entonces han surgido nuevos obstáculos, también existe hoy entre muchos creyentes la esperanza de que se pueden dar pasos visibles y concretos hacia la unidad de los cristianos.

Por ello, es incluso un motivo de mayor alegría recordar que la cabeza de la iglesia luterana sueca, la Arzobispo de Uppsala, Antje Jackelén, ha dado recientemente señales de que quiere trabajar a favor de una nueva fase de la colaboración ecuménica entre católicos y luteranos. En un largo artículo publicado en Svenska Dagbladet, hace unos meses, urgió a aprovechar esta ocasión en Lund. Autocrítica, reconoce que la Reforma en Suecia se hizo de la mano del poder político, con coerción y, en ocasiones, contra la voluntad de la gente, lo cual llevó a persecuciones por motivos de fe. De aquí, concluye: “No hay razón para una celebración jubilar triunfalista”. En lugar de ello, ahora es el tiempo de “sanar la memoria, del ecumenismo del amor y del estar juntos, de escucharnos unos a otros y de la amistad”.

Justo en los días que estaba escribiendo estas líneas, me encontré a Heinz Jackelén, el marido de la Arzobispo luterana Antje Jackelén, por la calle, al lado de su casa en Uppsala. Se me acercó y me saludó, con sonrisa amistosa: “¡Celebremos juntos en Lund!” Sí, esperemos que la reunión de Lund sea una experiencia constructiva y positiva, una señal hacia un futuro común. Quizá la mejor forma de celebrar conjuntamente sea dar testimonio claro de que el evangelio es una fuerza vivificadora y sanadora, también en nuestro tiempo. Demos juntos razones para la esperanza que podemos llevar juntos, como cristianos. Que la reunión de Lund sea una manifestación de por qué es importante y significativo vivir la fe cristiana, también en nuestro tiempo. Necesitamos ese tipo de testimonio de fe cristiana, en nuestra latitudes, de modo que el mundo pueda creer.


Foto de portada: El papa Francisco saluda a la arzobispo luterana de Uppsala, Antje Jackelén