El siglo de las actitudes. Parte II

siglo de las actitudes
https://pixabay.com/es/medios-de-comunicaci%C3%B3n-social-social-2314696/

Hace un par de semanas estuvimos hablando de la importancia de las actitudes, resaltábamos la paradoja de que siendo este siglo preconizado como el de la sociedad del conocimiento, posiblemente quede marcado como el siglo de las actitudes.

A continuación, queremos destacar cinco actitudes que, aunque provienen de lo analógico consideramos que constituyen el núcleo de lo que podríamos llamar el ciudadano de la red.

Actitud sélfica

La primera actitud que queremos señalar la llamaremos sélfica, comportamiento que se asume desde la condición “yo soy el centro de todo y necesito irremediablemente de los demás para poder serlo”. El sélfico tiene como moneda de cambio el “me gusta”, el “te sigo” y el “retuit”. El selfie es solo una consecuencia, tiene raíces más profundas, pero caracteriza singularmente esta actitud; en el selfie todo excepto el protagonista está en segundo plano. Da igual el día, la hora y el sitio, se trata de irrumpir entre la multitud reclamando reconocimiento e incluso, aprobación.

Para comprender que este nuevo egotismo es propio de nuestro siglo, basta con imaginar qué pensarían nuestros antepasados si le dijéramos que nos vamos felices a la cama porque un centenar de personas nos han dicho en el bar de la esquina que les gusta lo que hemos hecho en el día.

[ctt template=”3″ link=”sM8eN” via=”yes” ]El sélfico afirma “yo soy el centro de todo y necesito irremediablemente de los demás para poder serlo”[/ctt]

Esta economía del “like” guarda dentro de sí una pretensión cooperativa, es decir, la reciprocidad es sumamente importante. Entregamos los “me gusta” a cambio de recibirlos. De esta manera el contexto es absolutamente irrelevante (no importa que el tema sea política, economía o veganismo) y por otro lado, se entremezclan los conceptos de amistad con el de fanatismo,  y el de la lealtad con el de la incondicionalidad.

Puede interesarte:  Sobre el tecnoestrés y la infoxicación en el ámbito escolar

Click and go

Todo clic ha de estar sucedido de una emoción, de un estímulo para nuestros neurotransmisores, la gratificación ha de ser inmediata. De esta forma vivimos nuestras relaciones con el videojuego, las apuestas, las redes sociales, el chat y hasta el sexo.

El mercado lo ha entendido muy bien, ya no ofrece pasillos interminables sino emociones, experiencias. Dicho de otra forma, las tiendas no venden, transmiten.

De tanto obtener compensaciones instantáneas en la red, la actitud se traslada a todas las esferas de la vida. Señalan los medios que algunos jóvenes antes de salir de fiesta optan por comenzar la noche con una experiencia con una prostituta; de esta manera, acuden a la fiesta “aliviados” y ya no necesitan hacer ningún esfuerzo para iniciar una relación con nadie.

El click and go, a largo plazo nos pone frente a dos problemas a resolver: incapacidad para vivir la frustración e imposibilidad para comprender que las cosas verdaderamente importantes en la vida llevan su tiempo; así lo expresa magistralmente Simon Sinek en una charla sobre los millenials.

Trend hunter

Como tercera actitud queremos señalar la del trend hunter. Es lo contrario a la resistencia al cambio y consiste en dar por bueno cualquier cosa siempre y cuando sea nueva, sea tendencia o sea moda.  Encaja muy bien con la tecnofilia, pero va más allá de la afición por lo tecnológico.

A diferencia del seguidor de la moda, el trend hunter tiene discurso. No es lo mismo que estén de moda los pantalones de pitillo a que se haga discurso sobre la conveniencia e importancia de dichos pantalones.

Puede interesarte:  Los nuevos jóvenes (I): del tejido social al enjambre digital

¿Ejemplos? La reputación es mejor si es digital, la transformación digital se convierte en la mayor preocupación de las organizaciones, el coaching pretende poner en jaque a la psicología, la habilidad social desplaza al conocimiento y la experiencia. Se trata de la apertura incondicional al cambio, sin poner bajo sospecha absolutamente nada, pero con discurso justificador; por eso no es solo moda.

[ctt template=”3″ link=”M40cm” via=”yes” ]Estamos ante la apertura incondicional al cambio, sin poner bajo sospecha absolutamente nada, pero con discurso justificador[/ctt]

Basta con que se ponga en boga una teoría, método o ideario para que multitudes se vuelquen a repetir sus argumentos con escasísimo pensamiento crítico. Al fin y al cabo, no se abraza la corriente, no se sigue a la teoría, se sigue a la procesión mediática que redundará en intercambio de likes, retuits, y proximidad a los influencers. No importa el conocimiento, es sociedad del espectáculo.

Visión Glocal

Aunque el término glocal lleva ya varias décadas, consideramos que sigue siendo vigente para definir el comportamiento de personas que gracias a las bondades de las TIC están cada vez más informadas sobre los problemas más graves que sufre la humanidad, con un alto nivel de conciencia sobre la interdependencia que existe en el mundo globalizado; y a la vez, comprometidos con acciones en el contexto local en el que conviven.

El activismo, el voluntariado, las reivindicaciones de colectivos feministas, sindicales o ecologistas cada vez son más militadas por personas que tienen un enfoque glocal de la realidad.

El compartir

Culminamos con una de las actitudes que desde los inicios de la cultura digital ha caracterizado el comportamiento en la red, el compartir.

Puede interesarte:  7 formas de usar Instagram en el aula

Compartir no es dar lo que nos sobra, y tampoco es dar lo que no nos pertenece. Compartir, supone en la red, poner al alcance de los demás los bienes que tengo y que pueden servir de ayuda a otros, ya sea: información, conocimientos, técnicas o recomendaciones. El compartir es lo que permite que exista comunidad.

[ctt template=”3″ link=”N1cP2″ via=”yes” ]Compartir, supone en la red poner al alcance de los demás los bienes que tengo y que pueden servir de ayuda a otros[/ctt]

En 1993, Howard Rheingold acuñó el término “comunidad virtual” (Rheingold, 1993) y desde entonces se han suscitado múltiples interpretaciones y se han ensayado muchas posibilidades de comunidad. Como no podía ser de otra forma, el término genera mucho entusiasmo y puede servir para llamar comunidad a cualquier cosa. Apenas unos años más tarde, Lagndon Winner lo calificó como uno de los mitos ciberlibertarios; venía a advertir que comunidad virtual es algo más que un conjunto de interrelaciones gratificantes entre personas de distintos sitios del planeta conectados por intereses en común. Además de eso, comunidad también supone: obligaciones, responsabilidades, límites y cuotas de trabajo.

La comunidad, ese círculo cálido que contiene las lealtades humanas de sus miembros, (Bauman, 2003) es también, en palabras de Raúl González F. “el sitio donde se da lo que se tiene y se toma lo que se necesita”; y eso, es el compartir.

Referencias:

Rheingold, H. (1993) The virtual community. Addison-Wesley. Reading, USA.

Bauman, Z. (2003) Comunidad. En busca de seguridad en un mundo hostil. Madrid. Siglo XXI

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.