Sexo, jóvenes e internet

Cuando leo estudios sobre jóvenes, como el presentado recientemente por el Centro Reina Sofía de Adolescencia y Juventud, que destaca en portada que más de 8 de cada 10 jóvenes conoce o ha conocido violencia en parejas de su edad, pienso en internet. Los jóvenes reconocen ampliamente que es su fuente principal de información sexual. Sexo de muchas maneras presentado. Y allí encuentran de todo, evidentemente: insinuaciones sexuales, fotos eróticas, vídeos porno de amplio espectro; lenguaje sexista, chistes machistas, un imaginario poderoso; páginas especializadas, webs politizadas… No creo que los chavales busquen en internet lo mismo que le interesaría a un médico o a un experto.

Comparto algunas reflexiones y preguntas al respecto. Mezclo datos y reflexión personal a propósito.

1.    Mi desarrollo en el smartphone. El teléfono puede ser todo lo inteligente que queramos, que se reduce siempre a la capacidad de quien lo tiene en sus manos. Es decir, cada cual hace lo que sabe y no puede ir más allá de ello. Un joven por tanto lo reducirá a sus experiencias y lo usará en esa línea. Si el adolescente está desarrollándose como persona en todas sus dimensiones, el móvil servirá a ese objetivo y a sus intereses. Aunque también es cierto que el móvil puede llegar a usar a su dueño más que a la inversa. Una de las dimensiones que el adolescente está interesado en explorar y conocer es su sexualidad. Sin asustar a nadie, se me hace difícil imaginar a un adolescente sin saciar ciertas curiosidades digitalmente. Otra cuestión será hasta qué punto, con qué grado de implicación personal, con qué consecuencias.

2.    Los jóvenes utilizan sexualmente las redes sociales. Pocos padres lo hacen notar a sus hijos, dicho sea de paso. Por un lado para verse a sí mismos y buscar aplausos y reconocimiento social. Algo básico. Por otro, para relaciones y contactos más personales e íntimos, que se escapan de todo control. Ya no se trata sólo de fotos que se intercambian, y que no sabemos dónde van a parar y qué será de ellas, sino de vídeos, de encuentros, de quedadas con conocidos y extraños. Snapchat crece como una red social vinculada al sexo, lo queramos ver o no. Ask está lleno de insinuaciones sexuales y preguntas íntimas escudados en el anonimato. No es difícil encontrar perfiles en Instagram o Twitter con contenido sexual adolescente.

3.    Fortaleza emocional de la red. Cualquier red social sirve para potenciar una amistad, como bien reflejan las estadísticas en las que los propios jóvenes lo cuentan, como para crear vínculos nuevos con personas desconocidas, amigos de amigos, desconocidos de desconocidos. No pocas veces estas relaciones son muy a distancia, con otras personas a las que creen que nunca jamás conocerán, y con quienes traban un vínculo desprovisto de su realidad más directa, con lo que esto conlleva. A su vez, son vínculos en los que no pocos chavales ponen su confianza, expresan su intimidad, encuentran apoyo y consejo de alguien lejano.

4.    Desvinculación de otros aspectos de la vida personal y de pareja. Es decir, que el sexo se ve aislado de la realidad global de la persona y del itinerario con la propia pareja. No pocas páginas web, de las que son fuente de información ordinaria de los adolescentes, lo tratan como pura necesidad biológica sin mayor sentido humano o personal. Una dimensión desligada por tanto del amor, de la entrega, de la intimidad, de la confianza, de la exclusividad. ¿Está la familia al margen de esto?

5.   Crecen las redes de encuentro sexual. Ya no se trata simplemente del chat en el que ir conociendo personas, entablando conversación y ver intereses, sino aplicaciones directamente relacionadas con el sexo para quedadas esporádicas. Como se ha visto recientemente la cifra de usuarios es notable, y su uso es muy privado y secreto, incluso silenciado en los círculos más próximos, pero no es algo que pueda garantizarse totalmente. El dilema no es sólo en relación a la garantía de privacidad. En la red también se refleja la cultura hipersexualizada en la que vivimos, que al mismo tiempo se muestra incapaz de vivir su sexualidad con claridad, generando conflictos y tensiones interiores.

6.    Más de la mitad de los jóvenes reconoce haber visto porno en internet. Puntualizo: “reconoce” y “jóvenes”, y reiteradamente. España está en el top 10 de los países con mayor consumo pornográfico del mundo, contando también los adultos. Esto indica que está cercano, es de libre y fácil acceso, y compartido por otros. En principio, la página web pregunta por la edad o avisa del contenido adulto del vídeo, pero a todas luces esta medida de control es insuficiente. Independientemente de la valoración ética y moral –que considero, por otro lado, necesaria y clarificadora-, surgen también nuevas preguntas: ¿Qué tipo de imagen sexual está viendo el joven, a qué lo asocia y qué tipo de sexualidad genera?

7.    La crítica feminista del porno. A modo de ver incluye apreciaciones de lo más interesantes y derrumba el mito de la liberación. En muchos casos lo que hay detrás es una industria económica pura y dura, interesada en la riqueza y nada más. La imagen de la mujer queda reducida al uso y disfrute del varón, también a través de la red. En esta crítica lo que subrayaría sería la reducción de lo sexual a lo puramente genital, a lo físico.

8.    Cibersexo. Incluye intercambiar mensajes, fotos o vídeos, sincrónica o diacrónicamente, de carácter sexual. Es una ficción, una especie de “juego” en el que unos y otros cuentan lo que harían. Como siempre decimos, no se sabe qué puede pasar con esa información que sale de nuestro poder. Pero además, conviene saber que es fuente –no siempre- de casos de extorsión y manipulación, pasando a lo que se llama sexting. Wikipedia avisa incluso de que su práctica entre adolescentes crece. A mi modo de ver, ya no se trata sin más de una práctica adolescente privada e íntima, sino que el cambio se da al ser compartida y, por tanto, de algún modo también pública. El cibersexo no se reduce a una persona, sino que puede extenderse a varias.

9.    Páginas porno que incluyen categorías adolescentes. Las páginas porno incluyen motores de búsqueda internas con múltiples variantes. Muchas de las relacionadas con adolescentes y jóvenes son vídeos e imágenes robadas a través de chats y publicadas posteriormente. No hace falta bucear en la web profunda para encontrarlas, donde todo sería aún peor. Son páginas en las que se comercializa el sexo, evidentemente orientadas a ganar dinero con publicidad. Cosas del libre comercio: tú quieres, yo te ofrezco. No sé hasta qué punto una sociedad desarrollada puede permitir esto. Bien sabemos que la legislación en la red, dada su globalidad, resulta compleja y difícil. Lo que cabe preguntarse, sin lugar a dudas, es sobre de qué tipo sociedad que produce y consume este tipo de información robada a otros.

10. Controles parentales. Existen muchas formas de “capar” la red. Desde los propios exploradores hasta aplicaciones específicas. Es fácil encontrar manuales para quien esté interesado en ellos. La cuestión, sin embargo, va mucho más allá. El único control parental posible es la buena educación que se haya dado, la cercanía y la confianza. Y esto no son palabras vanas ni recurso fácil. Porque una cosa es limitar el acceso a determinados lugares de la red, y otra muy diferente ser capaz de controlar aquello que comparte el niño, adolescente o joven a través de ella.

La conclusión la titularía sobre la insuficiente educación sexual. Como decía al principio, dada la desorientación social, de ahí ciertas preguntas. A pesar de que hay opiniones para todo, lo común suele ser que no da igual. Cuando los adultos hablamos de estas cuestiones nos damos cuenta de las implicaciones personales que tiene. Destaco que a nadie le suele dar igual, a pesar de la diversidad, luego es necesaria una educación al respecto. Falta mucho por hablar, pero la pregunta que queda en el aire es quién lo aborda y cómo.

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1 Comentario

  1. Me atrevería a decir, buena epistemología.
    Sigo leyendo y aprendiendo de sus artículos.
    Muchas gracias.

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