Ser y comunicar

Leni Riefenstahl fue una gran cineasta, en una época en que el cine constituía una nueva tecnología rompedora y pocas mujeres desarrollaban una carrera profesional de primera fila, fuera de ámbitos muy determinados (por ejemplo, había grandes actrices de cine, pero no grandes directoras como Leni).

En Youtube puede encontrarse completa su película más conocida: Triumph des Willens (1935). En ella, Leni Riefenstahl dispuso por primera vez en la historia actos políticos con miles de personas de manera que salieran bien en su película. No es solo que filmara los eventos y luego procesara las tomas en la sala de montaje, sino que organizó los eventos para ser filmados. Y así, el congreso nazi de Nüremberg de 1934 fue el primer hecho político de la historia donde no solo las cámaras estaban según había decidido la directora, sino también los símbolos del partido, la colocación de las masas y los mismos movimientos del líder fueron orquestados por ella para su filme. Una genio de la comunicación, digna de medalla de oro.

Joseph Goebbels fue el Ministro del Reich para la Ilustración Pública y Propaganda entre 1933 y 1945. El supo como nadie utilizar las nuevas tecnologías, en particular la radio y el cine, para comunicar la ideología nacionalsocialista primero, las políticas del gobierno nazi después, y finalmente para crear la voluntad de guerra total en el pueblo alemán. Con gran eficacia hay que decir: la perdieron, pero fue total, qué duda cabe. No quedó piedra sobre piedra.

Hasta entonces, los discursos políticos eran presenciados por los asistentes en el acto, oídos si acaso por quienes tenían un aparato de radio familiar, que no eran muchos, y luego comunicados por vía impresa, en forma de pasquines y recogidos por los periódicos. Goebbels llevó esos discursos hasta el último rincón de Alemania colocando altavoces en las calles, y salas de proyecciones en cada barrio y pueblo. Por tales medios podía asistirse a actos políticos de gran significación que ocurrían en las principales localizaciones del Reich, sin tener que desplazarse. Una auténtica politización de la gente, con grandes efectos de movilización popular. No sé si sus habilidades comunicacionales se estudian en las universidades, pero bien podría ser.

Adolf Hitler fue probablemente el primer político que entendió el potencial de los nuevos medios de comunicación (Mussolini es otro candidato: creador de Cinecittà y gran potenciador del Istituto Luce). No es solo que dejara hacer su trabajo a Riefenstahl y Goebbels (de hecho, los fichó en persona), sino que él mismo fue el primero en utilizar un avión para hacer campaña electoral (lo que le permitía un nivel de presencia física en los lugares hasta entonces desconocido); y ensayaba sus discursos haciéndose fotografiar, para ver cómo quedaban los diversos gestos en imagen. En el histrionismo oratorio que le hizo famoso antes de serlo por otras razones, no había nada improvisado. Todo estaba ensayado para mover los sentimientos de su auditorio, primero, y de toda Alemania después a través de los medios de comunicación tradicionales y modernos. Tampoco sé si se estudiará en universidades, pero este no perdía diputados: en cada elección sacaba más que en la anterior. Hasta que dejó de haber elecciones, claro.

Frente a Hitler, el correspondiente primer ministro inglés, Neville Chamberlain, luce patético. Del partido conservador, con su cuello duro y su corbatín decimonónicos, cree que ha conseguido algo porque ha entregado Checoslovaquia a cambio de un papel firmado por Mr Hitler con la promesa de que no habrá más reclamos. Un desastre comunicacional y político. Un partido nuevo le gana la partida comunicacional (el impacto de Hitler es mucho mayor que el de Chamberlain sobre la política anterior a la guerra) y le engaña en el terreno político.

Lo primero es lógico: sin inercias del pasado, sin formas de hacer política heredadas, los nazis pueden escoger lo más moderno, copiar algunas cosas de la Rusia soviética y de la Italia fascista, también dos regímenes jóvenes para entonces, y crear comunicación política libremente. Mientras Azaña habla una vez en la campa de Comillas, Hitler habla a la vez en toda Alemania cada vez que quiere.

Pero lo segundo resulta más relevante. La comunicación es, finalmente, apariencia. A corto plazo reaccionamos a la apariencia, los más cegatos al menos, y parece que los maestros de la imagen ganan el día. Pero la calidad moral del liderazgo politico, bien o mal comunicado, termina siendo lo esencial. La calidad moral define a largo plazo los frutos reales de un liderazgo. Y en esa calidad hay grados. Chamberlain no es un político de buena calidad moral: sacrifica a Checoslovaquia, deshonrando la palabra de Gran Bretaña, por la paz. Hitler es aún peor: promete la paz mientras organiza el país entero hacia la guerra; no solo está dispuesto a romper su palabra, sino que su palabra es intencionalmente mentira ya cuando la pronuncia.

Riefenstahl, Goebbels y Hitler hablan en nombre de la gente, con un lenguaje distinto al de las castas gobernantes, utilizando magistralmente los más modernos medios de comunicación. A diferencia de los viejos políticos del capitalismo liberal, ellos van a hacer la “comunidad del pueblo” (Volksgemeinschaft), la nueva política que está por encima de la vieja constitución caduca, la política que acaba redefiniendo la ley según la conveniencia del poder popular, que casualmente coincide con su propio poder. Un desastre: cincuenta millones de muertos, la destrucción de naciones y pueblos.

La comunicación no crea la verdad. Una mentira repetida un millón de veces por los más rompedores medios, sigue siendo una mentira tambien en política. La apariencia de verdad no es la verdad, por muy bien que se utilicen las redes sociales.

La verdad no tiene sustituto.


Imagen tomada de: www.asturiasmundial.com/nubaexperience/detalle/56/leni-riefenstahl/

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