Ser solidarios

“Un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse.”

¿A qué nos estamos refiriendo cuando hablamos de ser solidarios? Nos referimos a esa actitud, a esa disposición del ánimo, de la mente y del cuerpo a estar presentes y comprometidos con el otro en todas nuestras acciones. Con mayor precisión, estar presentes y comprometidos con el otro significa acudir y tratar de solucionar las urgencias de nuestros semejantes, empoderándolos y capacitándolos para salir adelante frente a una situación desfavorable.

Exclusión e injusticia social: el empleo

Nos encontramos frente a una situación desfavorable cuando un cercano padece condiciones que reducen, estrechan y degradan sus derechos a vivir una vida digna; cuando no es posible para el prójimo o se le hace cuesta arriba alimentarse, educarse, gozar de salud, de posibilidades de empleo, de seguridad social, de trato igualitario, respetuoso y justo de su entorno social, a fin de cuentas, cuando carece de oportunidades de crecimiento a corto, mediano y largo plazo porque en vez de oportunidades sociales lo que recibe de su sociedad son exclusiones y discriminaciones sociales.

El padecimiento de la exclusión y de la discriminación social se vive como un sentimiento de grandísima injusticia social por parte de aquellos que sufren la negación de la sociedad en sus múltiples formas. Por poner un ejemplo, una de las negaciones sociales más repetidas a diario en Latinoamérica, extensivo a otras regiones del planeta,  tiene que ver con el empleo*. Esto es así porque se vive como una grandísima injusticia social que la remuneración que se obtiene del trabajo no permita alimentarse, educarse, tener salud y vivienda dignas, no obstante los esfuerzos y sacrificios realizados en capacitarse.

En esta dirección, imagínense, entonces, cuán grande se debe sentir la injusticia social cuando ni siquiera un empleo es posible porque toda la economía ha convertido en números la maquinaria social de oportunidades y se ha olvidado que son personas y familias enteras las que están detrás de las demandas laborales. Esto por poner un ejemplo en el campo de las oportunidades laborales y de las economías que no buscan el bienestar social y la inclusión social justa, favoreciendo a unos y negando a otros.

Fotógrafo: Ricardo Rivas @sieteinverso Instagram: ricardoerd

Ser solidarios disminuye la injusticia social

Así que los caminos sociales para reparar tal injusticia se logran sólo si la sociedad entera se solidariza con aquellos que padecen dichas situaciones de exclusión y discriminación social y busca por todos los medios –educativos, políticos y económicos- solucionar dicho padecimiento al generar las posibilidades de inclusión social que restituyan la dignidad de aquellos que padecen diariamente la negación de un sistema.

Valga resaltar que el ser solidarios no se trata ni de una regalía que le hacemos al otro ni de un favor que lo endeuda de por vida por el hecho de haber sido auxiliado. Es, más bien, restituirnos como sociedad la decencia social perdida a causa de las discriminaciones y exclusiones sociales que nos envuelven. Esto es así porque con nuestra acción solidaria ayudamos a revertir las injusticias sociales y  liberamos al otro de una realidad injusta que nos repercute a todos los miembros de la sociedad por igual.

¿Qué es lo contrario a ser solidarios?

Y, a todas estas, ¿qué es lo contrario a ser solidarios? Lo contrario a ser solidarios es la actitud individualista cerrada, la indiferencia y la disposición egoísta de negar al otro ignorándolo hasta hacerlo invisible, imperceptible e inexistente: es voltear la mirada, negar la mano, hacerse oídos sordos frente a sus requerimientos, e inclusive, justificar y culpabilizar su minusvalía, su dolor, su exclusión social con tal de no sentirnos responsables frente a él ni frente a su padecimiento.

En estas excusas sociales, el otro se vuelve en el absoluto responsable de su sufrimiento y de su situación, de forma tal que, no nos sentimos ni responsables ni comprometidos con él para reparar el daño, nuestro daño social y, así, lo condenamos a cadena perpetua, al olvido, lo criminalizamos y lo recluimos en su exclusión.

El lenguaje afectivo de la solidaridad

Mientras que la solidaridad promueve sentimientos de empatía y nos hace acercarnos al otro sin ánimos de juzgarle ni de disminuirle por encontrarse en situación de vulnerabilidad: se busca ayudar, sanar y hacer crecer gracias a una auténtica voluntad de escucha. Ser solidarios propicia el diálogo, el reconocimiento cercano y la confianza porque el otro es un igual que debe ser escuchado, atendido y promovido.

La solidaridad implica que nos ponemos en lugar del otro y que no tenemos miedo de él ni miedo a que sus circunstancias dolorosas nos salpiquen, más bien, nos fortalecemos junto con él en humanidad sembrando esperanza social porque en conjunto construimos una polis sana eliminando aquello que nos desiguala o que se empeña en distanciarnos como seres humanos.

Fotógrafo: Ricardo Rivas @sieteinverso Instagram: ricardoerd

¿Quién es el otro con el cual ser solidarios?

El otro es la humanidad entera que se presenta en todos los que nos rodean. Es nuestro familiar necesitado, nuestro vecino, nuestro colega, nuestro alumno, el anciano del Metro: son todas aquellas personas sobre las cuales nuestra actitud solidaria y generosa puede repercutir inmediatamente en una mejoría sustancial de su calidad de vida. No podemos cambiar el mundo entero pero sí el entero mundo de aquellos que requieren una mano solidaria y que están a nuestro alcance. Me parece que sólo de esta forma es posible cambiar el mundo entero.

De lo que se trata es que nuestras acciones diarias no sean sólo de crecimiento personal sino, más bien, de crecimiento social junto al otro y gracias al otro; de contribución directa a mejorar las condiciones de vida de todo aquél que nos rodea y que no sean “gritos del silencio” el reclamo justo de aquél que padece situaciones que merman sus derechos humanos a vivir una vida plena. Es sumar humanidad para la democracia, generar esperanza y no restar y menos dividir ni distanciar.

Toca a cada uno ser creativos para que la solidaridad se muestre porque ella se mantiene hablando y actuando acorde a ella. Es poner todo nuestro ingenio desde cada una de nuestras áreas de saber u oficios, en nuestros espacios familiares, comunitarios y laborales para crear acciones solidarias que disminuyan el dolor que padecen nuestros semejantes, dolor que padecemos todos al vernos reflejados en sus miradas que buscan la escucha y la solución a sus justos reclamos.

SOLO LE PIDO A DIOS

Los dejo con compañía musical. En la voz de Shakira: “Sólo le pido a Dios”. Esta es una hermosísima canción escrita por el cantautor argentino León Gieco que inmortalizó en Latinoamérica la gran Mercedes Sosa.

Muchas gracias por su gentil lectura. Hasta la próxima entrega.


*Revisar en Balance preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe (CEPAL, Naciones Unidas, 2016) el cap. V sobre Empleos y Salarios.


Fotógrafo: Ricardo Rivas @sieteinverso Instagram: ricardoerd

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