Una de las festividades judías que siento como experiencia y esencial para entender el judaísmo es el Pesaj.

De niña me resultaba atractivo el orden tras el caos. Mi madre durante una mes casi se dedicaba a movilizar la casa, se trataba de ordenar y limpiar para eliminar el james, el james es en resumen el pan, todo aquello que tenga harina, aunque luego supe que es casi una metáfora. Se trata de eliminar la fuerza de la naturaleza de uno, adquirir la libertad también de las pasiones. Esa limpieza conlleva otra interna. Así que en esa semana la casa parecía otra, en orden y con tazas y enseres nuevos.

Poco después al crecer empecé a valorar la lectura en la mesa durante las dos primeras noches, una en Israel, cuando se lee el relato de la salida de Egipto. Un psicodrama casi. El descubrimiento del nosotros.  Los judíos, éramos esclavos se decía y: Dios nos libero con mano fuerte y brazo extendido. Y lo leíamos todos, por turno, cada uno un versículo, así cuando aprendí a leer y me incorporé al rito me esforzaba en desmotar la perfección de mi dicción, aunque para ser fiel a la verdad diré que también ponía a prueba mi paciencia, porque el relato se lee antes de la cena junto a la ingesta de alimentos que hablan de los símbolos, la hierba amarga, la torta. La mesa era entonces, nos decían un templo. Cada familia tenía sus propias frases que se repetían un año y otro producto de un azar que en su momento fue muy gracioso pero incomprensible para un invitado cualquiera, recuerdo que mi padre siempre invitaba a viajeros y amigos de paso. Uno de esos viajeros por cierto resultó un timador profesional, pero esa historia nada tiene que ver con la salida de Egipto sino con la inocencia.

Ahora del relato me sorprende su capacidad evocadora. Con el tiempo no me esforzaba por leer mejor, pero sí que cada año adquiría la certeza de que quienes escribieron la Hagadá, la narración, eran genios que habían elaborado un texto en el que uno en el tiempo que fuera, siglo tras siglo, se situaba a la vez en el presente y en el futuro.  Se hizo un pacto de futuro que me concernía. Y luego concerniría a mis hijos también y a los suyos sdq. Y así empecé a  intuir la fuerza de la festividad que era un eje esencial para comprender la supervivencia del judaísmo. Pensadores como Drai señalan que es precisamente en la salida de Egipto, donde se constituye el pueblo, se da también la esencia de la ética judía. El pueblo se concibe así mismo como extranjero porque extranjero fuiste en Egipto, esa idea del nosotros y del otro es la esencia del pensamiento judío. Y si no hubiera movilizado mi casa exiliando a mis hijos a la cocina, para reformar casi todo aprovechando además que es Pesaj, encontraría la cita exacta.

Nota: Esta festividad se relaciona con la última cena de Jesús, la iglesia da varias interpretaciones a esa cena, pero desde hace 40 años, en la Parroquia de Nuestra Señora de las Delicias, en Madrid, impulsados por Alfonso Ramonet, se celebra entre judíos y cristianos una cena simbólica de Pesaj.