Secularización crítica: Jesús frente a la ley/institución

Hay un núcleo ético en la tradición cristiana que es motor de una secularización crítica de los mecanismos de funcionamiento sociales y de sus instituciones. La secularización suele entenderse como un proceso de separación de la esfera religiosa de la esfera política. En este proceso histórico-cultural también ha tenido su relevancia la propia tradición cristiana. Sin embargo, aunque haya en ella elementos para distinguir esos ámbitos, la perspectiva de Jesús, a nuestro juicio, no apunta a una mera distinción, sino a una crítica secularizadora de las leyes y de las instituciones sociales por su pretendido carácter absoluto y sacralizado. Es otra cosa bien diferente. Por ello, lo que lo se produce es un desplazamiento del centro de valor de las instituciones sociales a los sujetos vivos que son tratados o afectados por ellas. Las instituciones y sus leyes no serían “lo Alto” o el fin al que deben entregarse los sujetos, sino medios necesarios para el servicio de sus vidas y la de todos. Ello reordena el sentido de las instituciones sean estas del carácter que sean, políticas, jurídicas, económicas, religiosas,…

Jesús y la ley

Comencemos por la conocida afirmación de Jesús: “El Sábado es para el hombre y no el hombre para el Sábado”, que puede tomarse como punto de partida para mostrar una posición frente a cualquier ley o institución humana.

Desde esta posición, la libertad del sujeto frente a la ley es anterior a la ley. No se puede fundar en ella, aunque se pueda hacer valer también la libertad desde la ley. La ley no le constituye como sujeto libre, sino que sólo puede reconocer a quien es capaz de libertad. Porque no es una criatura de la ley, puede trascender el punto de vista interno, aunque ésta no se lo permita expresamente. La posición de Jesús no se puede entender en primer término como la afirmación de unos derechos anteriores al derecho de las sociedades. Se trata de algo más modesto pero más radical. La persona tiene libertad y responsabilidad frente a la ley y su cumplimiento. Porque tiene estas facultades, podrá en su caso, como hacen algunas tradiciones de pensamiento, reivindicar el respeto a unos derechos determinados que pueden ser desconocidos por el poder. Pero esto no es lo primordial, ni tiene que darse en esos términos. Para reivindicar en su caso “derechos”, tiene que ser sujeto. Puede relacionarse con distancia crítica de los sistemas vigentes y cuestionarlos o denunciar disfunciones para las personas afectadas por esos sistemas. Puede incluso distanciarse críticamente de presuntos “derechos naturales anteriores a las leyes”, cuando le obligan a ejercer la violencia protectora de los mismos frente a las amenazas sociales y políticas.

Ley, institución y bien común

Con ello, busca afirmar su vida y la de todos. Su responsabilidad no es sólo ante el funcionamiento de la ley (Sistemas normativos), sino también frente a sus propios derechos (sean legales, morales, naturales…). Disponer de un status, o de buenas razones para actuar no le justifica en último término frente a todo, es decir, no le constituye como irresponsable una vez que disponga de algún modo de justificación jurídica o moral. Dicho en lenguaje veterotestamentario, porque es responsable, siempre le asaltaría una pregunta desestabilizadora: “¿dónde está tu hermano?”, a lo que no puede simplemente responder “¿soy yo acaso el guardián de mi hermano?”. Así, un sistema (social, personal…) que funciona con víctimas está siempre puesto cuestión y su justificación tiene los pies de barro. Dado un sistema normativo, la justificación puede pretenderse en función del mismo. Entonces, los ejecutores de la ley, se suelen declarar inocentes: “Yo sólo cumplía la ley”.

Abajamiento de las instituciones

Frente a la justificación para reproducir situaciones en la perspectiva de Jesús el centro no es disponer un esquematismo para actuar, o estar justificados. La justicia es la atención a la vida imposibilitada o negada. Cuando en el pórtico de Salomón acude al Salmo 82  (“sois dioses”, y no debéis ser violentados por la práctica de la ley y del poder) tiene como centro en el reconocimiento de las necesidades humanas:

“Dios se levanta en la asamblea divina,/ en medio de los dioses juzga:/ ¿Hasta cuándo juzgaréis inicuamente,/ y haréis acepción de los impíos?/ juzgad a favor del débil y del huérfano,/ al humilde, al indigente haced justicia;/ al pobre liberad,/ de la mano de los impíos arrancadle!/ No saben ni comprenden; caminan en tinieblas,/ todos los cimientos de la tierra vacilan./ Yo había dicho: “¡Vosotros, dioses sois,/ todos vosotros hijos del Altísimo!.

En esta línea, el Salmo 112, nos dice: “Él levanta del polvo al desvalido,/ del estiércol hace subir a pobre/ para sentarle con los príncipes,/ con los príncipes de su pueblo”.

Así, la discusión del pórtico sirve para entender el fondo de esta “secularización crítica”. Esta discusión tiene como eje la cuestión de la blasfemia contra Dios que los fariseos imputan a Jesús. Pero la blasfemia hay que entenderla en el contexto de la discusión sobre la ley. Jesús se reclama de filiación divina, pero con ello no reclama sino lo que es condición de todos (“¿No está escrito en vuestra Ley: Yo he dicho: dioses sois?”, Jn 8, 34). En la pretensión de Jesús, “uno de tantos”, era de filiación divina. Frente a esto, para los fariseos el Dios del cielo no se podía hacer terreno. Lo inasumible para los administradores de la ley, era que Dios dejara su trono (celestial), proyectándose en cada uno de lo seres humanos, con ello, no se podía seguir sosteniendo el yugo de la ley. Parecía que si Dios se hacía como uno cualquiera, la autoridad de los administradores de la ley dejaba de estar “por encima”, pues el Dios que se abajó desmontó su apariencia de superioridad, haciéndolos también “uno de tantos”. La divinización de los seres humanos borra la supremacía de las jerarquías mundanas, y pone en pie de igualdad a los seres humanos con los príncipes, los jueces y las leyes, quienes tratan de alzarse sobre el resto y ocupar la posición del Altísimo para someterlos gracias a su endiosamiento.

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