¿Se empobrece la clase media?

Cada vez que se habla de pobreza, la pregunta y el titular que no puede faltar es el empobrecimiento de la clase media, ese concepto difuso y misterioso al que, como Hacienda, pertenecemos todos. La pregunta puede ser razonable porque la renta de la sociedad española ha disminuido. Pero con la respuesta hay que tener cuidado.

Que baje la renta media no nos hace a todos pobres. El punto de partida de la disminución es muy, muy importante. En clave veraniega de operación bikini, no es lo mismo que yo, con sobrepeso, baje un kilo, a que lo baje alguien que está con delgadez severa. Para mí es un efecto mínimo (y agradecido, vamos), pero para alguien muy delgado el efecto es considerable y negativo.

Una persona que gana 2.000 euros mensuales a la que han bajado el salario 200 euros, ha disminuido su renta y sobre eso ha perdido poder adquisitivo (por la subida del IVA, el encarecimiento de facturas de energía, etc.). Es una situación ingrata, pero no significa que esté en vulnerabilidad social. No es comparable con quien ha agotado el subsidio de desempleo de 900 euros y pasa a recibir la Renta Activa de Inserción (RAI) de 426 euros. Esto la pone bajo el umbral de la pobreza y en la difícil situación de hacer malabares para pagar vivienda, comida, transporte, etc. Y no es, desde luego, el peor escenario posible. Es peor no tener ningún ingreso.

La disminución de rentas de los últimos años no nos ha afectado a todos por igual. Lo peor se lo han llevado quienes ya eran pobres, o que durante los años de bonanza entraban y salían de la pobreza, quienes eran vulnerables antes. Jóvenes, parados/as de larga duración, trabajadores/as con contratos precarios, y temporales, con bajos salarios, que se fueron al paro sin tener derecho a las prestaciones contributivas, o que ya estaban cobrando subsidio de desempleo y que agotaron las prestaciones en plena crisis, haciendo vanos intentos de encontrar un trabajo cuando se destruía empleo a ritmo desenfrenado.

Pero algo hay que agradecer a este titular recurrente. La percepción de empobrecimiento de la clase media, o sea de todos, ha neutralizado en parte el discurso que culpabiliza al pobre, porque con la que está cayendo habría resultado insultante. Como si no hubiera sido insultante siempre. Para quienes ya estaban en la lucha infructuosa por salir adelante desde crisis anteriores, para quienes no funcionaron los débiles mecanismos de integración, se han quedado desde hace mucho fuera del paraguas protector de “víctima de clase media”.

Esa sensibilidad social que abrió el miedo de ver que amigos y familiares se quedaban en paro, acompañado de la pregunta ¿y si fuera yo? se agota cuando las cifras macroeconómicas mejoran. Y nos olvidamos que quienes eran como nosotros hasta hace nada, lo tendrán muy difícil para volver a la situación anterior, y a medida que pase el tiempo serán menos nosotros y más los otros, abusadores que no se esfuerzan y que quieren vivir de quienes trabajamos. Con las cifras de recuperación económica, esa ventana de empatía hacia los que están en pobreza, se puede cerrar.

Corremos el riesgo de olvidar que lo que provocó su pobreza fueron leyes hipotecarias injustas, desempleo masivo, precariedad, recortes sociales, una democracia débil y una desigualdad intolerable. No han sido causas personales, no fue su culpa, pero cuando el canto de sirena de la recuperación económica comience, les hará responsables a título individual. Ya no serán clase media, no serán nosotros. Y a los otros, los ajenos, a los nadie de Galeano, sí los podemos condenar.

Quizás debamos hacer como Ulises, atarnos al mástil de nuestra humanidad, de nuestra empatía, para que al oír el canto de las sirenas, esas criaturas bellas y monstruosas, evitemos caer en el abismo de un sistema económico que devora a los más débiles. Taparnos los oídos a los cantos triunfalistas, y escuchar a quienes han pagado lo peor de esta, y de otras tantas, crisis.

Fuentes:

1) Viñeta de Pedro X. Molina http://www.pxmolina.com/

2) Cuadro de “Ulises y las Sirenas”, por Herbert James Draper

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