San José también hoy

Por: LUIS SAGI-VELA

Estos días celebramos la festividad de San José y con ella el día del padre. ¿Qué podemos aprender como padres de familia cristianos de la figura de San José? Lo cierto es que sabemos muy poco de él. Dos de los evangelistas (Marcos y Juan) ni siquiera lo mencionan. Con las escasas referencias de las que disponemos podemos destacar las siguientes cualidades.

Lo primero que sabemos es que José se entera de que María, con la que “estaba desposada…, resultó que esperaba un hijo”, ¡que no era suyo! Imaginad cómo se sentiría: engañado, herido, tremendamente decepcionado. Pero él “que era hombre recto y no quería infamarla, decidió repudiarla en secreto”. Además, era un hombre de fe y tenía que ser un hombre que amaba y confiaba en su esposa. Así que, cuando “se le apareció un ángel”, el amor y la confianza en Dios y en María le hicieron aceptar su palabra: “la criatura que lleva en su seno viene del Espíritu Santo” y “se llevó a su mujer a su casa”, aceptando como propio al hijo que llevaba en sus entrañas (Mt 1, 18-25).

José era un hombre capaz de admirarse con todo lo que iba sucediendo en torno a Jesús. Así “se admiraban de lo que les decían los pastores” que fueron al portal a adorar al niño (Lc 2, 18) y “su padre y su madre estaban admirados por lo que (Simeón) decía del niño” cuando presentaron a Jesús en el templo (Lc 2, 33). Y a pesar de extrañarse, cuando Jesús se quedó solo en el templo de Jerusalén, es capaz de aceptar y respetar incluso aquello que no comprendía, sin perder por ello su autoridad como padre, “ellos no comprendieron…, Jesús bajó con ellos… y siguió bajo su autoridad” (Lc 2, 50).

José tenía que ser también un hombre de gran clarividencia. A partir del relato de los Reyes Magos sobre su encuentro con Herodes, supo anticiparse y ver (en sueños) el peligro que acechaba a su familia y tuvo la valentía de tomar una decisión difícil, como la de irse a un país extranjero,“cogió al niño y a su madre de noche y se fue a Egipto” (Mt 1, 13-15) siendo capaz de renunciar a su trabajo y todo lo que tenían para proteger a los suyos. Una vez llegan las noticias de la muerte de Herodes, decide que es tiempo de volver pero con el buen juicio y la prudencia de no hacerlo a su tierra de origen en Judea (donde reinaba el hijo de Herodes) sino a Nazaret de Galilea (Mt 1, 19-23).

Por último, sabemos que José era un hombre cumplidor, con su fe y su tradición (circuncisión de Jesús, presentación en el templo, celebración de la Pascua en Jerusalén) y también con la ley de los gobernantes (el decreto del emperador Augusto para el censo). Un hombre discreto, humilde y sencillo, pese a provenir de la estirpe de David. Y un hombre trabajador, ejerciendo su profesión de carpintero que probablemente enseñó a Jesús.

Como síntesis de estas virtudes de José, creo que podemos aprender lo siguiente. La fe en Dios tiene que ser la base de nuestra vida. El amor y la confianza en nuestra esposa, el pilar que sostiene la familia y la mejor garantía de nuestra felicidad familiar. Tener la humildad para dejarnos sorprender por los pequeños milagros que nos trae la vida de nuestros hijos nos hará disfrutar y admirarnos cada día. Ganarse la autoridad paterna desde la sencillez, la discreción, el trabajo bien hecho y el ejemplo diario en el cumplimiento de nuestras obligaciones. Tener la sabiduría propia y/o dejarse ayudar, para poder anticiparse a los peligros que ataquen a nuestra familia en sus diversas formas actuales (el culto al dinero, el poder, el egoísmo, el prestigio, la trivialización de las relaciones personales, el individualismo, el consumismo, etc.) y así poder tomar decisiones, pese a las renuncias propias que puedan acarrear, siempre buscando el bien del conjunto de la familia. Y por último, saber aceptar y respetar que algún día nuestros hijos tendrán que volar solos y que no siempre compartiremos sus ideas, criterios o decisiones.

Ojalá San José y María nos ayuden en la misión más importante de nuestra vida.

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