¿Sagrado o sangrado corazón?

Hoy celebramos la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. El corazón traspasado de Jesús de Nazaret transmite una hondura y una radicalidad de grandes resonancias para nuestra vida personal, social y política. Toda la vida de Jesús fue la encarnación de un pathos muy determinado, la pasión de Dios por el mundo y por sus gentes, especialmente por aquellas personas más empobrecidas, machacadas y vulneradas. Solo desde aquí cobra pleno sentido su modo de vivir, de predicar, de relacionarse, de discutir, de sanar. Solo desde aquí se entiende el tipo de muerte en que desembocó vida, corazón traspasado incluido.

La pasión, el pathos de Jesús se despliega –también etimológicamente– en, al menos, tres rasgos de importancia:

  • Apasionado. Jesús tiene un corazón que vibra con la gente, se entusiasma con sus alegrías y esperanzas, se indigna ante la justicia, disfruta de la vida, sufre y llora ante la muerte, ama apasionadamente.
  • Paciente. Jesús es el noviolento por excelencia. Encarna la fidelidad permanente y la resistencia pacífica ante el mal y la injusticia. Jesús sufre y padece las consecuencias del pecado y de la violencia. Jesús es paciente y paciente.
  • Pasivo. La vida de Jesús es fundamentalmente una vida activa –también la contemplación, no lo olvidemos, es un tipo de “acción” humana–. Pero esa acción de Jesús le lleva a la muerte y con ello queda introducido en el ámbito de la pasión, de la pasividad.

Hablar pues, del pathos que habita en el Corazón de Jesús es hablar de un corazón apasionado, un corazón paciente, un corazón pasivo. A su imagen hemos de configurarnos todos los cristianos.

oimEn estos días hemos sabido que, en España, apenas el 53% de las más de cuatro millones de personas desempleadas recibe algún tipo de ayuda oficial. También hemos escuchado que, en la última semana de mayo, al menos 1083 personas han fallecido en el Mar Mediterráneo, intentando llegar a Europa. En lo que llevamos de año 2016, según datos de la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), han fallecido 2433 personas y han llegado a las costas europeas más de 200.000 personas.

No es extraño que, ante situaciones semejantes, el corazón se sienta impotente. Y por eso brota la oración tradicional: “Corazón de Jesús, confío en ti”. Desbordados por la injusticia y el dolor, sigue latiendo la esperanza. Pero surge la pregunta: ¿dónde apoyar esa esperanza, cómo, por qué? No parece que podamos confiar en los políticos, en la economía globalizada, ni siquiera en las leyes. Por eso, aparece también la respuesta creyente: es el mismísimo Corazón traspasado de Cristo, desgarrado por la lanzada en la Cruz, el que nos regala el agua y la sangre, la vida y la esperanza, la confianza en medio del fracaso, la impotencia, la muerte y el sufrimiento. Jesús afianza nuestro compromiso con la justicia uniendo su grito desgarrador con el de las víctimas de la historia.

burning-heart-fire-flame-water-digital-art-1920x1080-wallpaper435579Jesús no solo acoge nuestros corazones frágiles y destrozados, sino que los plenifica, los lleva al Corazón del Padre. En la oración que el evangelista San Juan coloca en la Última Cena (capítulos 14-17), una oración que expresa a la hondura del Corazón de Jesús, éste le dice al Padre que “mientras que ellos [los discípulos] se quedan en el mundo, yo voy a reunirme contigo. Padre santo, protege a los que me has confiado para que sean uno como nosotros somos uno” (Jn 17, 11). Así, la unidad con el Padre (en el Corazón de la Trinidad) unifica todos los corazones desgarrados junto con los de todos los seres queridos que han ido cayendo por los caminos de la historia. Esta es nuestra confianza.

En definitiva, es posible en la tradicional expresión “Sagrado Corazón” deba complementarse en esos tiempos de violencia desaforada con esta otra del “sangrado corazón”. El corazón de Jesús es sagrado precisamente porque vivió su amor hasta desangrarse. Y los corazones desangrados que experimentamos en nosotros mismos o otras personas tienen un profundo carácter sagrado a los ojos de Dios. Así encontramos la fuente de nuestra auténtica liberación: solo porque el Corazón de Jesús es sagrado puede salvarnos; y solo porque su corazón ha sangrado, puede salvarnos de nuestra miseria. En verdad, Jesús es el auténtico misericordioso, el que tiene el corazón-en-la-miseria.


PS1. Os dejo, como regalo, esta “Canción al Corazón de Jesús” del jesuita chileno Cristóbal Fones.

PS2. Hoy es el aniversario litúrgico de mi ordenación sacerdotal… hace 15 años. Ruego vuestras oraciones para que el Señor tenga misericordia de mi miseria y para que vaya haciendo mi corazón un poco más semejante al Suyo.

PS3. Este texto está construido a partir de otro ya publicado en el libro Rincones de la ciudad. Orar en el camino fe-justicia (Narcea, 2005)

Créditos: foto de portada: Un cooperante alemán de la organización humanitaria Sea-Watch sostiene el cuerpo de un bebé recogido del mar después de que el barco de refugiados en el que el viajaba naufragase en el Mediterráneo. REUTERS // Mapa de la OIM // Corazón ardiente, tomado de http://hdw.eweb4.com/out/1061266.html

2 Comentarios

  1. Gracias. Necesitaba esa actualización de la devoción, más que devoción, al Corazón de Cristo. Felicidades y mi oración.

  2. Muchas gracias Daniel. Me parece un texto precioso, con reflexiones imprescindibles para cualquier espiritualidad que se quiera cristiana.
    ¡Enhorabuena por los 15 años de ministerio ordenado, que nos sigas sirviendo por muchos más!, y no eches en olvido las cuestiones físicas-metafísicas, sugeridas en un escrito anterior, al hilo de La gravedad y la gracia; seguro que resultan muy iluminadoras.

Escribir un comentario

Please enter your comment!
Please enter your name here