Ruedas de molino

Dicen los expertos en Psicología Evolutiva, que un momento clave en la vida de una persona es aquel en el que el niño empieza a ser consciente de su capacidad de decir “¡NO!” Parece ser que, cuando lo descubre, se pasa semanas negando con la cabeza, sonriente… entrenándose en el grato ejercicio de la nueva potestad recién encontrada.

Muy probablemente, esto haya de tener que enlazarse con la emergencia de la autoconciencia de la voluntad libre… y con los presupuestos lógico-ontológicos de la dimensión moral de la vida humana. Pero no nos metamos por estas trochas metafísicas de tono hegeliano. Quedémonos con el dato, con la posibilidad de aplicar el negador lógico a la dinámica vivida y al entorno que nos rodea…

De noes campanudos está llena nuestra historia. ¿Leyeron mis lectoras algo respecto a la España de comienzos del siglo XX? Si sí, habrán, entonces, de recordar aquel eslogan tumbador del “¡Maura, no!” … Creo que no tienen ni Trump, ni nadie, un asesor de campaña que con menos pueda conseguir más… Ahora bien, si quienes van leyendo estas líneas desconocen quién era Maura y a qué responde la famosa consigna, les recomiendo como lectura de verano alguna buena historia de este gran país…

Tenemos otra perla más reciente: la que personifica uno –trasunto de otro, de infausta memoria y recordación infeliz- que no se sabe si, al final, acabará dando talla de estadista… que en esto de las vueltas de la fortuna nunca se sabe. Hasta ahora, cierto es, no ha sido capaz de mostrar flexibilidad política suficiente y parece no tener una visión de Estado bien cumplida –lo de “España, nación de naciones”, a un servidor le parece una chuminá campera, que dicen los de Villaconejos. Este artista, que dejó a su partido en mínimos históricos y que hubo de ser aparcado unos meses por sus compañeros de dirección- nos tuvo en vilo más de lo conveniente, aferrado a la tautológica e inane vaciedad de su conocido mantra: “¡No, es no!”Din que las bases lo han vuelto a escoger… ¡Ellos verán! Cuando se convoquen elecciones sabrán si acertaron y repuntan… o si se confundieron y siguen desangrándose, a la gala, o por mejor decir: a la francesa. Y perdonada sea la manera de señalar, Monsieur Holland.

Y lo del bueno de don José Ortega y Gasset cuando, al ver el cariz que las cosas tomaban en la construcción del nuevo Estado que la Segunda República española suponía, sentenciaba aquello, entre sorprendido y contrariado del: “¡No es esto, no es esto!”

Podríamos seguir espigando citas, pero no merece la pena… Retengamos sólo una más. Aquella de don Francisco de Quevedo, quien, en un momento complejo – ¿cuál no lo ha sido? – de la vida española, afiló la pluma y, dirigiéndose a don Gaspar de Guzmán, conde de Olivares, con ocasión de su valimiento, redactara una epístola satírica y censoria contra las costumbres del día… con un arranque lapidario –por lo menos, tanto como el del coronel Aureliano Buendía; el de la heroica ciudad que dormía la siesta; aquel otro del lugar de cuyo nombre no se quería acordar el autor; o del que había venido a Comala porque le habían dicho que allí vivía su padre.

El no quevedesco al que me estoy refiriendo empieza con el conocido terceto: “No he de callar, por más que con el dedo / Ya tocando la boca o ya la frente / Silencio avises o amenaces miedo” …

A mi modo de ver, la que mejor me cuadra a mí en este momento y la que más a lo llano ha de revelar la absoluta perplejidad de un estado de ánimo que quiero formular en estas líneas, por ver de sosegarme y cobrar fuerzas para seguir intentando no convencerme de manera definitiva de que, como parece, otra vez más, “¡mi reino no es de este mundo!”

Quiero decir, desde la humildad más asertiva de que pueda ser capaz, que NO comparto casi nada de lo que se viene haciendo y diciendo en múltiples esferas de la vida social, cultural, política –incluso religiosa- en los últimos años.

Sobre todo, NO acepto la estulticia erigida en sistema través de las redes socialesverbi gratia: unos entes, al parecer, féminas, que se consideran “compañeras” de las vacas, y que aspiran a prohibir el proceso de ordeñado, al que equiparan a un acto de violación… Una consejera de Sanidad en una comunidad autónoma que pide que se hable de “personas preñadas”, porque lo de mujer embarazada resulta discriminatorio… ¿O tal vez quieren que les refiera aquello de quienes -en este caso, parecen machos- critican a Gates y a Ortega por donar no sé cuántos quilos de euros para no sé qué máquinas sofisticadas y carísimas de lucha contra el cáncer que, de tenerlas a mano, podrían salvarse un buen número de pacientes, con el peregrino discurso de que los capitalistas debieran sacar sus sucias manos de la sanidad pública…?

NO puedo suscribir esta especie de el mundo al revés –¿saben ustedes la edificante historia del fiscal que pide pena de cárcel para la madre que, a su retoño quinceañero, le había confiscado el móvil, contra la voluntad del chico, con la aviesa intención de obligarlo a estudiar para un examen?

NO acepto en modo alguno como de recibo, ni el fanatismo intransigente -¿saben el de la monja agredida en Granada?… ¿conocen el del intento de quema de una capilla en la Autónoma? Un mi amigo aún recuerda la edificante historia que él describe como “El cuento de la Zo-rrita despechada”–  No la sombra alargada de los iluminados empeñados en llevarnos –incluso malgré nous– a pastos más verdes y a praderas más frescas… -el nuevo mundo, el paraíso en la tierra… la misma monserga again and again… Y todo ello, habremos de suponer, lo pretenden instrumentar desde en angelicalismo más desinteresado y puro, sin interés personal alguno de su parte: sino más bien, todo ello, de manera altruista y por nuestro propio bien.

¡Sí, ho! ¡Ya t’oyí! ¿Qué quieren que les diga…? ¡Ya quisiera yo tanta fe como para creer en milongas tan hueras! Pero no es el caso: la mía da y basta nada más para creer en la absoluta potencia, sabiduría y bondad de Dios Nuestro Señor; y en la no menos infinita gilipollez de la humana condición… Y, finalmente, para seguir manteniendo la confianza en que el sentido común habrá de volver a imperar, algún día, en algún sitio…

Mientras tanto –y porque no tengo más tiempo para perfilar la idea-, quiero añadir que NO me reconozco como congénere de muchos; que tolero lo que quieran que tolere… pero que NO comulgaré jamás con ruedas de molino… Que no siento especial ORGULLO de ser como soy: lo soy y punto. ¡Bastante tengo con la crucecita propia, como para andar por ahí procesionando y alardeando de no se sabe qué!

Sé que, por desgracia, cuando se siembran vientos, se recogen tempestades; que del orgullo a la soberbia hay un paso; y que la soberbia es uno de los pecados capitales más terribles… Aunque haya quien piensa que la madre de todos los males es la avaricia –el acróstico R.O.M.A. estaba por: Radix Omnium Malorum Avaritia-, yo opino que peor aún es la SOBERBIA –el querer ser como Dios precipitó a Luzbel al infierno-; que la soberbia nace del orgullo… y lleva, en el límite, al endiosamiento intolerante del nuevo Fiat

El que tenga oídos para oír que oiga… Otro día, con más tiempo, podré extenderme un poquito más. De momento, reitero, hay muchísimas cosas políticamente correctísimas, con las que estoy en desacuerdo al ciento por ciento… Y que lo que más pena me da es que, so capa de tolerancia, creo que me puedo ir tornando indiferente... y haciéndome malo… que puedo desconectar, pasar de tanto cantamañanismo, al grito aquel de: ¡Con su pan se lo coman!

Como colofón, rescato los muy sabios consejos del maestro de Estagira: Primero: Que no se debe buscar por igual la exactitud en todos los razonamientos -y que, por ello, cada toro tiene su lidia. Segundo: Que es propio del hombre instruido saber cómo, dónde, con quién y para qué se debe entrar en diálogo constructivo. Y tercero: que no se puede – ¡ni se debe! – debatir con cualquiera: Ni con los locos, ni con los niños, decía Aristóteles, debemos perder el tiempo en estas lides… ¡Pues eso!

¿Críptico? ¡Qué va!: Intelligentibus, pauca!

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