Se fue el 2016, y con él un año de atragantamientos democráticos en Estados Unidos o Reino Unido que llegaron a cuestionar el poder y el sentido del activismo digital. Un cuestionamiento que roza el absurdo si, simplemente, ponemos en la balanza la movilización digital en varios países africanos. El rugido africano en las redes está cada vez más conectado y más organizado, y cada día que pasa es más poderoso, aunque muchos gobiernos autoritarios impongan sus armas para intentar detenerlo.

El año que estrenamos  estará de nuevo marcado por un ciberactivismo que explotará nuevas herramientas, alcanzará cotas inimaginables y estará cada vez más globalizado. Hace un par de días Thelma Young lanzaba sus “Predicciones para el activismo digital en el 2017, donde ponía el énfasis en los videos en directo, el rol de los y las influencers o la apuesta por las aplicaciones de mensajería instantánea.

Dejando a un lado las predicciones, toca hacer balance de los tres grandes retos que el activismo digital tiene por delante en este 2017:

1. Sacar el máximo partido de las aplicaciones de mensajería instantánea: la comunicación inmediata con tu círculo de confianza se forja a golpe de chat. A finales de abril Oxfam Intermón lanzó en las redes un video que se viralizó como la espuma llegando a cientos de miles de ciudadanas. Tras un par de meses, la campaña de la ONG que pretende acabar con la evasión fiscal pasó a difundir otros productos y acciones.

De pronto a mediados de diciembre, ocho meses más tarde, el video me llegó al WhatsApp por distintos contactos de procedencias dispares. La mayoría me lo enviaban porque yo salía en el video y me acababan de ver. Una excusa para reírnos juntas mientras el mensaje de lo que supone el escaqueo fiscal de las grandes empresas iba construyendo imaginarios en cientos de personas. Una amiga asturiana que lo había recibido a su vez de un colega canario, mi tía de Málaga, amigos de Móstoles o una migrante dominicana que lleva poco tiempo en España.

El origen no lo conocemos, y tampoco podremos nunca saber a cuántas personas les ha llegado el vídeo por este canal. Aunque nos cueste evaluar su impacto, los movimientos y organizaciones deben apostar cada vez más por este tipo de aplicaciones para difundir sus campañas. La ciudadanía es libre e impredecible, pero es esencial que las organizaciones pierdan el control de sus productos y mensajes para que sea la ciudadanía la que se apropie de ellos y promueva y lidere el cambio deseado.

2. Lograr que la movilización ciudadana digital sea cada vez más global: si bien es cierto que la generación conectada es global, también lo es que los distintos movimientos que se dan en redes siguen centrados en lo local y se olvidan del poder que tendrían si se conectan con otros activistas presentes en otros países.

Los problemas a los que nos enfrentamos son globales, como globales son también sus soluciones. La revolución del Social Media nos ofrece una oportunidad insuperable de unir activistas de todas las partes del globo para luchar por la justicia social. Ese hoy por ti, mañana por mí tiene que organizarse y visibilizarse en las redes. Mostrar el poder de quiénes conformamos ese 99% que desea construir otro mundo en el que todas las personas, estén donde estén, disfruten de sus derechos y de una vida digna.

3. De la movilización digital al cambio real: la lucha por la justicia social es un proceso complejo, largo y normalmente tedioso. Pero en su camino siempre hay distintas pequeñas metas que se van logrando y que demuestran que el activismo digital genera cambios sostenibles en el mundo que vivimos. Necesitamos comunicar más y mejor las victorias alcanzadas. Demostrarle a la ciudadanía escéptica que el ciberactivismo es útil, necesario y que funciona, cambia y salva vidas.

El futuro de la generación conectada y su activismo digital lo construimos todas cada día. De nosotros depende que este año sea un año marcado por los éxitos sociales promovidos por el ciberactivismo.

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