El retorno del péndulo

Leí en su día El retorno del péndulo, sobre psicoanálisis y el futuro del mundo líquido de Zygmunt Bauman y Gustavo Dessal, publicado por la editorial FCE. Y deseo empezar de nuevo, como ese péndulo. Me siento empujada a abrir y comenzar, porque es un privilegio participar en esta conversación entre dos autores que desde la distancia, rompiéndola, hablan de temas que nos conciernen.

Gustavo es psicoanalista y escritor, un amigo desde hace tiempo, a quien le he enviado dos preguntas sobre este texto y su encuentro, más que líquido en el aire.

¿Cómo surge la conversación y el diálogo con Bauman?

La aventura de este libro surgió de forma casi azarosa. Bauman y yo no nos conocemos personalmente. Le animé a través del correo electrónico a que me respondiese unas preguntas sobre su relación con la obra de Freud, autor al que Bauman cita en la mayoría de sus libros. La idea original era una entrevista para ser publicada en algunas revistas de psicoanálisis. Para mi sorpresa, su respuesta fue inmediata y entusiasta. No solo respondió a mis preguntas, sino que iniciamos un intercambio de textos que fue para mi una fuente de reflexión y de aprendizaje. Zygmunt no solo es un extraordinario pensador, sino una persona tremendamente comprometida con la realidad. Su vitalidad, su dinamismo, su profunda empatía con el sufrimiento humano, me revelaron a un ser excepcional. Por eso insisto en que el libro no ha sido únicamente una labor intelectual, sino una experiencia humana que me ha marcado.

El retorno del pénduloPara los escépticos, ¿qué puede aportar el psicoanálisis a este mundo de hoy en crisis y variable sin certezas? ¿Se puede combatir la incertidumbre?

El único escepticismo que podemos adoptar es aquel que se acompañe de lucidez, y en modo alguno de una actitud nihilista o cínica. Rechazo los discursos catastrofistas, apocalípticos, que son muy apreciados para el consumo de masas, pero que no aportan absolutamente nada. El escéptico lúcido es aquel que no cierra los ojos a los síntomas de la época, pero que no pronuncia una sentencia de muerte. El psicoanálisis desconfía del optimismo progresista, de la fe ciega en que el avance tecno-científico va a resolvernos todo. Tenemos la prueba de que todo ese milagro que se espera de la ciencia no nos evita el sufrimiento, sino que a menudo lo agrava. El psicoanálisis está del lado de la Ilustración y de la racionalidad. Pero adopta una perspectiva a la vez crítica sobre los peligros que entraña subsumir la totalidad de la experiencia humana en una visión cientificista, que pretende convencernos que incluso el amor no es más que un asunto de feromonas o combinaciones de genes. Basta con leer toda la basura que diariamente se publica en nombre de la Ciencia. El psicoanálisis aporta algo esencial: la palabra. El psicoanálisis es la gran reserva de la palabra, en un mundo en el que muchos pretenden medicalizar la existencia. El psicoanálisis es el lugar donde un ser humano pude encontrar una respuesta a su malestar, pero una respuesta que no viene preestablecida en ningún protocolo. Una respuesta que el sujeto mismo debe construir a la medida de su propia verdad, que es única, irrepetible.

 

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