El reto de un ecosocialismo descalzo

El pasado lunes 27 de febrero, en el marco de un proyecto de investigación que promueve la Cátedra de Ciencia,Tecnología y Religión de la Universidad Pontificia de Comillas con el título “Condición humana ante los retos de la Ecología”, intervino el profesor Jorge Riechmann para presentar su propuesta ecologista. Aunque centró su intervención en los procesos energéticos, durante el coloquio utilizó la expresión “ecosocialismo descalzo” para contextualizar políticamente sus reflexiones.

Al grupo de investigadores y profesores no nos sorprendió el uso del término “ecosocialismo” en el ámbito de la ética ecológica porque sabemos que el profesor Riechmann es un destacado militante en esta tradición política. Nos sorprendió el uso del término “descalzo” para describir esta tradición política porque parecía realizar un guiño a la tradición franciscana en la casa que lo había invitado. Quizá pensaba que al ser una universidad de los jesuitas la intervención se grabaría y llegaría hasta el Papa Francisco, quien a buen seguro la acogería con relativo gozo franciscano.

Utilizó esta expresión para reivindicar un estilo de vida más austero, para señalar que los actuales niveles de vida son energéticamente insostenibles. Si de verdad queremos un mundo más justo, no tenemos más remedio que cambiar nuestro nivel de vida y reconocer que también podríamos satisfacer nuestras necesidades derrochando menos energía de la actual. Llegó a señalar que podríamos vivir bien con una décima parte de la energía que utilizamos. A su juicio, la solución de la crisis energética no pasa por soluciones epidérmicas o coyunturales como la de cambiar los coches de gasolina por coches eléctricos. Ese ecologismo de termosolares, fotovoltaicas y energías alternativas no es suficiente porque forma parte de una mentalidad instrumental incapaz de ir a la raíz del problema. Y el problema está en el conocimiento de las leyes de la termodinámica y la visión global de los procesos energéticos.

Para ello, recordó que los tiempos de la naturaleza tienen que ser pensados con mentalidades a largo plazo y no con mentalidades cortoplacistas. Recordó la anécdota de un famoso banquero que, cuando escuchó atentamente las explicaciones del economista y premio Nobel James Tobin (1918-2002, quien propuso la famosa “tasa” sobre transacciones financieras) sobre el valor del tiempo en los procesos económicos, le replicó de inmediato: “en mi negocio el largo plazo son 8 minutos”. Este es uno de los factores determinantes en la crisis ecológica: la forma de medir los tiempos. El tiempo de la naturaleza se parece poco al tiempo de la economía financiera, de la obsolescencia programada de los productos de consumo y de un mundo de artefactos o procesos diseñados con la razón tecno-instrumental.

Este ecosocialismo descalzo tiene poca confianza en los productos de Silicon Valley y de las fantasías tecnológicas que desde allí emergen para superar la crisis. La tecnolatría y la razón instrumental simplifican las dimensiones de la crisis ecológica. Como también lo hacen quienes consideran que la economía digital supone menores costes de energía y una racionalización de los procesos que nos deja más tiempo disponible para otras tareas. Para unos y otros, los avances en eficiencia son aparentes porque lo único que hacen es trasladar el problema a otros lugares o procesos. Los avances en eficiencia de unos lugares rebotan en otros lugares en términos de contaminación. Es lo que Gibbon llama “efecto rebote” y los ecologistas plantean como la “mochila ecológica”.

En su exposición, también criticó con dureza a la clase política que ha gobernado el mundo durante las últimas décadas. Afirmó que hemos padecido una clase política “estructuralmente imbécil” que se no se ha tomado los datos en serio y que no ha hecho caso a los primeros informes sobre Los límites del crecimiento (1982). A su juicio, necesitamos una clase política menos nihilista que la actual que no nos engañe con falsas promesas tecnolátricas. Quizá se trata de una nueva clase política para una nueva ciudadanía que explore caminos alternativos a los instrumentales o tecnológicos. De lo contrario, y si seguimos como vamos, algún día habrá gentes que consideren el Smartphone como el miembro más importante del cuerpo humano.

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Agustín Domingo Moratalla
Profesor de Filosofía Moral y Política en la Universidad de Valencia y director de la sede de la Universidad Menéndez Pelayo en la misma ciudad. Colabora habitualmente con los medios de comunicación en el ámbito de las Éticas Aplicadas. Es Vice-presidente del Comité de Ética Asistencial del Hospital Clínico Universitario de Valencia, Evaluador Acreditado de EFQM, miembro de varios consejos de redacción de revistas de filosofía moral, miembro fundador del Observatorio para la Convivencia Escolar de la Comunidad Valenciana y miembro de la Comisión Valenciana de Reproducción humana asistida. Su línea de investigación es: ETICAS DEL CUIDADO EN LA ERA DIGITAL.

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