Problemas sociales, responsabilidades sociales

No todo problema es un problema social. Que se me estropee el ordenador es un problema importante para mí, que me significa un sinnúmero de dificultades. Pero a nadie más le resultaría de interés. Es un problema personal, no social.

Una manera simple de identificar que un problema es social, es evaluar su extensión y su profundidad.  Si un problema afecta a un número importante de personas, es considerado de interés público. Por ejemplo, de los más de 8 millones de niños y niñas que hay en España, un tercio (32,9%) están en riesgo de pobreza y exclusión, más de 2 millones y medio. Es un problema lo suficientemente extenso como para asumir que no sea un asunto de esas familias solamente. Es tal su magnitud, que deja de ser un problema personal o familiar y pasa a ser un problema social, y también la responsabilidad de hacer algo para solucionarlo. Además, crecer en la pobreza tiene consecuencias importantes que van más allá de la infancia, y afectan de manera permanente a las oportunidades educativas, laborales, y de salud. El 80% de los niños y niñas que crecen en situación de pobreza siguen siéndolo de adultos. La pobreza afecta no sólo a un gran número de personas, sino que sus consecuencias son profundas.

Pero también puede suceder que solo se cumpla el segundo criterio, la profundidad, es decir, la gravedad del fenómeno. Tal vez no afecte a una parte importante de la población, pero la afecta de tal manera, que resulta intolerable. Aunque sea solo una persona quien la padezca, es inadmisible. Aquí el ejemplo más recurrido es el abuso sexual infantil. No hace falta que afecta a un gran número de niños. No podemos tolerar que afecte a nadie. Sus consecuencias son tan profundas que no sólo debemos preocuparnos por la atención a las víctimas, sino también activar todos los recursos necesarios para que reducir al mínimo la posibilidad de que ocurra. Es, también, responsabilidad de todos.

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Pero, aunque reconozcamos que tenemos problemas sociales urgentes e importantes, aunque no podamos esperar que quienes los padecen puedan superarlos sin una legislación y unos recursos suficientes… eso no significa que suceda. En el caso de los dos problemas que hemos citado, España aún no consigue pasar de los problemas a las soluciones. Y no porque estas sean difíciles de encontrar, sino por falta de voluntad política y por falta de responsabilidad social.

¿Qué soluciones? En el caso de pobreza infantil, aumentar la inversión en la protección de familias e infancia, y en especial, aumentar la prestación por hijo a cargo, sería un avance importante hacia una solución. Para los niños y niñas víctimas de violencia, en el Congreso está a la espera de trámite una ley orgánica para la erradicación de la violencia contra la infancia y la adolescencia, que va a significar un avance importante en esta materia… y que aún no ve la luz.

Los problemas sociales no son maldiciones bíblicas. En la medida en que movilicemos suficientes recursos normativos, económicos, técnicos, podemos reducirlos drásticamente. Veremos si, en esta nueva legislatura, lograremos pasar de los problemas sociales a las soluciones.

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