Repensarnos con la Tierra

Mitología de los holo holo (Tanzania y Congo)

¿Cómo nos relacionamos con la Tierra? ¿Cómo vivimos la Tierra?

La crisis medioambiental nos llama a repensar la manera en que nos relacionamos con la Tierra. Porque con la Tierra establecemos una relación, no sólo al acercarnos al mar, a un río o a un bosque, si no al consumir, producir y vivir, ya que todo está conectado y nuestros estilos de vida y los modelos económicos dejan una fuerte huella en la Tierra.

Existen dos corrientes fundamentales en este marco: el antropocentrismo y el biocentrismo.

La primera entiende que el ser humano es el único sujeto moral por estar dotado de razón y libertad. El único capaz de tomar decisiones libres y asumir responsabilidades y exigir deberes. Según esta corriente, la naturaleza no tiene un valor intrínseco y, evidentemente este punto determina la relación y la aproximación a ella y está fundamentalmente determinado por su carácter económico; considera que el resto de especies son algo independiente y que son valiosos en tanto en cuanto pueden generar beneficios para el ser humano.

Aspectos como la explotación no son cuestionadas ya que se entiende que el avance de la ciencia y la tecnología encontrarán soluciones para los problemas ambientales.

Por su parte el biocentrismo trata de abandonar la dualidad naturaleza/ser humano. Entiende la Naturaleza como un todo integrado de lo cual los seres humanos formamos parte y rechaza la superioridad del ser humano; entiende que el centro de la moral debe ser la vida en sus diversas formas y no sólo el ser humano.

Tanto en una corriente y otra existe un amplio abanico de posiciones[1].

Dichas corrientes ofrecen dos paradigmas éticos de relación con la Tierra que sin duda determinan el lugar de la economía, la política, la cultura y la propia educación según nos aproximemos desde un prisma o desde otro.

De ahí, el modelo de desarrollo actual está marcado por un fuerte tono antropocéntrico que está teniendo como consecuencias la actual crisis medioambiental. Es un paradigma tecnocrático y mercantilista que impregna las relaciones sociales, culturales, personales y las propias mentalidades individuales.

Tal paradigma, influye y condiciona en la propia vida de las personas, en cómo nos relacionamos y en cómo funcionan los ámbitos sociales, económico y políticos. El paradigma tecnocrático deja una huella profunda en los comportamientos, en la cultura en las propias mentes de manera que es difícil situarse fuera del mismo porque llega a estar “omnipresente” (LS 122).

Por consiguiente, decimos que no basta con emprender acciones de cambio que aparentemente son diferentes, si no que necesitamos ampliar el foco y profundizar en las lógicas que hay detrás.

Puesto que a menudo se trata de resolver la crisis medioambiental con acciones puntuales y sin plantear la cuestión cultural y del paradigma ético que hay de fondo, es importante insistir en la necesidad de comprender qué es lo que opera de fondo preguntándonos “de qué está hecho” el paradigma ético que constituye el marco de actuación de nuestra relación con el medio ambiente.

Sólo de esa manera podremos emprender acciones de cambio coherentes, integrales y sostenibles.

Por ello, la actual crisis medio ambiental nos insta a repensar los valores culturales y económicos y nos apremia a una reorientación de los mismos que se hace especialmente apremiante por la constatación de relación entre el deterioro medioambiental y el impacto entre las poblaciones más desfavorecidas.

[1]Vv.Aa. Ensayos de ética ambiental, volumen 2. Valores y enfoques ambientales en la Enseñanza Secundaria Obligatoria a través de los libros de texto. Cátedra de ética ambiental. Universidad de Alcalá, 2015

 

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