Rentabilidad y riesgo

Los resultados de las pasadas elecciones municipales elevan el riesgo de invertir en España. De hecho, ningún inversor sensato meterá dinero aquí hasta ver qué pasa en las elecciones de noviembre.

Tres cosas son claras desde el punto de vista económico:

  • (1) Sin inversión no hay creación de empleo, ni incremento de recaudación de los impuestos a medio plazo, ni por tanto financiamiento para los servicios públicos;
  • (2) En una economía globalizada, la inversión ocurre donde quieren los dueños del dinero, cada dueño de cada porción de dinero, pequeña o grande. No hay manera de obligar a nadie, ni de fuera ni de dentro, a invertir en España;
  • (3) Las decisiones de inversión se toman valorando rentabilidad contra riesgo.

Cuanto más arriesgada una inversión, más rentabilidad se le pide para poner el dinero en ella. Si la inversión A da el 5% de rentabilidad y la inversión B da el mismo 5%, pero B es más arriesgada que A, coloco mi dinero en A. Para invertir en B, exijo que me dé más del 5%, en proporción al mayor riesgo que voy a correr.

Eso implica que, al aumentar el riesgo, las inversiones que un determinado destino puede atraer exigirán también mayor rentabilidad. Las inversiones más “normales” -de largo plazo y con rentabilidades moderadas- desaparecen y solo quedan las más “voraces”, que piden una rentabilidad alta, y a plazo corto si la situación se estima muy volátil. Con lo cual, una izquierda que deliberadamente introduzca un riesgo político adicional, selecciona las inversiones precisamente al revés de como dice querer: atrae a los inversores más voraces y espanta a los normales.

Por eso es tan absurda la frase de Iglesias: “que haga un partido político el Ibex 35 y se presente a las elecciones” (dicha dentro de un discurso discurso donde hay otras cosas con más sentido). Los inversores no necesitan ganar elecciones, porque no pretenden ninguna forma de acción colectiva. Grandes o pequeños, españoles o extranjeros, inversores actuales o gente que se está pensando donde poner el dinero, básicamente solo van a tomar sus decisiones individuales. Si les parece que Carmena, Colau o Iglesias incrementan el riesgo, les exigirán más rentabilidad para invertir; y si no se la ofrecen, se irán con su dinero a otra parte. El mundo es grande. Nada de nombrar al gobierno ni dictarle cosas: solo irse, lo que implica de hecho no crear los empleos correspondientes a sus inversiones, y a ver a quién paga impuestos luego para cubrir los seguros de desempleo, los gastos sociales prometidos, y a la larga las pensiones.

Pero al inversor que ha colocado su dinero en otra parte, eso en realidad ya no le importa: “donde está tu tesoro, allí está tu corazón”. Si España quiere hundirse, que se hunda: con tal de que el corralito no me pille el dinero…

Nuevos partidos y nuevos enfoques en la política pueden hacer muchas cosas buenas, desbloquear muchos territorios, precisamente porque el sistema bipartidista está muy podrido. Pero lo que no pueden hacer es incrementar deliberadamente el riesgo y con ello ahuyentar a las inversiones más conservadoras, dejando a los españoles del común en manos de los inversores más voraces.

Imagen: https://laicismo.org/2015/terrorismo-suicida-con-la-ayuda-de-dios-en-la-sagrada-biblia/119119

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