¿Ha muerto en Finlandia la Renta Básica?

La semana pasada apareció cumplidamente en la prensa la noticia de que el mayor programa del mundo de prueba de un sistema de renta básica, que estaba llevándose a cabo en Finlandia desde comienzos de 2017, no será renovado a su final, previsto para diciembre de 2018.

Algunos liberales han dado por muerta la renta básica tras la no-renovación del experimento finlandés (cuyas razones no sabemos, porque las conclusiones oficiales solo las tendremos en 2019). También hay quien ha vuelto a sacar la cuestión del desincentivo al trabajo que la renta básica puede suponer, y la inmoralidad de pagar a alguien por no trabajar. Estos otros son asuntos de principio, no relacionados con resultados de ninguna prueba.

Hay tres razones por lo que no tiene mucho sentido dar por muerta la renta básica por la terminación del experimento finés:

  1. No era un experimento de renta básica universal. Lo era de renta incondicional (560 euros por mes), pero no universal (2000 parados entre 25 y 58 años de edad, seleccionados al azar entre los perceptores del subsidio de desempleo). Consistía más bien en una búsqueda de modelos alternativos de Seguridad Social en el contexto finés, que de una prueba de renta básica universal.
  2. No es el único experimento en curso. Julen Bollain ha resumido aquí un número de pruebas sociales que están ocurriendo o van a ocurrir pronto, las cuales se acercan más o menos al modelo de renta básica universal. (Por cierto, si el tema te interesa, puedes leer sobre él en el website de la Red Renta Básica y en la revista digital sinpermiso. Ambos tratan el tema sistemáticamente).
  3. La renta básica universal no es un asunto de principio, sino de evolución de la estructura económica de la sociedad.

Esta última es opinión es nuestra, no compartida siempre por quienes la ven más en términos de derechos humanos de comprensión universal o básicamente anticapitalista. Por eso la vamos a detallar un poco más:

A nuestro modo de ver, la renta básica universal constituye una salida plausible, que merece ser explorada, para un capitalismo electoral que cree mucha riqueza con poco empleo.

El capitalismo industrial estándar que conocemos desde la Revolución Industrial (s.XVIII), necesita el trabajo como factor básico de producción. La tendencia ha sido, sin embargo, siempre sustituir trabajadores por mejores máquinas, haciendo con ello más productivos a los trabajadores restantes. Cada camionero es ahora mucho más productivo que los primeros de hace un siglo, digamos, porque conduce un camión mucho mejor, que lleva más carga, más deprisa y con más seguridad.

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La disminución del número de empleos en las industrias existentes fue más que compensada por la aparición de nuevos bienes y servicios, que aun con nuevas y mejores máquinas, generaron mucho más empleo que el destruido por las mejoras tecnológicas (hasta el punto, por ejemplo, de absorber a las mujeres en el mercado laboral, en buena parte del mundo).

El punto, extremadamente discutido, es si ese fenómeno va a volver a repetirse con la “cuarta ola” de la Revolución Industrial, que es la digitalización de la economía. En rapidísimo resumen, las posiciones pueden agruparse en tres:

  1. , volverá a ocurrir que la destrucción de empleos con este cambio tecnológico será más que compensada con la aparición de nuevos nichos para el trabajo humano (sobre todo servicios a personas). Habrá sin duda desajustes y desplazamientos en el mercado de trabajo, pero las personas y los Estados podrán manejarlos sin mucho problema.
  2. No por sí solo. Si el proceso tecnológico se deja discurrir por sí, liquidará muchos más empleos que creará. Es necesaria una muy activa intervención del Estado para favorecer (fiscalmente) formas productivas de esquema máquina+empleo sobre aquellas de solo máquinas, y salvar el empleo humano.
  3. No, en absoluto. Todo trabajo humano que pueda ser sustituido por una máquina lo será, porque las máquinas no necesitan descanso, no tienen altibajos de humor ni problemas personales, y carecen de derechos laborales. La inteligencia artificial reducirá cada vez más el campo del trabajo humano no sustituible por máquinas. Los Estados que se empeñen en mantener el empleo por esquemas mixtos (tipo 2), verán caer la competitividad de sus economías rápidamente.

Mi opinión personal entraría bajo el punto (3) de los anteriores. Quizás consideraría deseable (2), que parece la posición del Papa Francisco, pero requiere condiciones competitivas semejantes en todo el mundo, básicamente la autoridad política mundial que no existe ni parece probable a medio plazo. A (1) lo veo demasiado optimista, en cuanto creo que no cuenta bien el carácter exponencial de la invención tecnológica. En todo caso, pocos se atreven a hacer pronósticos tipo (1) más allá de 2030: a la vuelta de la esquina, como quien dice.

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Entonces, si (3) se parece más al futuro en una decada o dos, nuestro camionero no verá incrementar su productividad (y su sueldo) gracias a todavía mejores camiones, sino que su empleo desaparecerá y los camiones irán por sí solos. En virtud de las máquinas, la productividad del trabajo humano pasará de elevarse continuamente, a volatilizarse. Quizás el camionero encuentre un nuevo empleo en terrenos ahora inexistentes (el escenario (1) o el (2)). Pronostico que eso será más bien improbable, temporal y/o precario: si ocurre durará hasta que nuevas máquinas hagan su nuevo oficio más barato que él. Las máquinas van más deprisa en aprender habilidades específicas que las personas; y más rápido que van a ir (eso significa la inteligencia artificial).

Ahora, nuestro camionero desempleado o mal empleado no va a quedarse con los brazos cruzados. En un sistema electoral de partidos, la gente no está dispuesta a ser apartada sin usar el voto y las libertades políticas para intentar evitarlo. Si el sistema no tiene lugar digno para ellos, se volverán antisistema. Además, el capitalismo mismo requiere quien compre los bienes y servicios que produce. Si la gente no gana dinero, no podrá comprar.

La Renta Básica Universal es una posible salida a los dos problemas (y a algún otro, como la baja natalidad o la marginalidad económica nacional). Con ella desacoplas ingreso de empleo. La alta productividad de una economía muy maquinizada, que produce gran riqueza pero quizás hasta destruye empleo neto y/o genera empleo de mala calidad, permite pagar esa Renta Universal. La Renta integra políticamente a la gente (no hay mucho lugar para nosotros en la producción pero sí en el consumo) y le permite comprar lo que las máquinas fabrican (con lo que el sistema económico no colapsa). La educación pasa de centrarse en capacitar para el trabajo, a cultivar el uso humanizador del tiempo libre, la creación, la familia… Las Humanidades, y no las disciplinas STEM (ciencia, tecnología, etc) se vuelven centrales en esa educación. No se trata tanto de aprender a manejar máquinas, sino a vivir humanamente.

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Todo ello depende de que la evolución de la economía digital siga el camino (3). Por eso, la Renta Básica Universal no es tanto una cuestión de principio. Por eso también, si un determinado experimento resulta evaluado negativamente ahora (supongamos que los parados finlandeses que recibían el sobre-subsidio dejaron de buscar trabajo), ello no implica que la Renta Básica deba descartarse para siempre. Lo único que podría concluirse es que su momento no ha llegado todavía (es decir, que el parado encontraría un trabajo digno si lo buscara con más ahínco). Puede llegar pronto, y por eso vale la pena experimentar esquemas antes de que nos pille el toro.

Si en diez años hay a la vez mucha más riqueza y muchos más parados por la sustituición de trabajadores por máquinas, y encontrar empleo deja de ser una perspectiva razonable para el grueso de ellos, las condiciones económicas habrán cambiado. Entonces la Renta Básica Universal puede ser la salida del capitalismo para no terminar en el colapso comprador y/o la explosión política.

La Renta Básica Universal es un asunto sobre todo de desarrollo de las fuerzas productivas, que diría Marx. Y las fuerzas productivas están cambiando a una velocidad más grande que nunca antes en la historia de la Humanidad. Contra lo que pensaba Marx, sin embargo, el capitalismo ha demostrado gran flexibilidad en adaptarse a los cambios en las condiciones económicas que él mismo creaba. Quizás ahora lo vuelva a hacer, precisamente a través de la Renta Básica.

Que esto sea deseable o no –por principio, ecológicamente, o por alguna otra razón– es asunto más discutible. No obstante, cuando las fuerzas económicas se alinean en una dirección, la experiencia nos dice que más vale buscar esquemas deseables, o al menos tolerables, en esa dirección que en la contraria.

 

 

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