El día 19 de mayo tuvo lugar la tercera sesión del seminario Religión y religiones en la plaza pública, que organizamos junto con la Fundación Encuentro. El tema de esta tercera sesión fue la enseñanza de la religión en la escuela.

En su intervención de apertura y presentación del debate, el director de la Fundación Encuentro, Agustín Blanco, señaló cuatro de las principales cuestiones sobre las que giró el diálogo en la segunda sesión del seminario:

– La relación entre laicismo y laicidad y los diferentes modelos de laicidad, con particular atención a Francia y Estados Unidos.

– Las diferentes posiciones en torno a la necesidad y oportunidad de una reforma de la Ley de Libertad Religiosa. Hubo un acuerdo bastante general en reconocer que no hay una gran presión social para llevar a cabo esta reforma, pero sí se detectan problemas concretos (financiación, profesores de religión, símbolos religiosos en el espacio público) que se deben afrontar legislativamente.

– Es preciso también reconocer que en el diseño de la ley actual hay problemas de desigualdad y asimetría entre las confesiones que hay que resolver. Finalmente, la ley debe ser mucho más sensible a las necesidades de la sociedad cada vez más plural en lo religioso en la que vivimos.

– A la hora de plantear cambios legislativos y hasta la aplicación de la ley actual se tropieza con frecuencia con el problema de la representación pública de las religiones y su capacidad de acuerdo colectivo.

Actuó como iniciador del diálogo Eugenio Nasarre (Vicepresidente Primero de la Comisión de Educación y Deporte en el Congreso de los Diputados). Estructuró su intervención alrededor de una serie de preguntas:

[1] ¿Forma parte del contenido esencial de la libertad religiosa recibir enseñanza religiosa en el ámbito escolar?

[2] ¿Cómo se puede ejercer este derecho en el ámbito de la escuela pública de un Estado que ha asumido el principio de la laicidad? ¿Es compatible la impartición de la enseñanza religiosa, respetando el derecho que asiste a los padres de que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones, en el seno de una institución escolar laica? ¿Qué dificultades se presentan? ¿Cuáles son los modelos existentes en Europa?

[3] ¿En el mundo en que vivimos es conveniente que todos los alumnos reciban, como parte de su formación integral, un conocimiento básico sobre el hecho religioso y sus implicaciones en el ser humano y en la sociedad? ¿Es bueno que una sociedad se instale en el “analfabetismo religioso”? O, por el contrario, ¿en una sociedad con un alto grado de secularización el conocimiento del hecho religioso es irrelevante para la formación del alumno y puede prescindirse de él en el plan formativo de la escuela? ¿En una sociedad, como la española, resulta posible comprender su historia, sus tradiciones y su modo de vida desconociendo el componente religioso de su cultura?

[4] ¿Es posible compatibilizar en la institución escolar una enseñanza de la religión confesional (“de acuerdo con las propias convicciones”) para quien voluntariamente lo demande con una enseñanza de la religión de carácter aconfesional con la pretensión de dar a conocer a los alumnos desde un punto de partida neutro las dimensiones del hecho religioso y sus implicaciones en la cultura y en la sociedad?

[5] ¿Qué estatuto académico debería tener la enseñanza de la religión (tanto en su modalidad confesional como en su modalidad aconfesional), en el caso de que se considerara que, en una u otra modalidad, deberían formar parte de la formación integral del alumno?

[6] ¿La presencia de la enseñanza de la religión en una escuela laica, pluralista en cuanto a las convicciones de los alumnos y a sus cosmovisiones, en qué afecta a la convivencia de la institución escolar? ¿Es posible armonizar el pluralismo? ¿ O la presencia de la religión en la escuela es un fenómeno perturbador para la convivencia, que aconsejaría marginarlo de la vida de la escuela? ¿Deberían, por tanto, desaparecer de la vida escolar todos los elementos con connotación religiosa para preservar el carácter “laico” de la escuela?

[7] ¿Puede integrarse, sin colisiones insuperables, la formación religiosa en el ámbito escolar con los postulados científicos que han de impregnar las tareas de las distintas disciplinas? ¿Es posible establecer un diálogo entre razón y fe, entre ciencia y religión?

[8] Finalmente, ¿resulta posible y aconsejable procurar acuerdos sobre las cuestiones planteadas con la finalidad de evitar una “guerra escolar” sobre la presencia o no presencia de la religión en los sistema educativos?

Tras unas primeras intervenciones focalizadas en el debate en torno a lo que significa -y en qué debe concretarse en el sistema educativo- el derecho de los padres a que sus hijos sean educados según sus convicciones morales y religiosas, hubo un amplio consenso respecto a la mala gestión que de este tema se ha hecho por parte tanto de los Gobiernos y los partidos políticos como por parte de la Iglesia. Así, mientras que en la sociedad no se constata ningún rechazo remarcable a la oferta de la religión en el currículum escolar, las peculiares características de la contratación y selección del profesorado de religión y el cambiante estatuto de la asignatura en el currículum constituyen factores que distorsionan profundamente el análisis sereno de la situación y que dificultan notablemente la posibilidad de llegar a acuerdos amplios y duraderos en este tema.

 Al finalizar, Daniel Izuzquiza propuso a los asistentes realizar una cuarta sesión para abordar el tema de la financiación de las religiones, en el mes de junio, y una última, en septiembre, para intentar consensuar un breve documento con los principales argumentos y propuestas del seminario. La propuesta fue aceptada por unanimidad.