Jóvenes y series, una relación imparable

Los más jóvenes ya no esperan. Quieren ver los capítulos de sus series en cualquier momento. El móvil es suficiente, si no la tablet o el ordenador que tengan en su habitación. Se consumen horas de vídeo continuamente, se enganchan a sus historias sin parar independientemente de la hora del día o de la noche, en una semana son capaces de ver varias temporadas. Sin duda alguna jóvenes y series tiene vistas de ser una relación a largo plazo, muy estable y duradera.

Las grandes plataformas de películas y series tienen mucho que ver en esto, aunque esto comenzó antes. Cuando Netflix o HBO en España eran desconocidas, cuando los contratos de red no incluían televisión con series, ya existían en internet lugares en los que ver “gratuitamente” lo que quisiéramos. Y sigue siendo así. A pesar del auge, nuevos espacios digitales siguen sirviendo este tipo de contenidos.

  1. ¿Qué ven? El espectro es amplio. Desde series españolas a japonenas, por supuesto americanas; humor, drama, ficción… Se nos escapa, detrás de todo esto, qué están absorbiendo los jóvenes frente a sus pantallas. Algo que me ha llamado mucho la atención, comentando con los jóvenes directamente, es que se haya puesto “de moda” una serie en la que una chica cuenta con trece razones su propio suicidio. Capítulos duros, con mucha realidad y detalle, en la que ellos mismos confiesan que ven reflejado su trágico mundo con sus excesos de maldad. Esto me lleva a preguntarme si realmente se trata de puro ocio o hay otros criterios diferentes en sus búsquedas.
  2. ¿No se saturan? Han visto de todo. Aunque pueda parecer una locura, es cierto que antes de su primer beso de amor han visto horas de sexo explícito. Antes de enfrentarse con seriedad a la muerte, han estado delante de muertes de lo más diverso. Después de ver tantas familias, que contrastan con la suya, y de participar de la historia de cientos de personajes que encarnan jóvenes como ellos, ¿qué queda por ver? En sus propias palabras, enganchan las historias porque quieren ver el siguiente capítulo y lo quieren esperar. Viven en lo ajeno de algún modo, sin mucha sed de protagonismo en su propia historia. No desean que les pase lo que ven, ni arriesgar lo que tienen por algo más grande. Se trata simplemente del placebo adormecedor de saber que esto es cosa de otros, por muy verosímil que pueda parecer en primer lugar.
  3. ¿Cómo empezó todo? El crecimiento de las pantallas para una sola persona tiene tanta historia como la del ordenador personal. La televisión agrupaba a más personas en su entorno. Y resulta muy paradójico escuchar a algún nostálgico, que en su momento la criticó por absorber la vida familiar, echar de menos esos tiempos pasados. El desarrollo de la relación entre jóvenes y series se da en primer lugar por la diversidad de intereses y la posibilidad de que todos los miembros de la familia ven satisfechas sus necesidades. El asunto a remarcar hoy es el escaso control que tienen los padres sobre aquello que ven sus hijos. Quizá saben que están viendo series, pero no tienen ni idea de qué tratan, qué escenas hay, qué subyace detrás de ellas, qué enseñan y qué aprenden. La relación entre jóvenes y series sólo se trata cuando hay otro problema sobre la mesa.
  4. ¿Cuánto tiempo están ante la pantalla? A diario, horas. Incluso los días que tienen colegio-escuela-instituto. La media supera las dos horas diarias viendo series, lo que suponen varios capítulos. Los fines de semana aumentan, pero no tanto como en vacaciones, especialmente esos tramos de vacaciones en los que permanecen en la vivienda familiar y son demasiado jóvenes para organizar libremente su agenda. Los chavales sienten que las horas de la noche pueden ser suyas sin dar más explicaciones a nadie, por lo general. ¿Más de cinco horas los fines de semana viendo series? ¡Es posible!
  5. ¿Sustituyen a los libros? En cierto modo sí. Insisto en el factor “historia” como aquello que más engancha. Mientras se mantenga un cierto nivel de incertidumbre sobre lo que va a pasar, con personajes atractivos, el consumidor de series permanecerá. Los jóvenes no terminan las series por terminarlas, por llegar al final. Son nuevos relatos, o los relatos de siempre en nuevos formatos. Amplían sin duda el mundo en el que viven, aunque también se sientan a recrearse en series que se asemejan mucho a sus relaciones intensas y trágicas en las que viven.
  6. ¿Qué refleja todo esto? Detrás de todo esto, de todo lo que tiene que ver con jóvenes me gusta preguntarme qué hay. Si preguntase a un joven por qué ve tantas series, quizá no tenga más respuesta que la de que es hijo de su tiempo y es lo que se hace. De algún modo ha aprendido que si eres joven tienen que ver series a comienzos del siglo XXI. Si preguntas a un adulto, espero que su abanico de respuestas sea más amplio. Los jóvenes salen menos de casa, permanecen en ella más encerrados que nunca en la historia de la humanidad y esta es una de sus vías de escape. Además, nunca antes contemplaron tan lejano el momento de salir de ellas y conocer el mundo “pateándolo” con independencia, luego aquí están las historias o parte de ellas que el ADN demanda vivir en primera persona a cierta edad. ¿Cabe contemplar las series como sustituto de una vida que debería estar protagonizada por uno mismo? ¿Es una forma de acomodo a un tiempo que exige pasividad?
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