Refugiados e inmigrantes: solidaridad vs rechazo en Europa

En los últimos años algunos países europeos han experimentado un incremento significativo de los electores que optan por opciones políticas con programas de rechazo a inmigrantes y refugiados. También en Estados Unidos parece que los discursos de talante excluyente a esos colectivos de personas tienen bastantes seguidores,  como se deduce de la escalada del candidato a la presidencia Donald Trump dentro del partido republicano.

(Ilustración tomada de http://www.elperiodico.com/es/graficos/internacional/auge-extrema-derecha-populista-europa-15050/ Autor Francisco José Moya)
(Ilustración tomada de http://www.elperiodico.com/es/graficos/internacional/auge-extrema-derecha-populista-europa-15050/ Autor Francisco José Moya)

El último ejemplo de deriva hacia posiciones políticas extremas se tiene en Austria. Los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales han dado claro vencedor a  Nobert Hofer, candidato del partido FPÖ, con el 35% de los votos. Este partido manifiesta su negativa a abrir las puertas a inmigrantes y refugiados. Austria es el paradigma de lo que está sucediendo en Europa, durante años tuvo una alternancia en las responsabilidades de gobierno entre conservadores y socialdemócratas que en estas últimas elecciones han sufrido una severa derrota, entre ambos partidos apenas consiguieron el 22% de los votos.

Lo de Austria se veía venir cuando ya en octubre del pasado año 2015 decidió la construcción de una valla para impedir el paso de los inmigrantes y refugiados a través de la frontera con Eslovenia, un nuevo muro de la vergüenza.

 

Ilustración tomada de http://www.elmundo.es/internacional/2015/10/28/5630843ce2704e25638b45a2.html
Ilustración tomada de http://www.elmundo.es/internacional/2015/10/28/5630843ce2704e25638b45a2.html

Austria es el último ejemplo del rechazo y la insolidaridad, pero el crecimiento de esa corriente xenófoba y racista no es nueva en Europa, ya se ha manifestado en países de gran tradición democrática como Francia, Holanda, Dinamarca, Noruega, Suecia, Finlandia, Bélgica, Reino Unido o la misma Alemania.

España, afortunadamente, no tiene ningún partido representativo de ese corte excluyente. Sin embargo, los líderes políticos y los militantes de los partidos españoles deberían estar muy atentos a que no se incrusten en sus filas elementos perturbadores en ese sentido. España siempre ha sido un país solidario, de acogida, respetuoso con todas las razas, religiones y culturas. Comparado con otros países de su entorno, apenas ha contabilizado episodios de xenofobia y racismo. Pero no hay que bajar la guardia.

El rechazo del mundo musulmán, traducido en islamofobia, es otra de las prédicas de esos grupos sociales y políticos extremistas. A los argumentos, ya consabidos, de que vienen a quitar puestos de trabajo, a vivir de las subvenciones y a disfrutar de privilegios que no tienen los nacionales, que son empleados contra la inmigración en general por la propaganda excluyente, en el caso de los musulmanes,  se añade el calificativo de violentos y que están aquí para acabar con nuestra cultura.

La islamofobia se ha acrecentado con los últimos atentados terroristas. Intencionadamente los líderes de esos partidos intolerantes  difunden propaganda sobre la maldad de los musulmanes, sobre la violencia del Islam.  Por desgracia, esa propaganda produce efecto, a la vista de los resultados electorales en Europa y los previstos en Estados Unidos.

Sería exigible a dirigentes políticos, a medios de comunicación y a ciudadanos en general rigurosidad al analizar el problema de los refugiados, las causas de la inmigración, conocer la situación desesperada de los países más pobres del mundo, y abandonar tópicos propagandísticos contrarios a la acogida. La muerte en el mar tratando de llegar a Europa también debería ser causa de reflexión solidaria y humanitaria.

La emigración ha contribuido al enriquecimiento de América y Europa y, por supuesto, de España. Millones de inmigrantes han trabajado, y lo siguen haciendo, duramente, a veces, en condiciones laborales y salariales inferiores a las nacionales allí donde les han requerido. En cuanto a esa supuesta invasión cultural, convine reflexionar si las medidas represivas son  más eficaces que el respeto y la puesta en práctica de los valores culturales propios. Ninguna cultura se defiende con muros o con armas.

Refugiado o inmigrante puede ser cualquiera en un momento determinado de la historia si se dan condiciones de guerra o crisis económica. Ya lo fueron nuestros abuelos y nuestros padres, ahora también algunos de nuestros hijos.

Es prioritario educar para la solidaridad, para comprender el sufrimiento ajeno, para no encerrarse en el egoísmo, para alejarnos de los totalitarismos simplistas.

Europa no puede perder sus valores, que son la mejor manera de defender su cultura.

En España se aproximan nuevas elecciones, los candidatos tienen que ser muy claros en sus programas. La crisis de los refugiados y la inmigración merecen mucha atención. Los españoles tienen derecho a conocer las intenciones de sus futuros dirigentes para tomar una decisión y  votar en consecuencia.


Foto de portada: Photo Credit: <a href=”https://www.flickr.com/photos/34879918@N04/25988674190/”>Sesc em São Paulo</a> via <a href=”http://compfight.com”>Compfight</a> <a href=”https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.0/”>cc</a>

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1 Comentario

  1. ¡GRACIAS!
    Sí, cualquiera puede sentirse obligado a exiliarse. Incluso sin guerra…lo digo por experiencia personal. Un ambiente dogmático puede llegar a ser irrespirable. La necesidad vital de libertad puede llevar a un exilio.

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