#RefugeesWelcome

Ando saturada de imágenes, titulares y opiniones sobre #RefugeesWelcome, al tiempo que voy descubriendo cada día que este problema tiene que ver con la forma de mirar, que a su vez tiene que ver con la forma de vivir.  Vivir, mirar, quizá hoy ayude usar la ya clásica metodología del ver, juzgar y actuar.

Para poder ver la realidad hay muchas maneras. Hoy en día son los medios de comunicación y las redes sociales las que nos dicen qué pasa, pero hay otras formas como viajar, ir a conferencias, libros o caminar por la calle. En el caso de la crisis de refugiados una podría ver la imagen del pequeño Aylan en la orilla y quedarse en ese marco, un niño muerto por la injusticia; pero podríamos ampliar la mirada y ver a las miles de personas que vienen a Europa en barco, trenes, caminando, y acercarnos así a la realidad de las personas no sólo refugiadas, sino también migrantes.

Si amplías aún más el ángulo verás que hay muchos más, millones de ellos, atrapados en países en guerra como Siria, países represivos o empobrecidos, y que son países como Líbano o Turquía los que acogen a la inmensa mayoría de los que huyen. Y si te atreves a ir más allá, verás un mundo en movimiento, con millones de personas desplazas en sus propios países o huyendo a otros por causas políticas, económicas, sociales, climáticas o simplemente en busca de un sueño. Sobra decir, que nuestra querida Europa, nuestras multinacionales de referencia y nuestro modo de vivir tienen mucho que ver en todo esto.

Damos un paso al juzgar. Toca analizar lo visto a la luz de nuestras creencias, valores o herramientas. Aunque quizá lo más valioso de todo sería verlo a la luz del silencio, pasar del intelecto al mundo de los sentidos.  Francisco Pérez, de la pastoral obrera de la Diócesis de Zaragoza decía en el curso de fe y política “El mandamiento del amor es exigente, pero no se puede rebajar”. Pues a la luz de este evangelio del amor la realidad empieza a incomodar y a doler profundamente.

Una vez vista la realidad, y habiéndola iluminado a través de la fe y de la vida, toca dar paso al actuar. ¿A qué me siento llamada, movida? Y es desde el dinamismo de las intuiciones, del amor y de nuestras entrañas que nos comprometemos con nuestro mundo. Decía Imanol Zubero en el citado curso, “Cuando yo me comprometo políticamente, no lo hago por mí, lo hago para que otras personas estén mejor”. Y es importante este otros, es importantísimo en nuestro mundo actual el nosotros porque se está poniendo en cuestión la vida en común para pasar a un sálvese quien pueda.

Es importantísimo nuestro compromiso ciudadano como individuos políticos que somos, y en este actuar miles de europeos han vuelto a darle alma a Europa, han salido a dar mantas y comida a los que vienen huyendo de la violencia, han salido con carteles a dar la bienvenida #RefugeesWelcome, han aplaudido a la llegada de los trenes, se está haciendo un registro de ciudades refugio y han recordado a los gobiernos que sí nos importa lo que le ocurre a otros.

Son importantísimos los gestos, es vital el dinamismo ciudadano y la organización de la sociedad civil pero no olvidemos que no se trata solo de un acto de solidaridad, sino de justicia, no se nos puede olvidar hablar de derechos.

En 1979 el gobierno español acogió a 1.000 refugiados indochinos, en una acción calificada por el Gobierno como de solidaridad en atención a los derechos humanos. En 1980 nacían en Huelva un niño y una niña de parejas laosianas refugiadas. Los dos terminaros siendo mis compañeros de clase y de juegos, nunca les olvido, ampliaron y enriquecieron mi pequeño mundo.

Imagen: The Telegraph

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