Reflexiones de un educador de menores en protección

Dibujo de Muxote Potolo Bat

No sé si era luna llena la de aquella noche en la que dio comienzo mi primera jornada laboral, tal vez por eso no tuve en cuenta los detalles, pero siempre recordaré mi primera noche en Nazaret.
Fue el principio de un largo futuro de trabajo con menores en riesgo de exclusión social y con una difícil situación familiar. Nada podía indicar, en esos momentos, que mi implicación y dedicación a esta tarea tan difícil y emocionante ocuparía los años más importantes y decisivos de mi vida, ni falta que hacía.
La noche no era oscura, me iluminaba la luz de lo desconocido, y en este caso deseado, y me acechaban las dudas de cómo afrontar o intervenir en las situaciones, que seguro me vendrían a partir de esos momentos, y así fue poco después, cuando una niña que se despertó me preguntó con ojos de sueño-quién eres tú- y yo le respondí mi nombre y le indiqué , con determinación  (algo importante por lo que descubrí después) que se fuera a la cama.

Ellos/as y yo en el silencio, escuchando mis pensamientos como aullidos que nadie escucha, excepto tu mismo. Eran ocho, ocho menores que duermen , y tú escuchando sus latidos por primera vez. Como “solo ante el peligro”, imaginando sus vidas rotas y carentes de lo que, la mayoría de nosotros, hemos tenido y disfrutado. Ese fue mi “bautizo” en esta gran institución.
Nunca imaginé que la dedicación a esta actividad se prolongara tantos años, por lo que tampoco poseía un conocimiento integral de mí mismo. Se recomienda tener un mínimo de sensibilidad y conciencia hacia los problemas y desigualdades sociales para poder, así, atender a los más vulnerables, los niños y niñas, adolescentes y sus familias.
Mi memoria se pierde al recordar tantos casos, situaciones diversas que han ido ocurriendo y cambios importantes que se han ido dando hasta el momento actual. La evolución ha sido progresiva gracias al esfuerzo y apoyo de muchas personas que, con gran esfuerzo, han favorecido que muchos niños y niñas de ayer sean hombres y mujeres con una vida integrada, normalizada y más feliz, lejos de la tristeza y la incertidumbre que les deparaba su futuro, pareciendo que hoy sea el día después.
Mi vida en Nazaret ha sido un largo recorrido de dificultades, alegrías, intensa en emociones, compleja, con luces y sombras, como la vida misma, pero siempre ellos y ellas en el camino.

Han pasado distintas generaciones en esta andadura vital, determinando siempre mi destino, a la vez algo habré contribuido yo en el suyo, al menos, algunos, así, me lo han manifestado. Pero mi equilibrio y la luz que ha ido despejando mis sombras me la han dado ellos y ellas, sin que yo lo buscara ni supiera.
Llevo intentando “desengancharme” de esta tarea largo tiempo y aprovechar mis aptitudes e inquietudes para desarrollar otras actividades, pero no he podido conseguirlo, y así pasan los años.
Habría que implicar más a los responsables políticos y quienes deciden sobre nuestro presente y futuro para que valoren, respalden y sean más sensibles a esta realidad social, alejada de sus preocupaciones.
Intentamos incluir, integrar, reconocer sus valores y poner en práctica sus derechos, fortaleciendo sus cimientos para afrontar con más garantías el arduo camino del vivir.
Para ello, también hay que reconocer y valorar nuestra labor como educadores y dar una mayor reconocimiento a nuestros derechos laborales. La realidad nos hace tener una visión poco ilusionante, y ,por tanto, ciertamente poco considerada y ¿olvidada?.

Nuestra labor es necesaria para que tantas personas encuentren una luz que les permita elegir el camino, su camino como partícipes directos y activos de una sociedad que tanto tiene que cambiar y mejorar.
Permitidnos que los que formamos este amplio colectivo sigamos ilusionados para poder seguir desarrollando una tarea tan necesaria y difícil como gratificante. Los problemas ya nos vienen dados por las cuestiones que se nos presentan cada dia. La colaboración y apoyo es fundamental para que el peso en exceso no frustre nuestros(sus) objetivos y perspectivas de futuro.
Ellos y ellas nos necesitan, no miremos hacia otro lado.

Seguir entreParéntesis en Twitter

¿O en Facebook?

Antonio G. García

Educador de Menores en los centros de Acogida de Nazaret

Compartir

1 Comentario

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here