Seguimos con un diálogo abierto y creativo sobre el Partido Socialista, metido en un profundo proceso de crisis y búsqueda. ¿Qué PSOE necesita la gente en este país, qué claves estratégicas del PSOE hay que revisar?

Hay tres tipos de cambios en la recreación del PSOE: recreaciones organizativas, estratégicas y programáticas. En un post anterior expusimos un modelo colaborativo y deliberativo para su organización. En este texto vamos a abordar la recreación estratégica. La estrategia de un partido es lo que mejor refleja cuál va a ser su estilo de gobierno. Sus modos ponen de manifiesto sus principios y capacidades.

El PSOE atraviesa una grave crisis provocada por la partición en dos del electorado de izquierdas y la fracción en tres opciones del electorado centrista. La competencia por el voto se ha intensificado cualitativamente y eso desafía a los partidos para que hagan ofertas políticas mucho más atractivas. Esa crisis puede enfrentarse de modo creativo: además del consabido dolor y confusión, es necesario marcar mucho más las propias opciones. Lo que antes se mantenía ambiguamente ya no puede hacerse: ha de mostrar el valor diferencial de su propuesta. Eso puede llevarle a ser mucho más creativo. Toda crisis es una oportunidad para dar un salto cualitativo. El PS debe decidirse para volver a ser decisivo.

El PSOE es lo que Ramón Jáuregui denomina un “partido país” o un partido con vocación de representar mayorías. No quiere jugar a ser media izquierda del país ni un partido bisagra. Pero para lograrlo va a tener que dar un giro a su estrategia, a su organización y a su programa. Esa idea de ser partido país tiene implicaciones importantes en ese campo estratégico. Hemos identificado 7 claves.

  • Partido integrador
  • Liderar un cambio eficaz de sistema
  • Politología positiva: la fortaleza de los valores positivos
  • La Fábrica de Soluciones: centrados en la resolución de problemas
  • Un proyecto mundial
  • Partido plurinacional
  • Partido precultural que mejore la cultura política

En resumen, estas claves pueden resumirse en dos: cambio cualitativo e integración.

Estos principios combinados marcan una forma de estar en la vida pública diferente e innovadora. La credibilidad del PSOE no se va a recuperar por tacticismos sino solamente si es capaz de hacer un gran avance en su estrategia. Veamos en qué consiste cada una de esas propuestas estratégicas para recrear el PS.

  1. Un partido integrador

Una primera clave es que el PS no busca un gobierno de izquierda para los de izquierdas sino que busca hacer una propuesta de izquierdas para todos los españoles. Crear una mayoría es buscar un proyecto mínimo común para hacer avanzar el todo: integrar para progresar. Eso conduce a que la estrategia no debería ser identitaria sino ofrecerse como quien mejor puede gobernar para todos. Integrar significa no sólo admitir la gran pluralidad que hay en el país sino ser capaz de ser quien mejor la represente. Efectivamente, un partido país es un partido transversal y eso requiere recoger la diversidad, el pluralismo y la laicidad inclusiva o positiva. Sin embargo el PS aún arrastra algunas creencias que le alejan de ser el partido que asume más la pluralidad en su interior. La cuestión religiosa es muy reveladora: más del 70% de españoles se declara actualmente católico y el PS milita en un laicismo excesivamente decimonónico. Al respecto, es interesante reflexionar esta idea del papa Francisco: “la realidad es siempre superior a la idea”.

José Blanco –exsecretario de organización del PS– sostenía que el PS es el partido que más se parecía al conjunto de España. ¿Se ha asumido eso como estrategia? Todos los partidos compiten por ofrecer la mayor capacidad de transversalidad. Podemos lo ha repetido en su estrategia y también Ciudadanos. El PP también asume la doctrina del centro o la transversalidad. La clave electoral no es la identidad sino la integración. La competencia entre partidos puede conducir a la tentación de una guerra de identidades: qué es más de izquierdas o qué es más de centro. La pregunta no es quién es más sino quién integra a más.

  1. Liderar un cambio viable y eficaz de sistema

Una segunda cuestión de la estrategia es la percepción de que el PSOE sea un partido incapaz de impulsar los cambios cualitativos que necesita el país. La gente ha perdido la paciencia frente a reformas que no cambian sustantivamente las cosas. El PSOE parece empantanarse en el tiempo muerto de la política. Hay algunos cambios pero no sistémicos. Éste es el principal mensaje del electorado que ha buscado a los nuevos partidos: que lideren cambios significativos. En los más hondos anhelos del PS está crear una alternativa real al sistema capitalista actual, superar la exclusión social, democratizar todas las instituciones o eliminar la violencia. Pero la gente percibe que el PS no es un instrumento capaz de hacer girar la sociedad con la radicalidad y eficacia que se necesita. Los tiempos del PS se pierden en una infinita evolución que acaba fortaleciendo algunos de los peores poderes del capitalismo. ¿Es posible convertirse en una auténtica fuerza transformadora? Debe hacerlo garantizando la integración, sin dividir sino uniendo al país alrededor de un gran proyecto de cambio cualitativo. La estrategia del PSOE debe mostrar otra idea del tiempo (que no sea sólo un discurso sino viable y beneficiosa para la inmensa mayoría). El PS debería liderar políticamente la gran transformación de sistema. Hay formas viables y eficaces para variar cualiattivamente el sistema en el tiempo de una generación.

  1. Politología positiva

La tercera clave es la politología positiva, que reconoce el valor público de la gratitud, el perdón, la amistad, la fraternidad, la bondad, la donación, lo inspirador, la servicialidad, la abnegación o la belleza. Todos son valores positivos que elevan a un país para que dé lo mejor de sí mismo. La doctrina socialista parte del reconocimiento de problemas sociales y diagnostica que hay un conflicto de intereses. Bien, aunque hay algo crucial: el conflicto es el diagnóstico pero no la solución. Y ni siquiera todo puede ser reducido a conflictivismo, patologizar el país y apelar al odio, división y enfrentamiento. Aún más destructivo es querer dar miedo o partido de odios. Por el contrario, un partido de integración trata de movilizar las capacidades y motivaciones más positivas y fuertes de las personas y los colectivos. Las fuertes divisiones y tensiones que sufre nuestro país sólo pueden ser superadas por la reconciliación y la unión en un proyecto integrador. El PS no puede ser un partido enfadado sino un partido positivo que den ganas de votar porque saca lo mejor de cada uno. Lo positivo es más profundo que lo negativo y moviliza más a más gente.

  1. La Fábrica de las Soluciones

En cuarto lugar hay que superar el empacho ideológico y centrar la estrategia del partido en la resolución de problemas. Estratégicamente hay que presentarse como la Fábrica de Soluciones, la Casa de las Ideas. Sin duda parte de las soluciones es la implementación de valores y el cambio de mentalidades, pero hay una saturación de discursos. La gente no quiere la ideología de las etiquetas sino hacer de las mejores soluciones la ideología.

Faltan más propuestas prácticas, métodos innovadores, el valor de los expertos y mucha mayor meritocracia. Eso queda reflejado en cuáles son los méritos profesionales y técnicos de los líderes del partido en los distintos campos. ¿La gente reconoce que son personas que saben? ¿Hay un respeto a los políticos basado en su cualificación, experiencia, prudencia y discernimiento? ¿O tan sólo les sostiene el poder? Estratégicamente hay que presentar líderes e ideas operativos, creativos e innovadores; aparecer como una fábrica emprendedora, eficaz y sofisticada. Eso significa hacer de cada diputado y concejal un emprendedor, que estudien los temas a fondo, una cultura parlamentaria mucho más activa y trabajadora. Conspirar no es trabajar.

  1. Un proyecto mundial

En la tradición del PS está el internacionalismo. Es decir que a través del PS se pertenece a un movimiento político global para el gobierno del mundo. Sin embargo esa dimensión internacional ha rebajado su perfil hasta reducirse no sólo a lo nacional sino a lo autonómico. La Internacional Socialista es desconocida por la gente, aparece como algo meramente burocrático o queda limitada a fotografías con líderes de otros países en periodo electoral. La estrategia del PS debería ofrecer un cosmopolitismo renovado, crear alianzas con nuevos actores globales en los nuevos escenarios y ser capaz de articular respuestas mundialistas. Para eso hay que levar parte del foco político nacional a los escenarios globales. Además, todos necesitamos un europeísmo muchísimo más intenso. El PS debería buscar ser el que mejor encauza un proyecto mundial y el europeísmo.

  1. Un partido pluricultural

El sentimiento nacional está conformado en España de un modo singular y así reconoce la Constitución del 78 el carácter de nacionalidad a varias comunidades autónomas. En España se puede tener la doble nacionalidad y también se tienen dobles nacionalidades concéntricas: los sentimientos nacionales se abrazan unos a otros. El PSOE parece ser un partido que vive España como nación y potencia las demás culturas nacionales de España. Mayoritariamente como país representaría una celebración de la vinculación y el desarrollo del proyecto común. Cultiva la idea de ciudadanos libres e iguales en todo el territorio, el intercambio dinámico entre todas las culturas y la capacidad para dotarse de un proyecto de país. A la vez fomentaría que las culturas españolas sean de todos y para todos. Eso va en una dirección innovadora: no se trata de españolizar la cultura gallega sino de galleguizar la cultura española. La cultura española tiene una dinámica muy singular: es el resultado de la interacción entre sus muy diversos territorios, con culturas tan marcadas que llegan a crear sentimientos de nacionalidad. Hay que catalanizar España para que España sea España y por lo mismo hay que galleguizar España, euskaldizar España, andaluzar España, extremadurar España, etc. Hay elementos comunes que hay que fomentar por sí mismos pero España es esa dinámica de co-creación cultural. En ese sentido, la defensa y fomento del gallego, el euskera o el catalán como lenguas y culturas en el mundo no es sólo objetivo de los gobiernos autónomos sino que deben ser un objetivo de todo el país. La principal solución al problema territorial español es cultural y sólo desde ahí se va a poder lograr la reconexión y restaurar la confianza: con reconocimiento, implicación y amor cívico. El plurilingüismo y la diversidad intracultural no son problemas sino una virtud de España, muy en sintonía con un mundo que ha puesto las competencias de la diversidad en el centro del progreso.

La estrategia de la España Federal y el Partido Federal conduce a lógicas de negociación y exclusividades. En cambio, la estrategia de la España Pluricultural conduce a lógicas de reconocimiento y convivencia.

  1. Un partido precultural

Algunos de los más problemas más estructurales de nuestra democracia tienen su causa en una cultura pública con graves déficits. Por ejemplo, un bajo asociacionismo, tasas pobres de lectura de prensa, poca actividad cultural, desinterés respecto a lo internacional, particularismos, tolerancia con la corrupción, descuido de los bienes públicos, asistencialismo, tendencia al divisionismo y a razonamientos públicos demagógicos, etc. Nuestra cultura pública también tiene elementos muy positivos como el pacifismo que ha mostrado el pueblo español tras décadas de terrorismo, la solidaridad, el valor de la familia, etc. En otro post hemos subrayado una selección de los motores positivos de nuestro país que inspiran dentro y fuera de nuestras fronteras.

Sin duda la estrategia tiene que gestionar los posicionamientos ante la vida parlamentaria, los distintos sucesos del país y la acción del Gobierno. Pero la estrategia del PS se enriquecería si pusiera mucho más su foco sobre la mejora de la cultura política o la prepolítica. Son causas de fondo en las que un movimiento político se legitima y cultiva una credibilidad de onda larga.

Para que haya una estrategia precultural es necesario devolver la nobleza a la política y que quienes ejercen liderazgos sean personas profundas, pacíficas, respetuosas, dialogantes, compasivas y comprometidas con el bien común y que lleven una vida suficientemente sencilla para ser libres.