Reconversión del Tercer Sector Social

Nuestro país ha sufrido en su sector social una catástrofe y se encuentra ante un problema aún mayor que cuando comenzó la crisis. La generación que sufrimos la experiencia de la crisis de 1973, sabemos bien que muchos sectores tuvieron que transformarse para poder afrontar los nuevos retos de la nueva economía informacional que estaba comenzando. El sector social y las políticas sociales se hallan ante la necesidad de lo que entonces se denominó “reconversión”.

¿Qué exige una reconversión? Cambiar la base tecnológica, formar a las personas para que puedan aplicar esa nueva tecnología y transformar las organizaciones mediante fusiones o especializaciones. ¿Ha habido en estos años un cambio en la base tecnológica o metodológica de las políticas sociales en las ONG o en la Administración? ¿Se ha formado de forma distinta a los trabajadores, activistas o voluntarios? ¿Ha habido fusiones o las organizaciones sociales se han especializado más?

Aunque hay excepciones, ninguno de esos tres procesos está presente hoy en el conjunto de las políticas sociales en nuestro país. Esto afecta especialmente cuando se contempla las capacidades de innovación e incidencia pública del Tercer Sector Social.

Una política social lejos de la innovación

Nuestro país sigue siendo una Sociedad Invertebrada. Tenemos una gran energía familiar y comunitaria en la base de nuestra pirámide, pero faltan cuerpos intermedios. Ese es uno de los grandes problemas que arrastran las políticas sociales y que impiden la innovación social.

Nuestro mundo está inmerso en una gran modernización digital global que necesita una acción individual y colectiva emprendedora, creativa y capaz de crear valor. Eso ha puesto la innovación en el centro de nuestra época moderna. Si es cierto esto en los proyectos empresariales, en los medios de comunicación o en las carreras profesionales, lo es, con mayor motivo, en las políticas sociales, pues se enfrentan a problemas más desafiantes y que comprometen aspectos esenciales de nuestra sociedad.

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En el caso de nuestro país, no solamente necesita transformar su cultura pública y su capital educativo en la dirección de la innovación, sino que está sumida en una crisis socioeconómica estructural  de la que solamente salimos si damos un salto cualitativo en las formas de afrontarla.

Las políticas sociales en nuestro país continúan ancladas en el modelo del Estado de bienestar y es necesario otro modelo que (1) se base en el refuerzo del proyecto vital y capacidades del individuo; (2) movilice e implique más a las familias, comunidades y ONG ciudadanas, así como empresas para fomentar la eficacia y la sostenibilidad financiera (por ejemplo, la atención hospitalaria mejoraría si hubiera mejores protocolos de atención y participación de las familias,  siguiendo el Family-Centered Approach); (3) opere según una racionalidad centrada en la solución integral de problemas y basada en evidencias.

Pero tenemos la percepción de que no existen organizaciones sociales, empresariales, profesionales, universitarias ni de la Administración Pública (ni políticas) que estén dinamizando un movimiento masivo de innovación social.

Un Tercer Sector herido

Las investigaciones disponibles sostienen que la larga crisis económica del 2008 ha hecho desaparecer al 25-30% del sector social. Las razones son diversas. La principal, es la reducción del flujo financiero que desde las Administraciones, las empresas, los ciudadanos donantes y los grupos fundacionales alimentaban la actividad.

Miembros de esos pequeños grupos de fundadores han llegado a  hipotecar sus bienes personales para mantener la institución y han visto cómo estos fueron embargados para responder a las deudas. Para comprender bien el alcance de la crisis, tenemos que ser conscientes de que la estructura de la sociedad civil española es minifundista: decenas de miles de pequeñas organizaciones sostenidas por pequeños grupos de ciudadanos, con un alcance y recorrido pequeño. En la primera década de este siglo XXI, se estaba creando una nueva ONG cada 9 días.

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Se ha reducido la masa de asociados y donantes, aunque ante el menor gasto público, estos han aumentado en importancia. El Informe 2017 de la Asociación Española de Fundraising sobre la Realidad del socio y donante en España, en 2012 la tasa de baja de asociados alcanzó un máximo del 10% y se mantuvo en el 8,5% en 2013 y 2014. Los años 2015 y 2016 (6,3% y 7%, respectivamente) se acercó a la pauta del 6% de 2011, año de comienzo de estos estudios. Los motivos económicos son la principal razón conocida.

Tiene sentido, pues también si contemplamos la estructura de la sociedad civil española, desde la Fundación FOESSA hemos demostrado que entre 2008 y 2015, la tasa asociativa bajó del 29% al 19% de la población. Esta debilidad de la sociedad civil es causa de la mayor parte de males que padece el sector social. Por ejemplo, aumenta la dependencia gubernamental, eso incrementa el clientelismo y pervierte la sana competencia entre organizaciones basada en méritos.

Por otro lado, la Responsabilidad Social Corporativa o Empresarial –la RSC o RSE- ha cumplido ya un ciclo y es necesario fomentar una segunda reflexión general sobre el modelo que más interesa al conjunto del país.

Necesitaríamos una reconversión de la sociedad civil de nuestro país. Es una cuestión complicada pues esencialmente es un espacio que debe ser autónomo del poder político. Pero también es cierto que es tan grande la influencia del Estado, que cualquier decisión que este tome –como el nuevo formato de distribución de la asignación de la famosa “cruz solidaria” del IRPF- afecta estructuralmente al Tercer Sector.

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En buena parte, conseguir una política social más innovadora requiere reformar los actores y uno de los principales actores es la sociedad civil. El principal problema de la sociedad civil española es la baja participación activa, pocos donantes que soporten las organizaciones y la extrema fragmentación. Se necesita tomar medidas concretas que sean capaces de superar ese mal que ya Ortega y Gasset conjuró, la Sociedad Invertebrada.

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