Recomendaciones en internet: ¿honestidad o interés?

La mano invisible de las opiniones que leemos en internet

Posiblemente sea usted de los que, como yo, consulta opiniones en internet antes de reservar un hotel o restaurante. Si es así, sepa que esta práctica la compartimos con el 85% de los consumidores que reservan por internet. Pero, ¿se han preguntado todos esos usuarios si los comentarios son sinceros? ¿Se vuelcan opiniones y recomendaciones generadas con criterio o basadas en intereses personales o de negocio?

Que alguien nos haga sugerencias para ir a un sitio a cenar o para visitar una ciudad, no es nuevo. Una vez más, la tecnología no es que traiga una innovación absoluta a nuestras vidas, sino que aumenta el impacto de una forma de actuar, multiplicando su alcance. Eso es lo novedoso, que llega a más gente.

Hace 25 años en una escuela de negocios te decían que una opinión negativa llegaba a siete personas. Hoy este dato nos resulta ridículo. Gracias a internet, una mala experiencia pueda ser compartida con millones de personas en segundos. Esta democratización de las prescripciones y quejas puede parecer a simple vista positiva.

Qué bueno es conocer la impresión que pueden tener muchas de personas por un producto o servicio antes de tener que decidir si lo adquirimos. Si la muestra es representativa, los resultados pueden parecer fiables hasta el punto de influir en nuestra decisión. Claro, “si la muestra es representativa”. Si opinaron seis personas, yo, personalmente, siempre desconfío de que hayan escrito la tía, el sobrino, los padres y hermanos del fundador, como muestra de su amor incondicional. Pero esta potencial distorsión la doy por absorbida cuando el número de opiniones supera un número que me pueda parecer razonable –variable según lo que consulte.

Sin embargo, no siempre estos resultados, por numerosos que sean, deben ser fiables. Cuando uno sabe que existen empresas que cobran por automatizar opiniones, el encanto de la pócima se desvanece. Comprendemos entonces que es difícil hablar de “confianza” en un entorno digital. ¿Cómo fiarse de nadie sin conocer sus intenciones?

Igualmente sorprendente conocer los argumentos que presentan en sus páginas oficiales estas empresas para justificar tan cuestionable negocio. Buscan “compensar la extorsión y la difamación” a la que se ven sometidos determinados negocios por parte de usuarios aprovechados. ¿Qué usuarios?, se preguntará usted.

Pues bien, parece que hay individuos que se presentan en los establecimientos exigiendo un descuento o trato favorable, a cambio de no verter opiniones negativas en portales de esos que, como decíamos, consultamos la mayoría de los mortales. Pero no se vaya a pensar usted que son delincuentes de guante blanco. ¡Qué va! Son individuos como usted o como yo. Bueno, con más jeta, sin duda. Vividores que pretenden sacar tajada a costa del trabajo de otros, amenazando al personal.

Frente a las difamaciones que estos personajes pueden diseminar, encontramos también gerentes de establecimientos que extorsionan a sus clientes. Les ofrecen un mejor precio o algún detalle si realizan un comentario positivo sobre su estancia o visita.

En conclusión: el sistema de recomendaciones en internet está completamente viciado. No es transparente y oculta intenciones a menudo perversas difícilmente solventables sin un mayor compromiso ético de los implicados. Si eso no sucede, ¿estaremos ante el inicio del fin de las recomendaciones en internet? Nada nos hace pensar que así sea, por más que pudiera ser lo más conveniente para todos.

 

 

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