Recetas para cambiar el capitalismo desde dentro

Son muchas las conversaciones en las que me rebozan por la boca que no sea iluso en querer cambiar el sistema económico social porque el capitalismo actual es invencible.  Pero hace poco que una lectura[1] me ha abierto grietas luminosas a este muro considerado imposible de franquear. Describo este hallazgo.

Yo me apunto a la hipótesis de que al capitalismo no se puede derrotar por la revolución al estilo del siglo XVIII o XIX donde las utopías podían legitimar democrática o dictatorialmente la conquista del poder. Hoy el poder económico financiero y globalizado tiene amordazado al poder político: las multinacionales y los lobbys resultan más potentes que los Estados. También la masa de la población ha interiorizado los valores del capitalismo y se ha dejado narcotizar por el afán de dinero, un individualismo exacerbado y la exaltación del hiperconsumismo.

Pero dentro de esta masa han surgido movimientos ciudadanos pequeños que realizan su vida personal y comunitaria dando respuesta a las necesidades humanas  desde principios de solidaridad, cooperación y colaboración en diversos ámbitos de la vida, sin tomar el poder: por ejemplo cooperativas de energía renovable, grupos de consumo, huertas comunitarias, centros sociales autogestionados democráticamente.

John Holloway llama a estos movimientos “grietas sociales”[2] que muestran que el cambio es posible, pero este modelo de transformación sólo consigue éxito total cuando confluyan muchos movimientos del estilo anteriormente descrito. Un muro no cae si no hay varias grietas que convergen estructuralmente. ¿Tendremos paciencia de construir esas grietas? ¿Nos comprometeremos a mantener las ya existentes y agrandarlas? Describo algunas:

 GRIETAS A NIVEL PERSONAL:

  • Avanzar en un consumo más responsable. Puesto que la cultura neoliberal nos quiere convertir en meros consumidores, aprovechemos para luchar penalizando a aquellas empresas que trabajan con métodos injustos bajo la capa de legales. Apoyemos con nuestras compras a empresas que producen con criterios de consumo responsable. Así ejerceremos nuestra solidaridad con los excluidos por la “mano invisible del mercado”.
  • Buscar informarse críticamente por algo más que el telediario de cualquier cadena, que están dominadas por “grupos de comunicación en España: una propiedad tan concentrada como el negocio”. Los telediarios nos presentan las noticias de una manera aparentemente neutral y fragmentada sin decir las conexiones que tienen entre ellas (por ejemplo: Las guerras de Oriente Medio y los 5.000 muertos al año en el Mediterráneo). Tampoco abundan las noticias sobre “la industria bélica, un negocio seguro”, la tercera de las industrias que  más dinero mueven en  el mundo según todas las encuestas.

 GRIETAS A NIVEL COMUNITARIO:

  • Apoyar iniciativas colectivas basadas en la cooperación. Me refiero a la reacción de la sociedad civil en Asociaciones de Vecinos, asociaciones culturales, deportivas y de algunas parroquias. Por ejemplo: el club de fútbol “Los Dragones”, en el barrio de Leganés que alberga en su equipo a jóvenes de más de 21 nacionalidades; la fiesta de Arroces del mundo del barrio de San Francisco (Bilbao); el Maratón de cuentos de Guadalajara por su carácter inclusivo; el Hospital de Campaña de la parroquia de Santa Ana (Barcelona), pensado en acoger a los sin techo y ha acabado en lugar de refugio permanente.

¿Cuál es la potencia de estas “grietas” en el modelo transformación social? Estos espacios favorecen la asociación en torno a valores cooperativos con personas excluidas y no para mero beneficio personal. Esto tiene la importancia de ofrecerte la experiencia de conseguir los anhelos comunitarios inspirados en la “economía cooperativa”, que el sistema económico no te ofrece, cuando no te lo impide.

Eduardo Galeano ya decía: “Mucha gente pequeña en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas pueden cambiar el mundo” “Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá. Pero quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable”.

[1] “Cómo pensar el cambio hoy? Cuadernos CyJ. Nº 203. Jesús Sanz

[2] “Agrietar el capitalismo: el hacer contra el trabajo” (en pdf) John Holloway, 2011. Argentina

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