Ramas y redes

Ramas y redes

Joseph Anwar prosigue su lucha para salvar de la muerte a su hermana y a su cuñado. Ambos fueron condenados a muerte en Pakistán, acusados de un delito de blasfemia. Un delito que no cometieron. Un delito que no debiera ser tal, y menos todavía, castigado con la muerte. Su pecado, el de la familia Anwar, ser cristianos en un país en el que la sociedad es mayoritariamente musulmana. Joseph buscó refugio en Valencia. Desde un primer momento, supo contactar con la sociedad: la opinión pública, ONG pro-migrantes y pro-refugiados, el arzobispo de Valencia, y con los mismos organismos públicos. Supo injertarse y tejer redes. Y le fue concedido el asilo político en un plazo breve: seis meses. No se conforma con la seguridad personal. Sigue luchando por proteger a los miembros de su familia en Pakistán: los que están en casa, y los encarcelados. Sigue pidiendo comprensión y ayuda para hacer frente a una sociedad sedienta de sangre. Y para eso no le basta la sociedad valenciana, ni la española. Va armando la estrategia con tesón y humildad.

Ayer, el Centro Cultural Islámico en Valencia, también salió a la calle para defenderse del hostigamiento de personas y grupos islamófobos. Otro ejemplo de un grupo bien injertado en el barrio, que ha sabido tejer redes de relaciones en el vecindario, en la sociedad civil, en los grupos políticos, en los poderes públicos. Como Joseph lucha por la libertad de conciencia, por la libertad religiosa en Pakistán, el CCIV trabaja porque el derecho a la libertad religiosa del que goza en España sea reconocido por todos. Y eso pasa, como Joseph, por una buena estrategia de comunicación, por suscitar simpatía y reconocimiento, por lograr lo que ya es una realidad: que el vecindario lo reconozca como “uno de los suyos” frente a quien hostiga.

Es preciso poner en comunicación ambas causas, que son una: la de tejer una red social y comunitaria sólida, en la que la libertad sea un espacio de reconocimiento y diversidad dentro de un mismo cuerpo. Me gustaría no seguir ambas causas en paralelo, sino entrecruzadas. Puede ser fácil en Valencia. ¿Lo será en clave internacional? Prácticas como las de Joseph y el CCIV son granos de arena, fermento… insuficientes pero imprescindibles.

Y, junto estas causas trágicas, un apunte sobre el compromiso ciudadano de las comunidades judías (las de España, como las de todo el mundo), estos días. Celebran Tu Bishvat: la fiesta menor del calendario judío en la que plantan árboles. Es frecuente que las comunidades judías concierten con tal o cual Ayuntamiento dónde plantar árboles, cuántos, de qué especie… Otro compromiso ciudadano de presente y de futuro, frente a una amenaza que se cierne sobre todos: un mundo inerte.

Vale la pena prestar atención a estas causas, acompañarlas, participar de ellas, y pasarlas por la contemplación.

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