Ramadán: un mes de ayuno y solidaridad

Por Abdelaziz Hammaoui. Presidente del Centro Cultural Islámico de Valencia

Mañana jueves día 18 empieza Ramadán, el noveno mes del calendario islámico que se caracteriza por ser la época del año en la que los musulmanes cumplen con el ayuno, el cuarto pilar del Islam.

El ayuno islámico consiste en renunciar a una serie de placeres desde el alba hasta la puesta del sol. La comida, la bebida y el placer sexual se convierten en cosas ilícitas durante ese periodo del día para las personas que no presentan ningún impedimento para ayunar. Los niños, los ancianos, los enfermos, los viajeros y las mujeres embarazadas no deben cumplir con el ayuno, aunque quieran hacerlo, según las enseñanzas islámicas.

No se trata de una práctica de penitencia o autocastigo, pues dejar de comer y beber no son el objetivo en sí, tal y como dijo el profeta Muhammad en un tono de crítica y reproche: “Cuántos de los que ayunan lo único que cosechan de su ayuno es sed y hambre”, lo cual significa que esa no es la finalidad, sino otra distinta.

Los objetivos y beneficios del ayuno de Ramadán son muchos y se pueden resumir en los siguientes cuatro bloques:

[1] Beneficios espirituales: Ramadán es un mes de retiro espiritual por excelencia. La recitación del Corán, la meditación, la reflexión, el recuerdo a Dios, la oración de día y de noche, son alimentos que abundan en este mes, llamado el mes de “la Misericordia, el Perdón y la Salvación” en un discurso del profeta Muhammad. Es el mes en el que comenzó Muhammad a recibir la revelación divina del Corán. “Ramadán, el mes en el que fue revelado el Corán, como guía a la humanidad, y una fuente de aclaración y discernimiento. Quien de vosotros alcance este mes que lo ayune” (Corán, 2/185). Es por ello que, en este mes, se recita, se memoriza y se estudia el noble Corán más que en cualquier época del año. El protagonista durante Ramadán es el espíritu y no el cuerpo; lo espiritual destaca claramente sobre lo material, con el fin de recuperar el equilibrio que se suele perder con facilidad durante el resto del año. El ayuno, y el resto de alimentos espirituales de Ramadán, nutren el espíritu, lo curan de sus enfermedades, le dan fuerza y vitalidad.

[2] Beneficios físicos: En el Islam no se infravalora ni el cuerpo ni el espíritu, ambos son importantes y deben cuidarse por orden divina. El ayuno islámico no pretende castigar el cuerpo o debilitarlo, sino sanarlo y cuidarlo. Dice Muhammad: “Ayunad, y gozaréis de buena salud”. Son sobradamente conocidos los beneficios que tiene el ayuno sobre la salud, como la depuración y la regeneración del cuerpo.

[3] Beneficios emocionales: No se trata de dejar de comer y beber, esa es la parte más fácil de Ramadán. Ayunar en las enseñanzas islámicas significa también controlar la ira y el enfado, cuidar la lengua, los oídos y los ojos, y usar todos los sentidos de la forma que agrada a Dios. Ese es el significado del Taqwa que se establece en el Corán como fin principal del ayuno: “Oh creyentes! Se os ha prescrito el ayuno como se les fue prescrito a los que os precedieron, para que tengáis Taqwa” (Corán, 2/183). Dijo Muhammad enseñando los modales del ayuno a sus seguidores: “Cuando uno de vosotros está en ayuno, no debe insultar ni enfadarse, y si alguien le provoca que su respuesta sea: estoy en ayuno”.

[4] Beneficios sociales: Sentir cercanía de los necesitados y solidarizarse con ellos, se realiza mediante un ejercicio de empatía durante Ramadán y no simplemente con donaciones y limosnas, que también son muy recomendadas y tienen más mérito en este mes. La gente comparte lo que tiene, sea mucho o poco, e invita a los pobres a sus casas, las mezquitas se convierten en comedores sociales, los ricos se convierten en pobres de día y los pobres se convierten en ricos de noche, los niños reciben regalos y las visitas familiares aumentan, este es el ambiente del bendito mes de Ramadán.

 “No sólo de pan vive el hombre” es una expresión de Jesús, un amado y distinguido profeta para los musulmanes, recogida en la Biblia y es una de las conclusiones principales de Ramadán. Uno se da cuenta, después de un mes encerrado en un gran gimnasio espiritual, que es más creyente, más sano, más vivo, más fuerte y más solidario, o lo que es lo mismo, uno se siente después de Ramadán que es MÁS HUMANO.

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