Quo vadis Europa?

Solo, completamente solo, a altas horas de la madrugada sentado en su sofá, mirando su cadena de televisión favorita, atiborrándose de comida basura, bebiendo compulsivamente su refresco de cola mientras, teléfono en mano, tuitea contra todo y contra todos los que piensan distinto, El señor de los cañones, humillador de mujeres, azote de inmigrantes se dedica a levantar muros, romper acuerdos, provocar incidentes, generar desasosiego, Cuba, Irán, Israel, México, UNESCO, Cambio Climático, Corea, China, sanidad universal, tolerancia cero a los indocumentados, son ya los principales logros de este personaje que tan sólo lleva en el poder un año y cuatro meses.

En otra latitud, otro personaje de larga trayectoria fuertemente nacionalista y con fama de implacable marca, con precisión milimétrica su próximo espacio de influencia en el tablero internacional, mientras sus oponentes, sus adversarios políticos son acallados, silenciados o misteriosamente eliminados. Sus logros no son menos importantes: Siria, Crimea…

En medio los magnates de las empresas armamentísticas, líderes autoritarios y no pocos lobbies se frotan los ojos y aprovechan el momento para reforzarse y perpetuar su influencia mientras los oprimidos, violentados en sus derechos, lamentan su desdicha y hacen votos porque este tiempo de penumbra pase pronto.

La Unión Europea, lamiéndose todavía las heridas del Brexit, preocupada por el rumbo del nuevo gobierno italiano con algunos de sus principales líderes en entredicho y las costuras abiertas por el peso de populismos y nacionalismos en alza, busca la mejor manera de nadar y guardar la ropa en su relación con el presidente de la primera potencia mundial y con el líder de la segunda potencia nuclear. Dos líderes que desprecian y ningunean a Europa en privado y en público pese a los encomiables esfuerzos de personas como Federica Mogherini por presentar de forma creíble una Europa estable y comprometida en la Comunidad Internacional.

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Es ya un lugar común en foros hablar de la importancia de la Unión Europea. Sin embargo en el contexto actual es más necesaria que nunca. Es necesaria como actor que pueda contrapesar la peligrosa deriva provocadora y belicista de la administración Trump. Es necesaria como referente de democracia y derechos humanos en los países candidatos de la Europa del Este donde llega la siniestra influencia del “zar” ruso. Es imprescindible en un Oriente Medio arruinado por la guerra y un Magreb que no despierta de su pesadilla. Es esencial en un Africa Subsahariana que sigue esquilmada en sus recursos por las multinacionales apoyadas por gobiernos títeres y exportando desplazados como si fueran mercancía que se puede desechar, distribuir o recolocar. Es clave en una América Latina sobre la que se cierne la sombra de otra “década perdida” del endeudamiento y dependencia del FMI como sucedió en los ochenta del pasado siglo.

El problema es que tampoco esta Europa es hoy por hoy reconocida como referente en materia de derechos humanos ni como ejemplo a seguir en el modo de entender la democracia. El problema es que la Unión Europea destaca por su prudencia y cobardía a la hora de pronunciarse ante los exabruptos de los líderes de sus estados miembros más abiertamente xenófobos. El problema es que la Unión no puede dar lecciones a nadie sobre el trato a los inmigrantes y refugiados porque es cruel y desalmada con ellos. El problema es que la Unión Europea sigue en la ceguera tan voluntarista como imposible de querer compatibilizar la economía de mercado capitalista más feroz con una pretendida defensa de las políticas sociales. Una dicotomía en la que lleva ya demasiados años y de la que no acaba de querer salir.

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Los representantes de las instituciones comunitarias y los líderes de los estados miembros sólo necesitan releer los libros de historia para recordar el poco recorrido que las políticas de apaciguamiento y de “laissez faire” han tenido cuando se han aplicado con líderes mundiales ávidos de poder a los que no les importa provocar conflictos para lograr sus intereses. En estos casos es más que deseable una postura fuerte y decidida que denuncie y reaccione ante los excesos. Pero esa postura sólo la puede tener la Unión Europea si empieza de una vez a ser coherente consigo misma.

2 Comentarios

  1. Gracias por tu comentario
    Absolutamente de acuerdo. Es importante utilizar los instrumentos que se ponen a nuestro alcance para posicionarnos y en este senitido las consultas públicas son un instrumento que no hay que despreciar

  2. Totalmente de acuerdo en que hace falta una referencia clara, que sea capaz de defender los valores que profesamos como sociedad. Que cuestione la economía financiera en vigor y no se dedique a servirla y seguir sus intereses. Que se preocupe, de verdad, por los ciudadanos de a pie. Tenemos una herramienta importante en este momento, la consulta pública sobre el futuro de Europa. Usémosla. https://ec.europa.eu/commission/consultation-future-europe

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